lunes, 3 de septiembre de 2012


Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito. (Filipenses 2:2, NTV)

Lectura:

Hace muchos años vi una película que llevaba el título de este artículo de hoy, pero con una diferencia, no tenía los signos de interrogación. Es la historia de una niña (Drew Barrrymore… ¡eso habla de cuántos años tiene la película!) que decide divorciarse de sus padres porque el matrimonio de estos se ha vuelto un desastre y ella en realidad pasa más tiempo con la sirvienta que  con sus propios padres.

La mayoría de las sentencias de divorcio que se emiten en el siglo XXI llevan escrita esta frase: “Causa: diferencias irreconciliables”. Verdad que los humanos hemos inventado una respuesta para todo, ¿no es cierto?

Mi esposo y yo tenemos 17 años de casados. Si te escribo aquí que han sido 17 años de ensueño, donde nunca hemos tenido un “sí y un no”, me llevaría un premio a la mentira del año. Y de paso te digo que si escuchar eso de labios de otras personas te hace sentir mal o inferior en tu matrimonio, ¡libérate! No existen matrimonios sin diferencias. ¿Por qué? Porque un matrimonio se compone de dos personas completamente diferentes, y por tanto, es ilusorio pensar que siempre estarán de acuerdo en todo.

El comienzo de nuestro matrimonio se parecía también al título de otea película, “Durmiendo con el enemigo”. Cada vez que surgía una diferencia, por la más mínima cosa, yo veía a mi esposo como si fuera mi peor enemigo, me atrincheraba en mi propia opinión y me alistaba para la batalla.

¿Cuál era el mayor error en ese caso? No darme cuanta de que él no era mi enemigo, todo lo contrario. Era alguien que me amaba mucho pero que no es un clon de mi persona y por lo tanto, piensa diferente.

Tomó mucho tiempo aprender a “reconciliar” las diferencias porque nuestra naturaleza humana es testaruda y orgullosa, y se resiste a los cambios, a ceder, a analizar antes de juzgar.

Las diferencias tenemos que verlas mejor como un acorde musical. Si tocas las notas sueltas nunca lograrás el resultado que producen en un lindo acorde. Cada una aporta un sonido propio que constituye un hermoso todo. Ahora bien, si le preguntas a cualquier músico sabrás que lograr tocar una melodía que suene tal y como está escrita, toma trabajo, sacrificio.

Es igual con nuestras relaciones. Resolver las diferencias no es fácil, pero ¿quién dijo que es fácil compartir la vida con otra persona diferente?

Unidad no es exactamente igual. Mira qué interesante esta definición de la palabra que encontré en el diccionario de la Real Academia:
unidad.
(Del lat. unĭtas, -ātis).
1. f. Propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere.

Así que lograr la unidad en el matrimonio implica necesariamente que resolvamos las diferencias, sabiendo que no somos exactamente iguales, para que así su esencia no se destruya ni se altere.

Cuando se habla de amor muchos recuerdan estas hermosas palabras del apóstol Pablo: “El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas…El amor nunca se da por vencido…se mantiene firme en toda circunstancia (1 Corintios 13:4-7, NTV). 

Este debiera ser el tamiz por el que pasemos nuestras diferencias. Estoy segura de que será mucho más fácil resolverlas con este alto estándar en mente.

¿Hay diferencias en un matrimonio? Sí. ¿Irreconciliables? No lo creo.

Señor, perdóname cuando creo que tener la razón es lo más importante. Por favor, ayúdame a ver cuando estoy actuando de manera orgullosa y testaruda para que las cosas se hagan a mi manera. Enséñame a resolver las diferencias con amor y en amor. En el nombre de Jesús, amén.

Reflexionar y responder:

Todos los matrimonios tienen diferencias. Piensa en alguna diferencia que hayas tenido recientemente con tu esposo. ¿Cómo la resolvieron? ¿Qué aprendiste en esa ocasión?

¿Estás satisfecha con la manera en que resuelven ustedes las diferencias? Si no es así, pídele a Dios que te muestre cómo puedes tú contribuir a hacer que las diferencias dejen de ser irreconciliables.

Recursos:
Visita el blog de Wendy y únete a la serie “Un matrimonio mejor en cuatro semanas”, empezando este miércoles, donde encontrarás lecturas inspiradoras, ideas prácticas y consejos para que tu matrimonio sea cada día mejor. Haz clic aquí para iral blog.

Versículos poderosos:
Romanos 14:19: “Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación” (NVI).

Romanos 12:18: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”  (NVI).

© 2012 de Wendy Bello. Todos los derechos están reservados.  


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