sábado, 28 de diciembre de 2013

Lynn Cowell


“Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: – No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío.  A cambio de ti entregaré hombres;¡a cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra.”  Isaías 43:1,4 (NVI)

Lectura:

El corazón me latía incesantemente.  “¡Corre, corre, o vas a llegar tarde!”
Cualquiera pensaría que nunca había visto esa película.  Pero la había visto más de una vez.  Sé que el héroe arriesgará su vida para rescatar a su doncella en el último segundo y que declarará firmemente ante el capitán y su tripulación: “¡Ella saldrá libre!”
Pero no importa que ya yo sepa lo que pasará en la película.  La emoción de su conquista y heroico rescate hacen latir mi corazón cada vez que la veo.  Y sé que no soy la única.  Muchísimas mujeres se acomodan en un sofá y ven la misma película romántica una y otra vez, especialmente el tipo de películas en las que el héroe rescata a la heroína.
De igual manera, nosotras deseamos que nos deseen, que luchen por nosotras, que nos conquisten.  ¡Y así ha sido!  Nuestro Rey y Creador nos ha conquistado, pero la historia es mucho mejor que en las películas.  Nuestro héroe dio su vida y pagó el precio por nuestro rescate.

A veces considero que Jesús es mi pastor, a veces lo veo como mi salvador y a veces, como mi amigo.  Pero no fue hasta que leí los versículos a continuación que me di cuenta de la magnitud y la profundidad de Su amor por mí y del valor que mi vida tiene a Sus ojos.

Isaías 43:1, 4, “Pero ahora, Israel, pueblo de Jacob, el Señor que te creó te dice: – No temas, que yo te he libertado; yo te llamé por tu nombre, tú eres mío.  Porque te aprecio, eres de gran valor y yo te amo. Para tenerte a ti y para salvar tu vida entrego hombres y naciones.” (DHH)

¿Dice allí que Él lo ha dado todo por mí?  ¡Qué increíble!  Es este amor radical del Señor que ha revolucionado mi vida.
Efectivamente, Jesús lo ha dado todo por mí.  Él me ama más que nada y desea ser todo para mí.  Y esta verdad ha satisfecho un profundo deseo en mi corazón y ha respondido a la pregunta: ¿Valgo lo suficiente como para que alguien luche por mí?
La respuesta es ¡sí!  Y tú, amada hermana, lo vales también.  Tu vida vale la pena.
Amado Señor, En mi corazón existe el deseo de ser conquistada y rescatada.  Tú creaste ese deseo en mí para satisfacerlo con tu increíble amor.  Te doy gracias, porque Tú jamás te cansas de luchar por mí y porque a tus ojos, mi vida vale la pena.  En el Nombre de Jesús, Amén.

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Reflexionar y responder:
Escribe en una tarjeta el Salmo 45:11 e incluye tu nombre: “El rey está cautivado por la hermosura de _________________________.” (NVI)

La próxima vez que te sientas rechazada, deprimida o vulnerable, lee esta tarjeta y medita en esta verdad: ¡El Rey está cautivado por tu hermosura!

Piensa en una ocasión en la cual alguien no te deseó ni luchó por ti.  Reescribe esa historia en tu corazón, sabiendo que Jesús desea sanar el rechazo y vulnerabilidad.  Y cada vez que esos recuerdos dolorosos te atormenten, recuerda que Dios lo entregó todo por ti.

Versículos poderosos: 
Juan 3:16, “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna..” (NVI)


Sofonías 3:17, “Porque el Señor tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos.” (NVI)

© 2013 de Lynn Cowell.   Todos los derechos están reservados.


lunes, 23 de diciembre de 2013

Wendy Bello


 “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios…se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo  y haciéndose semejante a los seres humanos.” Juan 2:3 (NVI)

Lectura:

El escáner no dejaba de sonar mientras la pantalla mostraba los precios de todos los artículos que la cajera iba pasando. Lo que pensé en ese momento salió de mi boca casi sin darme cuenta: “¡Menos mal que la Navidad es solo una vez al año!” A lo que la cajera contestó: “¡Debería ser cada tres años!”.

Esa conversación no se me ha olvidado. Y es que en realidad, la Navidad siempre ha costado algo, desde el principio.

A Jesús le costó todo. Un viejo himno dice: “Tú dejaste tu trono y corona por mí, al venir a Belén a nacer…”. El Rey tuvo que despojarse de toda su gloria divina para que la Navidad pudiera ser una realidad, no solo en Belén aquel día, sino cada día en que alguien decide darle morada en su corazón.

María dijo sí a la primera Navidad a riesgo de que José la rechazara cuando supiera que estaba embarazada y no le creyera cómo había sido. Y eso ni siquiera tendría comparación con el dolor que experimentaría al final de la vida de aquel bebé. Le costó ser valiente.

