lunes, 30 de septiembre de 2013

Lysa TerKeurst


“Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” Juan 8:32 (NVI)
         
Lectura:

Mis caricias siempre han brindado consuelo a mi hija más pequeña, Brooke.

Recuerdo cuando ella era bebé y yo tenía que salir a hacer compras y ocuparme de otros asuntos… sabía que debíamos haber regresado a casa una hora antes para que ella tomara su siesta. Pero como también sabía que tenía que hacer esas cosas de todos modos, yo proseguía y esperaba que todo saliera lo mejor posible. Entonces ella empezaba a ponerse inquieta, y pronto los quejidos y lloriqueos escalaban hasta volverse un colapso total.

Aunque no podía hacer mucho para consolarla mientras manejaba, podía alargar mi brazo hacia el asiento trasero y tocaba su pierna suavemente. Demoraba unos minutos, pero al final ella se calmaba y estiraba su pequeña mano para tomar la mía.

Unos cuantos años después Brooke tuvo una presentación con el equipo de danza de alabanza de su escuela. A ella le encantaba estar en el escenario, así que esperaba verla toda sonriente y risueña. Pero justo unos minutos antes de que la presentación empezara, una Brooke consternada fue a buscarme entre el público.

Entre lágrimas que corrían por sus mejillas me explicó que la maestra la había movido de la fila delantera a la fila trasera y que ella no se sabía la parte de esa fila.  Yo la tranquilicé: “Cariño, solo ve al escenario y observa a las otras niñas para que te tengas una idea y puedas seguir los pasos. Tú sabes este baile. Te irá bien.”

Pero ella sollozaba: “No me irá bien si me equivoco y lo arruino, y sé que lo voy a arruinar todo.”

Ahí fue cuando se me ocurrió. Ella necesitaba mis caricias para superar esto. Pero ambas sabíamos que era imposible que mi brazo la alcanzara hasta el escenario. Así que rápidamente susurré: “Brooke, fija tus ojos con los míos, y te acariciaré con mi sonrisa. No mires a nadie más. No importa si lo arruinas. Lo importante es que fijes tus ojos en mí todo el tiempo. Vamos a hacer esto juntas.”

En voz baja preguntó: “¿Todo el tiempo, mami?”

“Todo el tiempo, Brooke”, le contesté mientras veía a mi valiente hija caminar de regreso a su lugar.

Varias veces durante el baile, Brooke perdió el ritmo. Ella sabía que sus pasos no eran perfectos, así que sus ojos se llenaron de lágrimas. Sin embargo, las lágrimas nunca cayeron. Con sus ojos perfectamente fijos en mi cara sonriente, ella danzó.

Mi sonrisa no estaba basada en su actuación. Mi sonrisa nació gracias a un increíble amor por esta preciosa niña valiente. Al mantener su atención enfocada solo en mi sonrisa y en la caricia de mi mirada, fue como si el mundo se desvaneciera lentamente y fuésemos las únicas personas en el salón.

Esta es la manera en la que Dios quiere que yo baile en la vida.

Aunque no puedo verlo físicamente, mi alma lo imagina claramente. En los ojos de mi mente él está ahí. La caricia de su mirada me envuelve, me consuela, me tranquiliza, y hace que el mundo luzca extrañamente borroso. Mientras mi mirada está fija en la suya, yo bailo y él sonríe. Las risas  y las burlas de los otros se disipan. Aunque puedo oír sus mordaces intenciones, no son capaces de perforar mi corazón ni de distraer mi atención. Incluso mis propios tropiezos son incapaces de provocar sentimientos de derrota.

Con frecuencia mis pasos traicionan el deseo de mi corazón, pero no es mi actuación perfecta lo que captura la atención de Dios. Lo que Dios observa es mi completa dependencia de él.

Él susurra a mi corazón: aférrate a mí y a lo que digo sobre ti, pues mis palabras dicen la verdad sobre quién eres y la esencia de la razón por la que fuiste creada. Luego lo imagino haciendo una pausa mientras añade: “Y conocerás la verdad, y la verdad te hará libre.” Juan (8:32).

Su verdad me libera de las cadenas de la duda y la inseguridad. Su verdad me libera de sentirme incapaz e inadecuada para intentar seguir a Dios. Su verdad me cubre mientras titubeante susurro: “Quiero ser una mujer que le dice ‘sí’ a Dios.”

Amado Señor, quiero mantener mis ojos en ti mientras bailo entre los altibajos de mi vida. Dirige mis pasos hoy. En el nombre de Jesús, amén.

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Fui hecha para desear, libro escrito por Lysa TerKeurst

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Reflexionar y responder:
Dedica algo de tiempo para reflexionar en los versículos donde Dios dice quién eres tú para él, tales como Efesios 1:3-8, 2 Corintios 1:21-22, y Juan 1:12.

