miércoles, 22 de julio de 2009
por T. Suzanne Eller Miembro del Equipo de conferencistas de Proverbios 31, Ministerios para la mujer Versículo clave: Mateo 13:24, “Jesús les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo." (NIV) Hoy lee el capítulo entero. Escribe el versículo. Memorízalo martes, el 21 de julio Devoción: Yo estaba sentada sobre el carro. Mientras tanto el agua lo movía hacia un lado en el arroyo inundado por una tormenta. ¿Cómo me pude haber metido en ese lió? Había presentado una conferencia en Tulsa y ahora estaba regresando a casa. Mientras manejaba, el aguacero no paraba. Yo escuché a lo lejos el anuncio de cuidado por lo fuerte del agua. Las palabras en la radio, eran una pequeña voz de advertencia. “Deberías parar.” Yo ignore la voz suave. “Solo es una hora,” pensé yo. “Seguramente estaré bien.” Yo estaba a solo cinco minutos de mi casa cuando doblé en una esquina y escuché un gran whoosh. El motor se había parado. Yo abrí la puerta del carro y el agua comenzó a entrar. Rápidamente la cerré otra vez. Traté de prender el carro pero no prendió. Yo traté otra vez y otra vez. Escuché un terrible clunk. Moví la llave a la posición de iniciar la batería y bajé las ventanas un poco. Miré hacia afuera un en la oscuridad y lo que vi me quitó el aliento. EI arroyo estaba desbordado y yo estaba en medio. El agua estaba en todas partes del carro, alrededor del borde de la puerta, cubriendo mis pies, mis tobillos, y luego mis rodillas. Tomé mi cartera y mi Biblia. Me quité mis tacones y como pude me salí por la ventana. Finalmente, me senté en la parte del techo de mi carro y lo usé como lancha cuando comenzó a flotar. “Dios,” oré. ¡Ayúdame! Unas luces brillantes se iluminaron al borde del agua, como a unos 50 pies a lo lejos. Un carro largo, un Buick hecho como en los años mil novecientos setenta y…, se metió en el agua y vino hacia mí. Parecía como el cielo para mí. Eso fue hasta que uno de los hombres bajó su ventana. “Salta acá adentro," gritó él, “¡Apúrate!” Él y su amigo estaban vestidos con camisetas, con las mangas cortadas. Él hombre que me gritó tenía un pañuelo amarrado de su brazo, justo encima de su tatuaje y allí tenía su paquete de cigarrillos. Yo miré el agua. Miré el Buick… y salté. Me fascina contar esta historia. Puedo contarla y escuchar el sonido de la audiencia mientras se ríe. El humor es un gran don. Yo puedo contar la historia y compartir cuan importante es escuchar la voz suave del Espíritu Santo. Yo puedo usarla como ilustración de como Dios usa a alguien que no parece para nada a un ángel, a rescatarte. Ves, todos nosotros tenemos una canasta de vida, completamente llena de historias. Yo me imagino a Jesús sentado con sus discípulos compartiendo sus parábolas. También pienso en mi propia madre contándome como ella se sintió cuando finalmente aceptó la Gracia de Dios. También escucho a Lysa, mi compañera y conferencista con el ministerio de Proverbios 31, contando su historia de adopción de sus dos preciosos hijos de África.La pregunta es, ¿Has contado tu historia últimamente? De pronto tu canasta de vida contiene historias de tiempos difíciles, momentos en los que te sentiste sola, o, de pronto, buenos tiempos, como cuando Dios se volvió tan real para ti que te transformó. En algún lugar donde presentas esta historia hay alguien que se identifica con esa historia y de pronto sentirá ánimo, esperanza, o simplemente un buen momento de risa. Mi oración para hoy: Amado Jesús, Yo soy testigo de la historia hecha y escrita por tu mano. Dame el ánimo de contar mi historia a los que necesitan escucharla. Gracias por ser el autor de cada capítulo de mi vida. En el nombre de Jesús, Amen. miércoles, el 22 de julio Aplicación: Averigüe tu canasta de vida. ¿Cuáles cuentos están allí? ¿Qué no pudiste ver el momento cuando estuviste en mitad de esa experiencia? ¿Qué ves ahora claramente? Pídale al Señor que te muestre a alguien quien necesita oír tu historia. Recursos sugeridos: ¿Qué hago ahora? Más recursos jueves, el 23 de julio Puntos para reflexionar: Recuerda que eres única. Deje que Dios escriba el próximo capitulo y no te compares con ninguna otra persona. viernes, el24 de julio Versículos para recordar: John 1:6-8, "Dios envió a un hombre llamado Juan, para que hablara a la gente y la convenciera de creer en aquel que es la luz. Juan no era la luz; él sólo vino para mostrar quién era la luz." (BLS) © 2009 by T. Susanne Eller. All rights reserved. Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional. Laura A. Colón González, editora Judith Hernández: http://www.judithhernandez.blogspot.com Ana Stine Wendy Bello Ángela Vásquez Lupe Coka
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