José aceptó ser el papá del niño rey de Belén. No estaba en sus planes. Su primer hijo en realidad no era completamente suyo. Pero dijo que sí. Le costó obediencia y humildad.

Los famosos hombres sabios del Oriente viajaron desde lejos, con todos los riesgos e incomodidades que una travesía así implicaba en aquel entonces, para ser partícipes de la primera navidad. Les costó tiempo, recursos y hasta valor para no obedecer a la orden del rey Herodes.

Los pastores estaban muy tranquilos haciendo su trabajo cuando los ángeles les interrumpieron. ¿Cuánto caminaron, qué pasó con las ovejas? No sabemos. Les costó salirse de su rutina para ser testigos de la Navidad más grande.

¿Y a ti y a mí? Dar regalos a otros siempre nos cuesta algo, ya sea dinero, tiempo, algún tipo de trabajo o todas esas cosas juntas. Pero, ¿qué nos va a costar “llegar a Belén” en esta Navidad? ¿Qué nos va a costar estar con Jesús? Nos va a costar un poco de lo que mencioné antes y todo a la vez.

  1. Para seguir a Jesús tenemos que ser valientes, como María, porque el rechazo es parte del paquete. Y muchas veces el dolor también lo es.
  2. Como a José, nos va a costar obediencia para seguir los planes de Dios y agradarle; humildad para aceptar que sus planes son siempre mejores que los nuestros. 
  3. Nos va a costar riesgos e incomodidades, como a los magos, porque la travesía es larga y difícil; pero como a ellos, al final nos aguarda un regalo tan maravilloso que todo habrá valido la pena.
  4. Nos costará dejar que Dios nos interrumpa, dejar lo que estamos haciendo e ir a hacer lo que él nos pide.

La compra de regalos navideños es solo una vez al año y es verdad que nos cuesta; pero vivir la Navidad es algo de todos los días, y también tiene un precio. Gracias a Dios que no le importó el precio de la primera navidad. ¿Estamos tú y yo dispuestas a pagar el nuestro? Espero que sí.

Padre, gracias porque Jesús pagó el precio de la Navidad. Recuérdanos que seguirte también tiene un precio, y ayúdanos para estar dispuestas a pagarlo cada día. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:
¿Ya hubo Navidad en tu corazón? Si Jesús todavía no ha nacido allí, toma la decisión hoy.
Lee otra vez los 4 puntos sobre el costo de vivir la Navidad cada día. ¿Qué precio estás evitando pagar?

Versículo poderoso: ;
Filipenses 3:8, “Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo” (NTV).           

© 2013 de Wendy Bello. Todos los derechos están reservados.
sábado, 21 de diciembre de 2013

Lysa TerKeurst


“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” Mateo 11:28 (NVI)
         
Lectura:

Todos tenemos esos momentos en que desearíamos que la voz de Dios nos dijera tan clara y fuertemente que no hubiera forma de malinterpretarla: “ESTA ES LA DIRECCIÓN EN QUE QUIERO QUE VAYAS”. Entonces sabríamos si seguir este en camino o enfocarnos en una nueva dirección.

¿Alguna vez has deseado este tipo de certidumbre? Yo sí

La mayoría de nosotras quiere saber qué hacer. Sin esa confianza a veces nos quedamos en un determinado lugar por mucho tiempo. Sin embargo, las pérdidas más grandes ocurren en aquellas ocasiones en las que renunciamos demasiado pronto. Entonces podemos vivir con este sentimiento persistente de “¿y si…?” ¿Qué hubiese pasado si hubiese sido perseverante por un año más, un mes más, un día más?

Saber cuándo parar y cuándo seguir intentándolo es una importante lección de vida. Una que quiero aprender bien. Con frecuencia, entre más batallo, menos confiada me siento con el siguiente paso que debo tomar. ¡Es muy agotador!

Pero la verdad es que no necesito estar confundida ni cansada. Hay un lugar central al que puedo acudir para obtener orientación y descanso. En Mateo 11:28 Jesús nos anima: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.”

Yo solía frustrarme mucho con este versículo porque pensaba: “yo no quiero descanso, ¡quiero estar segura! Estoy agobiada por esta decisión que debo tomar. Y no quiero echar todo a perder por no tener una señal que venga de ti, Dios.”

Pero el descanso que nos ofrece Jesús no es una ayuda espiritual para poder dormir. La palabra griega para este tipo de descanso es anapauo, y una de sus definiciones es “de expectativa calmada y paciente”.

En otras palabras, Jesús te está diciendo: si vienes a mí, tomaré todo tu cansancio y tu incertidumbre y la convertiré en una espera calmada.