Versículos poderosos:
Salmo 121:1-2, “A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra.” (NVI)


© 2013  de Lysa TerKeurst. Todos los derechos están reservados.


sábado, 28 de septiembre de 2013

Micca Campbell


"De pronto se desató una tormenta. El viento soplaba tan fuerte que las olas se metían en la barca, y esta empezó a llenarse de agua.  Jesús se levantó y ordenó al viento y al mar que se calmaran. Enseguida el viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo." Marcos 4:37, 39, (BLS)

Lectura:
Cuando pasas por medio de una tormenta: problemas financieros, de salud, o en tus relaciones,  ¿te parece como si Cristo estuviera lejos, inconsciente de tu situación?

Los discípulos eran navegantes expertos, pero ellos se encontraron en una situación desesperante que solo Jesús podría superar.  Las olas ahogaban la barca, llenándola de agua.  ¿Y dónde se encontraba Jesús?  Dormido, inconsciente de la tormenta… o por lo menos, así parecía.

Cuando sus esfuerzos por salvarse fallaron, los discípulos ansiosamente clamaron a Jesús por ayuda.  El se levantó, reprendió al viento y ordenó a la tormenta que se calmara.  Después les preguntó, “¿Por qué estaban tan asustados? ¿Todavía no confían en mí?” (Marcos 4:40)

Buena pregunta.

¿Qué sale a flote cuando pasas por una tormenta?  Si Jesús ha prometido nunca dejarnos, entonces no tenemos nada que temer, ¿no es así?  Recuerda: Jesús siempre está en la barca.  Pero para poder sobrevivir la tormenta, debemos mantener nuestros ojos en él y no en las circunstancias.

Debemos confiar en que:

1) Aunque Jesús estaba dormido, él conocía la situación.  La tormenta no lo despertó, sino el clamor de sus discípulos.  Jesús estaba en control.  Recuerda lo que dijo Jesús: “Dos pajarillos no valen sino una monedita. Sin embargo, ninguno de los dos muere sin que Dios, el Padre de ustedes, lo permita.” (Mateo 10:29)

2) Jesús responderá a tu clamor.  Aunque a veces parezca como si estuviera dormido, Jesús está permitiendo que alcancemos un punto de desesperación que nos obliga a rendirnos a él.  Como pasó con los discípulos.  Aunque ellos sabían cómo manejar la tormenta, llegó un momento en que sólo Jesús podía ayudarlos.

3) Con Jesús tú puedes sobrevivir la tormenta.  Todos enfrentaremos problemas, pero solo los hijos de Dios tienen la promesa de su presencia en medio de la tormenta.  Jesús nunca prometió que todo sería fácil, pero sí prometió un viaje seguro.  Dios jamás nos abandonará cuando experimentemos dificultades.

Henry Blackaby, autor de “Mi experiencia con Dios” dijo: “Los efectos de la tormenta no eran la verdad en la situación de los discípulos.  La verdad estaba dormida en el barco.” Las circunstancias en la vida no tienen la última palabra.  Jesús la tiene.  Isaías 41:10 dice: " Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.” (NVI)

Cuando las olas te agobien, recuerda que no estás sola.  No hay necesidad de temer.  Confía en que Jesús está en la barca.  Y con él, tú puedes sobrevivir la tormenta.

Amado Señor, Gracias por ser mi provisión en medio de la tormenta.  Necesito saber que estás cerca.  Ayúdame a confiar en ti, aún cuando no puedo distinguir entre la tierra y la lluvia.  Quiero confiar en que tú me guiarás a un lugar seguro.  En el nombre de Jesús, Amén.

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Reflexionar y responder:
Así como las tormentas son parte de la naturaleza, la adversidad es parte de la vida.  Aférrate a Jesús en medio de la tormenta y confía en su cuidado hasta que él traiga la calma.
¿Cuál es tu primera reacción ante un problema: temor o fe?
¿Qué pasos puedes dar para transformar el temor en fe?
¿Necesitas dejar de tratar de arreglar tus problemas y entregárselos a Jesús?
¿Has agradecido al Señor por ser tu provisión y tu ayuda?


Versículos poderosos:                                                                                
Salmos 27:14, "Por eso me armo de valor, y me digo a mí mismo: Pon tu confianza en Dios.  ¡Sí, pon tu confianza en él!" (BLS)

Isaías 43:2, "Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas." (NVI)
Filipenses 4:13, "Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones." (BLS)

Salmos 31:24, "Todos ustedes, los que confían en Dios, ¡anímense y sean valientes!" (BLS)

Filipenses 4:6, "No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos." (BLS)

© 2013  de Micca Campbell. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello, editora
Van Walton, Directora del ministerio para latinas

lunes, 23 de septiembre de 2013

 Suzie Eller


“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” 1 Juan 1:9 (NVI)
          
Lectura:

El taller había terminado. La mayoría de las mamás habían dejado el salón mientras ella jugueteaba inquietamente con su bolsa. Podía ver que quería huir, pero su fuerza de voluntad y un gran deseo de libertad le mantenían los pies afincados al suelo.

