lunes, 2 de agosto de 2010
por Luann Prater
Miembro del Equipo de conferencistas
de Proverbios 31, Ministerios para la mujer

Versículo clave: 

"Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!"
Santiago 3:5 (LBLA)

Hoy lee el capítulo entero. Escribe el versículo. Memorízalo

Lectura:

Mi esposo me pidió que comprara gasóleo para el tractor.  Yo tenía la camioneta y él había colocado el recipiente del combustible en una caja para que no se volcara.  Ahora bien, yo mido 1 m 58 cm, ¿podemos empezar por ahí?  Hay cosas que aquellos que son más altos que yo pueden hacer que para esta chica verticalmente deficiente representan un desafío. Bombeé el combustible en su recipiente y luego intenté levantar el recipiente no solo hacia la plataforma de la camioneta sino por encima del borde superior de la caja.  Fue en ese momento que descubrí que la pequeña válvula estaba abierta.
Una taza de combustible escapó a través de ese pequeño orificio, y estratégicamente chorreó desde la parte superior de mi camiseta hasta la de mis pantalones.  ¡Me entró el pánico al pensar que mi celular podría sonar y prenderme fuego!  ¡Ese no era el tipo de llama que esperaba que Dios encendiera en mi vida!

Me refregué y me refregué en la ducha pero el terrible olor a combustible me había penetrado la nariz. 

Mis labios son como esa pequeña válvula.  Es una abertura tan pequeña, sin embargo el combustible que escapa por ella puede ser tan desagradable, mordaz y aún mortífero.  Los labios sueltos han sido bruscos con mi familia.  Tonos ásperos dejaron a amigos sintiéndose envenenados.  Palabras descuidadas aniquilaron el espíritu de un vulnerable niño. 

Santiago nos dice que nuestra lengua es un mal turbulento lleno de veneno mortal. ¡Ay!  Mi esposo no quería que yo derramara el combustible; teníamos la intención de darle buen uso.  Dios no quiere que usemos la lengua a menos que sea para animar y alentarnos los unos a los otros. 

Hace varios años tomé una muy pequeña pero alteradora decisión en mi vida.  Cuando un pensamiento hiriente me viene a la mente, aprieto los labios y me obligo a imaginar un botón de pausa.  Cuando me permito un segundo para pensar en el posible daño que podría acarrear el que 'dijera lo que pienso', le da tiempo al Espíritu Santo a controlarme el corazón y las motivaciones.  En ese momento de pausa me digo a mí misma, "Dios, toma el control de esta lengua".  Y Él lo hace. 

¿Lo logro todas las veces? No. Pero noto menos choques en mi vida, menos heridas, menos dardos con punta venenosa saliendo de mi boca. Y ya no huelo terriblemente a gasolina que yo agrego al fuego.
¿Quieres unirte a mi campaña? Detente. Sella la válvula y permítele al Espíritu Santo que trabaje a través de las palabras que dices. 

Mi oracion para hoy:                                                                                                                                       

Amado Señor, gracias por recordarnos que nuestra lengua puede destrozar corazones o enmendarlos.  Enséñanos a detenernos por suficiente tiempo para darle al Espíritu Santo la oportunidad de trabajar a través de nosotras. En nombre de Jesús, Amén.

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Pasos para la aplicación: 

Antes de permitir el paso de comentarios negativos a través de tus labios hoy, oprime el botón de pausa. Ruégale al Espíritu Santo que tome el control. Pídele a Dios que te haga sembradora de paz.

Reflexiones: 

¿Por qué digo cosas de las que me arrepiento más tarde?

¿Cuándo le entregaré la lengua a Jesús?

¿Cómo puedo permitir que mis palabras animen y no destruyan?

Versículos que te darán fuerza:

Santiago 3:17, “Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía.” (LBLA)

Proverbios 17:15, “Gotera constante en un día lluvioso es la mujer que siempre pelea.” (NVI)

© 2010 de Luann Prater. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora
Judith Hernández  
Ana Stine     
Natasha Curtis















   









   
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