lunes, 23 de agosto de 2010
por Luann Prater                                                                                           Miembro del Equipo de conferencistas                                                                   Proverbios 31, Ministerios para la mujer

Versículo clave:

Lucas 2:46 “Y aconteció que después de tres días le hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.”
(LBLA)

Lectura:

Muy pocas personas llegan a dominar el “arte” de escuchar. Saber escuchar es la base de una buena relación, porque saber hacerlo da validez a la autoestima de una persona. Cuando realmente escuchamos a alguien, le estamos invitando a nuestras vidas y le estamos obsequiando una de las cosas más preciadas de hoy día: nuestro tiempo. De acuerdo con el Diccionario Webster, “escuchar” significa “prestar atención, oír, ocuparse de, esperar, considerar.”

La semana pasada estuve en un viaje de negocios. Cuando finalmente llegué a casa, a las once de la noche, estaba absolutamente exhausta. Mi dulce esposo vino a mí con los brazos abiertos para darme un fuerte abrazo, mientras mis dos hijas corrieron hacia mí para darme la bienvenida.

Durante las dos últimas horas en que manejaba hacia casa, soñaba con meterme dentro de mi cama. Pero nuestra hija de dieciséis años tenía otra idea. ¡Quería contarme tantas cosas! Durante mi ausencia, ella había iniciado su primer trabajo, había ido a una audición para una obra de teatro en la escuela y además tenía otros asuntos personales que anhelaba compartir conmigo. Cuando se dio cuenta de que me estaba durmiendo, su tono gentil y suave me dio a entender que ella podía esperar para contármelo todo después.

Cuando dejé caer mis maletas y me dirigí hacia la cocina, me di cuenta de que una sombra me seguía de cerca. Cuando me di la vuelta, me encontré un par de ojos azules. Puse mis brazos alrededor de mi hija. Ella se derritió en ellos y con un suspiro me dijo: “He extrañado tus abrazos, mamá”. Nos dirigimos al sofá para compartir un tiempo juntas.

¿Cuándo fue la última vez que realmente escuchaste a alguien? ¿Cuándo entregaste un cien por ciento de tu atención sin mirar al reloj ni a otras personas alrededor? ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste sin interrumpir para dar tu opinión? ¿Cuándo fue la última vez en que escuchaste atenta, cuidadosa y amorosamente?

Jesús, es nuestro ejemplo en todas estas cosas, pero muchas veces pasamos por alto esta importante lección: escuchar. Hoy te reto a estar en silencio y atenta a aquellos a tu alrededor. Simplemente escucha.


Mi oración para hoy:

Padre, gracias por nunca estar demasiado ocupado para escuchar mis oraciones. Enséñame a seguir tu ejemplo y a escuchar con un corazón amoroso para aquellos a mi alrededor que lo necesitan. Amén.

Pasos para la aplicación:

Busca a alguien que necesite ser escuchado. Dale toda tu atención por unos momentos. Ora con esa persona y por ella a través del día.

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Puntos para reflexionar:

¿En qué relación en mi vida necesito escuchar con atención?

¿Cómo me siento cuando alguien realmente me escucha?

¿Creo que Dios verdaderamente me escucha?

¿Qué obstáculos impiden que yo escuche a Dios?

¿Cómo puedo convertirme en una persona que escucha?

Versículos que te darán fuerza:

Jeremías 29:11-12, “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. ” (NVI)

Isaías 55:2, “¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos.” (NVI)

Proverbios 19:20, “El que oye consejo y acepta que lo corrijan, acabará siendo sabio.” (BLS)

Apocalipsis 13:9, “Si alguno tiene oído, que oiga.” (NVI)

Santiago 1:19, “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.” (NVI)

© 2010 de Luann Prather. Todos los derechos están reservados.


Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora

Judith Hernández

Ana Stine 
Natasha Curtis
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