Nos sentamos y se desahogó: “Por años me han dicho que cuando me perdone a mí misma seré libre. Pero no puedo hacerlo. Lo he intentado.”

Busqué sus manos y le dije: “He buscado eso en las escrituras. No está ahí.”

Levantó su mirada sorprendida. “¿Qué quieres decir?”

Perdonarnos a nosotras mismas. No está ahí.

Hay una multitud de escrituras que nos enseñan cómo ofrecer perdón a los demás, así como también cómo recibirlo. Pero ninguna nos pide que seamos nosotras quienes quitemos la carga de nuestros propios corazones.

Afortunadamente, 1 Juan 1:9 nos ofrece una promesa. Cuando reconocemos nuestro pecado ante Dios, él es fiel y justo para perdonar todos nuestros pecados. ¿Fiel a nosotras? Sí, a nosotras. Pero también es fiel a quién es él y a su plan para perdonarnos mediante el sacrificio de Jesús en la cruz pagando por nuestros pecados.

Pero esto no termina ahí. Verás, cuando somos perdonadas, nuestro pecado es reestructurado. Sí, aunque no podemos negar que ocurrió, Dios lo quita y lo coloca tan lejos de nosotras como lejos está el oriente del occidente (Salmo  103:12). Somos cubiertas en misericordia, salvadas del castigo que nos merecíamos.

Mi nueva amiga había intentado por años hacer un trabajo que no le correspondía. Al tratar y fallar ella se veía a sí misma como una vergüenza. Esa vergüenza afectaba cada aspecto de su vida: sus relaciones, su rol como mamá, y su fe al intentar agradar a Dios mediante servicios o actos, todo esto mientras se veía a sí misma como “inferior”.

Le pregunté si estaba dispuesta a permitir que Cristo hiciera lo que ella había sido incapaz de hacer por casi una década. En lugar de perdonarse a sí misma, ¿aceptaría el regalo de perdón que Cristo ofrece de tan buena gana?

Más tarde esa semana recibí un correo electrónico de ella. Me compartía que cuando cruzó la puerta esa noche su esposo le dijo “hay algo diferente en ti”.

Han pasado casi tres meses desde que esta joven madre dejó de tratar de perdonarse a sí misma y ha aceptado el generoso regalo de la gracia de Dios. Todavía está sorprendida por esta transformación. Pero aún más, su familia cree que ella encontró un milagro… milagro que había estado a su disposición todo este tiempo.

Quizá tú estés cargando con algo que te avergüenza. Has intentado perdonarte a ti misma pero te das cuenta de que no puedes deshacer el pasado. Has dicho que lo lamentas. Has cambiado. Pero la culpa o la pesada carga permanecen.

Entrégale esa vergüenza a tu salvador hoy, y permítele arrojarla tan lejos como lejos está el oriente del occidente.

Esa no es una carga que tú debas llevar.

Amado Jesús, tú pagaste un precio muy alto por mis pecados, y aún así sigo tratando de cargar con ellos como si fuese algo que yo puedo absolver. He dicho que lo siento. Estoy cambiando. Pero esta carga no es para que yo la lleve. Hoy alegremente recibo tu don de gracia y misericordia y me veo a mí misma como una persona limpia gracias a ti. En el nombre de Jesús, amén.

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Mujeres de la biblia ligeramente malas: un estudio de mujeres en la Biblia que fueron perdonadas   


Reflexionar y responder:
Imagina a un niño cargando una gran roca en su espalda. Hay un letrero a un lado del camino que dice: “Deje todas las rocas aquí”, pero él le pasa por el lado, día tras día, la carga cada vez más pesada. ¿Qué le dirías a ese niño?

Hoy, háblale a tu corazón como una hija de Dios mediante estas escrituras.

•Dios desea llevar mi carga (Salmo 55:22)
•Mi salvador pagó un precio por mis pecados (Colosenses 1:13-14)
•Dios me liberó, para que hoy viva en libertad (Gálatas 5:1)
•Mi Dios me ve con amor, así que me veré de esa forma también (Salmo 103:12)

Versículos poderosos:
Salmo 103:12, “Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente.” (NVI)

Gálatas 5:1, “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.” (NVI)

© 2013  de Suzie Eller. Todos los derechos están reservados.  


Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello  editora
Van Walton, Directora del ministerio para latinas
sábado, 21 de septiembre de 2013

Wendy Pope


"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Filipenses 4:13 (NVI)

Lectura:

Es increíble para mí ver, como desde una edad temprana los niños se convierten en creyentes de Jesús. Algunos se desbordan en confianza, mientras otros necesitan más aliento. Tengo dos chicos que tienen dichas características de creyentes.

Mi hijo nunca reconoce que ha fallado. No permite que su talla ó edad afecten la confianza que tiene en sí mismo. Mi hija, por otro lado, tiene la confianza puesta en su mamá. Ella fácilmente renuncia cuando las cosas no van muy bien. Esto comenzó durante sus días de preescolar. Si el rompecabezas no se resolvía, o si su sacapuntas no servía para el lápiz, la primera palabra que salía de su pequeña boca era: “No puedo hacerlo.”

Sabiendo que yo también había crecido creyendo a esta mentira, decidí cambiar el rumbo y adoptar nuevos pasos para ayudar a mis hijos.

Comencé el nuevo proceso enseñándole a mi hija que pidiera ayuda cuando se sintiera frustrada por no poder hacer algo. Le recomendé que dijera: “Mamá, tengo problemas con esto. ¿Podrías ayudarme?”

Después de muchos meses de entrenamiento, esto resulto natural. Ella podía venir a mí en busca de ayuda, yo la podía ayudar, pero también la dirigí a la palabra de Dios (todos los días repetíamos el versículo clave, para esta lectura).

Después de muchos años enseñándole este principio, finalmente comenzó a creer que ella podía hacer todo en  Cristo.

Cuando el enemigo venga y quiera robarte el potencial que tengas en alguna esfera de tu vida y quiera convencerte de que no puedes hacerlo, no te dejes. Defiende tu propia vida con escrituras de la palabra de Dios y pídele ayuda. Cristo murió por hacernos libres y no volver a la esclavitud de las mentiras del enemigo. Vive libre, disfrútalo y compártelo con quienes aun viven en la esclavitud.

Señor, ayúdame a creer en tu palabra y a vencer mi desconfianza. Sé que mi confianza y fortaleza vienen de ti. Permíteme vivir de acuerdo a tu voluntad para mí. En el nombre de Jesús, amén

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Lo que todo padre debe saber

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Reflexionar y responder:
Haz una lista de todas las cosas que heces muy bien.  Da gracias a Dios por tus habilidades.
Haz una lista de las cosas que no haces muy bien y acude a Dios por su ayuda.
¿Hay alguna esfera de tu vida en la cual estés creyendo las mentiras del enemigo cuando te dice que no sirves, que no puedes y que no tienes ningún valor?
¿Cuál es tu reacción cuando te encuentras afrontando un problema?
¿A quién llamas cuando vienen los problemas?

Versículos poderosos:
2 Corintios 3:4, " Ésta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de   Cristo".  (NVI)
2 Corintios 3:5, "No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios." (NVI)
Efesios 2:10, "Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica." (NVI)

© 2013  de Wendy Pope. Todos los derechos están reservados. 


Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello,  editora
Van Walton Directora del ministerio para latinas


lunes, 16 de septiembre de 2013

Por Glynnis Whitwer


 “Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza de salir con vida: nos sentíamos como sentenciados a muerte. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios, que resucita a los muertos.” 2 Corintios 1:8b, 9b (NVI)

         
Lectura:

Parecía que la presión llegaba de todas direcciones. Era implacable. Las presiones financieras trajeron preocupación. Los problemas con los niños trajeron frustración. Y un horario sobrecargado me mantenía despierta toda la noche. Era tan malo que quería hacer una hoguera con todas mis listas de tareas y quemarlas.

Ya que soy una persona muy independiente por naturaleza, mis instintos me llevaron a trabajar más duro. ¿Cómo puedo hacer más dinero? ¿Qué nueva técnica de crianza haría que este niño se comporte? ¿Si me quedo despierta toda una noche, podría tener mis correos electrónicos en un número manejable?

Aceleré el ritmo. Trabajaba con entusiasmo. Dormía menos. Establecí consecuencias lógicas para mi hijo. Y reescribí mi lista de tareas. Estaba decidida a lograrlo. Después de todo, eso es lo que soy... al menos eso era yo.

En el pasado, mis intentos de llanero solitario funcionaron. Pero no esta vez.

Las deudas se acumulaban. Los problemas de mi hijo aumentaban. Y, por consiguiente, me atrasaba. La presión solo seguía aumentando en lugar de desaparecer.

Nunca antes en mi vida las circunstancias habían estado de manera tan abrumadora fuera de mi control. Estaba rodeada de cosas que no podía mejorar, incluyendo mis propias emociones. Me sentía fracasada y estaba tan avergonzada de no poder manejar las tareas que Dios me había dado. Finalmente, sin soluciones a la vista, rompí en llanto delante Dios, clamando en desesperación, segura de que él estaría tan decepcionado de mí como lo estaba yo.

Después de todo, se suponía que yo fuera la chica con la que él podía contar. Yo era la confiable. Y ahí estaba yo, hecha pedazos.

Con mis emociones vueltas un nudo, derramé ante Dios todos mis miedos, debilidades e inseguridades. Incluso mis oraciones parecían mezcladas e incoherentes. Y en medio de mis lágrimas declaré: "¡Ni siquiera puedo orar correctamente!" Nunca había necesitado más de Dios. Bueno, para ser honesta, nunca realmente había necesitado a Dios.

Después de aquel quebrantamiento, algo empezó a cambiar en mí. Fue sutil, como el amanecer, cuando momentos de tono negro comienzan a tomar forma.

Mi autosuficiencia estaba desapareciendo y era reemplazada por la dependencia de Dios. La paz se infiltró donde no lo esperaba. Las circunstancias no cambiaron, pero mi entendimiento sí cambió. Dios nunca necesitó depender de mí... yo debía depender de Él.

Aunque había sido cristiana durante muchos años, amando y siguiendo a Dios con lo que yo pensaba que era todo mi corazón, parecía que había mantenido algo escondido. En medio de aquel momento tipo olla de presión, entendí que creer en Dios no es lo mismo que confiar en Él. Dios usó la presión trituradora para conducirme a la dependencia que libera.

Hace poco leí en 1 Corintios algo que resumía perfectamente lo que Dios me enseñó durante ese tiempo: "Estábamos bajo gran presión, más allá de nuestra capacidad para soportar, para que nos se desesperó de la vida misma... Pero esto sucedió que no podemos confiar en nosotros mismos sino en Dios que resucita a los muertos. Él nos ha librado de un peligro tan mortal, y él nos entregará otra vez. De él hemos puesto nuestra esperanza de que él continuará líbranos” (vv. 8b, 9b-10).

La presión en la vida nunca es fácil. Pero Dios puede utilizarla para llevar nuestra fe a nivel más profundo si se lo permitimos. Para mí comenzó al admitir mi insuficiencia, y al entender que Dios no estaba decepcionado por esa confesión. De hecho, él me invita a que lo necesite.

Padre amado, por favor perdóname por todas las veces que he dicho con mis acciones "no te necesito". Admito que no puedo manejar mi vida sola y necesito tu ayuda. Gracias por ser suficiente y todopoderoso y amarme lo suficiente como para que nunca te dé vergüenza por lo que no puedo manejar. Te amo. En el nombre de Jesús, amén.

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¿Cuál es tu reacción típica cuando enfrentas un problema?

Si supieras sin lugar a dudas que Dios te ayudará en tu hora de necesidad, ¿cómo cambiarían las cosas para ti?

Versículos poderosos:
2 Corintios 4:8-9, “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.”  (NVI)

Romanos 15:13, “Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (NVI)


© 2013  de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.



Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello, editora
Van Walton, Directora del ministerio para latinas


sábado, 14 de septiembre de 2013

LuAnn Prater


"Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho.’ " Juan 4:39, (NVI)

Lectura

"La mujer en el pozo" sin lugar a dudas representa una fotografía de muchas mujeres, incluidas tú y yo. Cargamos a lo largo de nuestras vidas con etiquetas que nos gustan muy poco… adictas, incapaces, tímidas, creídas, chicas de compañía, gordas, arrogantes, estúpidas, improductivas, derrotistas, alcohólicas, mezquinas, indignas. Muchas de estas etiquetas acompañaron a " la mujer en el pozo" durante mucho tiempo.

¿Quién fue esta mujer? Si no estás  familiarizada con su historia, entonces detente un momento para leer (Juan 4:1-30). ¿Cuál fue su procedencia? No tenemos muchos detalles. Pero esta mujer desarrolló  un desesperado viaje interior, por encontrarse a ella misma y el valor significativo que podría despertar en un hombre.

Un encuentro entre ella y Jesús llevó a dos vidas a unirse y al cambio de una de ellas para siempre.  A través de Jesús ella encontró el amor  y el valor que desesperadamente había buscado.  Su historia trae esperanza, aun en nuestro tiempo cuando el divorcio destroza alrededor de  dos millones de víctimas en un año, dejando vidas y corazones partidos. Sospecho que esta mujer estaba sufriendo de "si solamente…" el cuestionarnos la vida, conduce a este estado de dolor: si, solamente no hubiera tomado esa decisión…, si solamente tuviera a mi lado un esposo que me valorara más como mujer…, si solamente mis hijos me respetaran…, si, solamente mis padres fueran diferentes…, si solamente…

Si  solamente…

La semana pasada hablé a un grupo de 100 mujeres, 90 de ellas me dijeron que se sentían sin valor, improductivas, no amadas, sin importancia.  El escuchar esto partió mi corazón, porque una vez yo creí estas mentiras también. Traté de encontrar mi valor en un hombre, en mis hijos, en mis amigos sin darme cuenta de que el amor de Dios estaba a mi disposición, que no tenía que pagar nada por él y que me llenaría completamente.

La vida suele tornarse monótona, si continuamos haciendo lo mismo una y otra vez, y otra vez, encontraremos una satisfacción pasajera, pero siempre volveremos a tener sed. Tratamos de saciarla, con diferentes hombres, mejores trabajos, casas grandes, y otras cosas sin un resultado perdurable.

Vivimos en un mundo herido, escogemos vivir en el pasado, y eso nos impide la vida que Dios ha destinado para nosotras.  Cargamos un equipaje que no es la  realidad. Dios quiere darte una vida abundante. Si solamente lo aceptas  te daría agua y dejarás tu sequía en el polvo.

Padre, oro por cada mujer que ha sido tocada por el dolor de pasar por un divorcio.  Si es esposa  o hija, te  pido  que vean su valor reflejado en ti. Sin lugar a dudas, Padre, tú viste un valor especial en la mujer en el pozo. Te pido que lo muestres a cada una de tus hijas. Enséñanos a tomar de tu agua cada día para tener vida en abundante.  En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder: 
Observa a las personas de la Biblia quienes llamaron amigo a Jesús. No fueron personas perfectas, solo estuvieron dispuestas a seguir un Salvador perfecto.

Haz la promesa de nunca repetir la frase "si solamente…"

¿Por qué medito en el pasado y no me concentro en el Señor?

¿Cómo puedo reflejar el perdón  de Dios en los corazones heridos?

¿Cuándo le diré a Satanás: “No más, es suficiente”?  Hoy es el día para dejar el pasado a un lado y recibir el agua de vida que Cristo te ofrece y tener una vida abundante.


Versículos poderosos:
Juan 4:13 -14, "Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed --respondió Jesús--, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna." (NVI)

Juan 16:24, "Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa." (NVI)

Filipenses 3:13, "Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante." (NVI)

© 2013 de LuAnn Prater.  Todos los derechos están reservados.



Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello, editora
Van Walton Directora del ministerio para latinas
lunes, 9 de septiembre de 2013

Carol Davis


“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.” Salmo 34:18 (NVI)
          
Lectura:

Caminé por el pasillo del supermercado de descuentos buscando alguna oferta. Siempre resulta bastante aleatorio encontrar una buena ganga en esta tienda, y así me pasó… otra vez.

Antes de darme por vencida y aceptar la derrota, pasé por un contenedor que llamó mi atención. El letrero decía: “productos dañados”. Estaba lleno de latas abolladas y sin etiqueta, sin razón aparente, simplemente eran varios artículos al azar que no tenían valor para permanecer en los estantes del mostrador. Y yo sabía justamente cómo era sentirse así.

La vida a veces trae cosas inesperadas. Las lecciones que aprendemos en la escuela de los golpes duros nos dejan lastimadas, abolladas y se llevan la etiqueta que creemos que define quién somos. Un aborto espontáneo nos arranca el título de madre. Un divorcio nos quita el rol de esposa. Una notificación oficial elimina nuestro rol de empleada.

Esto nos hace sentir como si hubiésemos sido arrojadas a un contenedor, ya sin más valor para poder ser exhibidas en el mostrador. Con tantas abolladuras y daños podemos creernos la mentira de que somos fracasos de primera clase y que toda esperanza está perdida.

Sacudiéndome mis cavilaciones filosóficas, me acerqué al contenedor e intencionalmente elegí una lata abollada sin etiqueta. Llegué a casa y la puse en el mostrador de la cocina con ansiosa expectación. El abrelatas finalmente penetró la tapa de metal para revelar… ¡duraznos! ¡Dejé salir un grito de colegiala! ¡Amo los duraznos! Qué sorpresa abrir esta lata y encontrarme con una de mis frutas favoritas. La lata estaba dañada, pero el contenido aún estaba en buen estado… y además dulce.

Dios continuó la lección que había empezado en el supermercado.

Yo he sido dañada. Hasta cierto grado todos lo hemos sido. No estoy viviendo la vida con la que soñé cuando era niña. Sin embargo, el daño que  he sufrido ha vuelto el contenido de mi corazón mucho más dulce, mucho más compasivo, mucho más en busca de Jesús. He sido menospreciada y juzgada por muchos que han visto que hemos perdido nuestra etiqueta y nos tratan de adjudicar otra por su cuenta.

He querido decir: “No me juzguen tan rápido. Mi daño no me ha definido. Me está refinando.” A veces puedo estar en el fondo del contenedor de la vida, pero Jesús pagó un precio muy alto por todos aquellos que estamos allí, en el fondo del contenedor, de la misma forma que lo hizo por aquellos que están orgullosamente expuestos en el mostrador principal. De hecho el salmo 34:18 me reafirma que él está cerca de aquellos que están quebrantados y abatidos. ¡Qué gran alivio!

Mira a tu alrededor. ¿Hay alguien en tu vida, tu familia o tu iglesia que consideres como un “producto dañado”? No pierdas la oportunidad de acercarte a ellos y amarlos. Puede que encuentres una amistad que es dulce y buena. Y al acercarte mira bien a tu alrededor para que veas cómo el Señor está cerca de ti. Envuélvete en su presencia. ¡Ésa es una etiqueta que no nos pueden quitar!

Amado Señor, mi vida no ha sido exactamente como yo hubiese pensado que sería, pero sé que tú aún puedes usarme para tus propósitos. Por favor, perdóname por haber criticado y catalogado a los demás y por juzgarlos por sus circunstancias externas en vez de considerar la labor que tú estás realizando en sus corazones. Ayúdame a darme cuenta de que todos tenemos daños, pero que eso es lo que nos mantiene desesperados por ti. En el nombre de Jesús, amén.


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Reflexionar y responder:
¿Has sido juzgada injustamente? ¿Cómo te hizo sentir esa situación?

Escribe todas las circunstancias de la vida que han “abollado” tu corazón. Pídele a Dios que use todas tus abolladuras y cicatrices para tu bien y para su gloria.

Versículos poderosos:
Salmo 145:18, “El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad.” (NVI)

Isaías 61:1, “El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros…” (NVI)

© 2013 de Carol Davis. Todos los derechos están reservados.


Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello, editora 
Van Walton Directora del ministerio para latinas
sábado, 7 de septiembre de 2013

Melissa Taylor


"Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!  2 Corintios 5:17 (NVI)

Lectura:

Mi hija necesitaba urgentemente un corte de cabello.  Aunque lucía bella con su cabello largo y de un rojo intenso, ¡era una batalla cepillarlo cada mañana!  Además, a ella le encanta nadar y es una niña muy activa.  Aunque yo comprendía todo esto, solo de pensar en cortar su cabello me rompía el corazón.

Finalmente decidimos ir al salón.  Tan pronto como ella se sentó frente al espejo, la estilista comentó: “¡Veo que aquí tenemos a una nadadora!”  La forma en que lo dijo me ofendió al principio.  Pero luego reflexioné en este comentario.  El cabello de mi hija lucía seco y sin vida, los efectos del agua y el cloro.  Y la estilista, como profesional, sabía exactamente cuál era el problema con el cabello de mi hija.

La estilista recomendó un corte simple y fácil de mantener, el cual ella llamó “una nueva creación.” Con este corte, el cabello de mi hija luciría nuevamente saludable y lleno de vida.  Emocionada, mi hija exclamó: “¡Sí, mami, quiero un nuevo corte!”

Querida amiga, ¿cuál es la condición de tu “cabellera” espiritual?  ¿Está reseca, sin vida?  ¿Necesitas un “nuevo corte”?

Así como yo llevé a mi hija con un experto para dar “nueva vida” al cabello de mi hija, todas nosotras tenemos acceso a un Experto que puede darnos nueva vida, no importa cuán grande sea el daño que hayamos sufrido.

¡Cómo quisiera que pudieses ver el nuevo corte de cabello de mi hijita!  Parece una princesita.  Su cabello es saludable, lleno de vida.  El daño y la resequedad ya no existen.  Y aunque ella luce preciosa, debemos continuar cuidando de su cabello para que siga luciendo así.  Pero los cambios que Jesús opera en nuestras vidas son eternos.

Por cierto... mencioné que mi hija parece una princesa.  ¡Claro que sí, pues ES una princesa!  Ella es hija del Rey.  ¿Lo eres tú?

Amado Señor: Reconozco que necesito hacer ciertos cambios en mi vida.  Y sólo tú puedes hacerlos.  Por favor, guíame en el camino donde deseas que yo vaya.  Mi deseo es dejar las cosas viejas y dañadas, para que tú reveles cosas nuevas en mí.  En el nombre de Jesús, amén.

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Visita el blog de Wendy donde encontrara más sabiduría sobre los cambios nuevos.

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Reflexionar y responder:
Piensa en tu vida.  ¿Existen ciertos hábitos o viejas formas de ser que necesitas abandonar?  Escríbelos y luego habla con Dios al respecto.  Pregúntale cómo puede ayudarte a hacer cambios permanentes en estas esferas de tu vida.

Si no le has pedido a Cristo que sea el Señor y Salvador de tu vida, ¿por qué no lo haces ahora?  Hoy es el mejor día para hacer cambios permanentes en tu vida.  ¡Tú puedes ser una nueva criatura!

¿Te consideras una hija del Rey?

¿Existe algún aspecto de tu vida que necesita cambios?

¿Has conversado con Dios sobre cómo renovar tu vida?


Versículos poderosos:
Juan 3:16, "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." (NVI)

Juan 3:17, “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” (NVI)

Colosenses 3:1-2, "Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra." (NVI)


© 2013 de Melissa Taylor. Todos los derechos están reservados
lunes, 2 de septiembre de 2013
Van Walton

"El pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.” Génesis 4:7b (NVI)

Lectura:

Wendy y yo platicábamos en mi jardín mientras sus niños jugaban en la alberca de mi casa.  Griffin, el hijito de mi amiga, jugó por un rato con los demás niños, hasta que la curiosidad lo atrajo a merodear por el jardín.

Por un rato él ayudó a mi esposo a trabajar en el jardín, cargando unas ramas.  Pero después decidió tomar un rastrillo y empezó a construir una “casa” para mi perro.  Primero despejó un área; luego amontonó hojas para hacerle una camita.  Y al final colocó piedras para proteger el área en la cual irían los platos de comida y agua del perro.

“¡Qué niño tan trabajador!”, pensé maravillada.

Al terminar su proyecto, Griffin nos preguntó: “¿Quieren ver lo que hice?” Todos lo seguimos en fila, escuchando atentamente cuando señalaba cada una de sus tareas.  De pronto, el corazón me dio un vuelco al darme cuenta de que el área en la que el niño había laborado estaba cubierta de hiedra venenosa. Sin sospecharlo, Griffin había entrado a un área de peligro. La hiedra se había dispersado por el suelo y había trepado por los árboles, encubierta por el resto de la vegetación.

Inmediatamente le indiqué a Wendy que se apresurara hacia mi casa y que metiera al niño en la tina, donde lo sumergimos en una mezcla que yo preparé y que esperábamos combatiera la terrible comezón que le esperaba.

Este encuentro con la hiedra venenosa me hizo pensar en lo que a veces nos ocurre a los cristianos.  A veces nos proponemos alcanzar ciertas metas.  Deseamos hacer algo bueno, cambiar al mundo, servir a otros; pero la Biblia nos advierte que debemos estar siempre alertas.

Génesis 4:7 dice que el pecado nos acecha; espera para atraparnos; nos agarra y difunde su veneno por todos nuestros planes.

Debemos reconocer qué tipos de pecados nos acechan.  Por ejemplo, quizá tú preparas una comida para una amiga que acaba de tener un bebé.  Se la llevas a su casa y ves al esposo de tu amiga portarse muy cariñoso con ella.  De pronto, salta la envidia y atrapa tu corazón.  O quizá invitas a una compañera de trabajo a que almuerce contigo.  Pero tu conversación, inocente y amigable al principio, se torna en un chismorreo sobre los compañeros de la oficina.

Debemos también estar conscientes de que aún el más leve roce con el pecado puede dejar una marca venenosa en nuestros corazones.  Es por ello que debemos permanecer alertas y saber cómo controlar al pecado antes de que el pecado nos controle a nosotras.

Otro ejemplo: Para poder exterminar la hiedra venenosa en mi jardín, tuve que excavar y sacar esta planta desde la raíz.  Y así debemos tratar con el pecado.  Aún con las mejores intenciones, esta hiedra puede lastimarnos.  Ya sea que nuestro roce con el veneno del pecado haya sido intencional o accidental, Dios ofrece una “mezcla” efectiva para combatir sus nocivos efectos.  Primera de Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (NVI).

El Señor es el mejor jardinero del corazón.  No importa qué tipo de hiedra venenosa nos aceche, Dios está listo con el mejor remedio: Su sabiduría cuando se la pedimos y su perdón cuando la tentación se convierte en pecado.

Amado Señor, tú me has enseñado muchas lecciones sobre el pecado. Yo sé que es algo serio, que procura destruirme.  Sé cuán fácil puedo caer presa de sus engaños.  Por favor, perdóname y dame sabiduría para reconocer las trampas del pecado y huir de ellas.  En el nombre de Jesús, amén.

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Segunda lectura: 
Ustedes, las que leen nuestras lecturas, han estado pidiendo más de una lectura a la semana. Gracias a Dios por nuestras voluntarias que las traducen, ahora podemos ofrecerles dos lecturas semanales. Esta lectura estará disponible los sábados en nuestra página. Es una bendición darles estas lecturas, pero esto implica un costo financiero. Así que tenemos una petición especial para este nuevo año; y aunque Dios siempre provee de maneras extraordinarias, en muchas ocasiones él usa a sus hijas para que otros tengan. ¿Quisieras ser parte de esta bendición, para que nuestro ministerio pueda alcanzar a muchas más mujeres, y contribuir con un regalo financiero? Tu donación, grande o pequeña, será de gran ayuda. Gracias.

Reflexionar y responder:
Los soldados se preparan para enfrentar al enemigo aprendiendo cuáles son sus tácticas.  Toma tiempo para reconocer las tácticas y asechanzas del enemigo de tu alma.

¿En qué aspecto te tienta Satanás y en qué pecados caes más fácilmente?

Versículos poderosos:
Corintios 7:1b, "Queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación.” (NIV)

Tito 2:14, "Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.” (NVI)

© 2013 de Van Walton. Todos los derechos están reservados.




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