Pero ¿cómo?
Mi amiga Jennifer Rotschild hace este ejercicio ilustrativo en algunas de sus conferencias. Le pide al público que se imagine que escribe dos palabras diferentes en una pizarra grande. Ella menciona las letras mientras dibuja las primeras palabras en el aire: R-E-S-T (descanso, en inglés). Luego hace lo mismo para la segunda palabra: R-E-S-I-S-T (resistir, en inglés). Al final pregunta, ¿cuál es la diferencia?

La diferencia, obviamente, es la letra “I” (Yo, en inglés).

Yo soy quien no sabe qué hacer. Yo no puedo resolver esto. Yo estoy cansada. Yo he intentado todo lo que sé hacer. Yo ya he dado todo lo que tenía para dar.

Conozco muy bien todas estas declaraciones sobre mí, sobre mi “Yo”, porque yo misma las he dicho.

Nosotras sólo podemos encontrar descanso del tipo anapauo (esperanza fresca) cuando dejamos de correr cansadas y simplemente tomamos la siguiente tarea que Jesús nos da.

En el versículo 29 de Mateo 11, Jesús nos da esta tarea: cargar con su yugo y aprender de él. Pídele a Jesús que te muestre cómo descansar en él. Puede que signifique que te sientes en silencio, que le pidas a otros que se unan a ti en oración, o que dejes libre tu calendario para leer la palabra de Dios. Una vez que estés tranquila, toma el siguiente paso. No diez pasos. No todo el camino completo. No el mapa de Google con la ruta trazada. Sólo el siguiente paso. Lo sabrás porque estará alineado con el carácter de Dios y su palabra.

Realiza ese paso con excelencia y con un corazón abierto y humilde. Escucha y busca todo lo que Jesús quiere enseñarte en este siguiente paso.

Esta es tu parte de la ecuación.

Pero después de esta tarea viene la confirmación en el versículo 30: “mi yugo es suave y mi carga es liviana.” No necesitamos tener todas las respuestas, sólo necesitamos estar conectados a aquel que sí las tiene. Ahí donde nuestra fuerza termina es el punto exacto donde su fuerza empieza.

Esa es la parte de la ecuación que le corresponde a Dios.

Yo debo hacer todo lo que pueda, y entonces confiar en que Dios hará todo lo que él puede hacer.

¿Debería quedarme? ¿Debería irme? Quizá una mejor pregunta es “Dios, ¿cuál es el siguiente paso que debería dar hoy? Voy a hacer mi parte. Y confío el resto a ti.”

Amado Señor, estoy cansada y no puedo entender todas estas cosas. Por favor ayúdame a ver cuál es tu parte en esta ecuación. Ahí donde mi fuerza termina es donde la tuya comienza. Ayúdame, Señor, a buscarte en mi siguiente paso y yo te esperaré en calma.

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Reflexionar y responder:
Escucha y busca todo lo que Jesús te quiere enseñar en el próximo paso que tomes. Determina cuál es tu parte en esto y dirígete a Dios para encontrar la suya.

Versículos poderosos:
Salmo 16:9, “Por eso mi corazón se alegra, y se regocijan mis entrañas; todo mi ser se llena de confianza.” (NVI)

Salmo 51:12, “Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga.” (NVI)


© 2013  de Lysa TerKeurst. Todos los derechos están reservados.  
lunes, 16 de diciembre de 2013

Ana Stine


  “Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra”.   Mateo 2:11 (NVI)

Lectura:

¿Qué piensas ofrecerle al Señor esta Navidad?

Cuando yo era niña, uno de mis programas navideños favoritos era “El Niño del Tambor”.  Ésta es la triste, pero tierna historia de un huérfano que se une a los Reyes Magos mientras éstos siguen la Estrella de Belén.

La estrella dirige su camino hasta un humilde pesebre, donde la caravana encuentra a Jesús recién nacido, con sus padres María y José.  El joven huérfano pronto se da cuenta de que este bebé es un ser extraordinario y se maravilla al ver los regalos que los Magos han traído consigo: oro, incienso y mirra.

El niño del tambor quisiera también dar un regalo a Jesús, pero él es pobre.  Su corazón se llena de tristeza al pensar que no tiene nada que ofrecer.

Pero cuando Jesús empieza a llorar, el huérfano desea hacer algo por calmarlo.  De pronto, una idea se le viene a la mente.  “¿Puedo tocar mi tambor para Jesús?” el niño le pregunta a María.  Ella le dice que sí, y él empieza a tocar.  Esta dulce ofrenda de amor transforma el llanto del Niño Dios en una sonrisa.

¿Hay veces en las que te sientes como el niño del tambor?  ¿Pobre y quebrantada, sin nada bueno que ofrecer?  Quizás tú comparas tus talentos con los talentos de otras personas, y sientes que tu aporte jamás será suficiente.

Esta Navidad te animo a dar un paso de fe y a que traigas tu ofrenda al pesebre:

  • Tu servicio
  • Tu adoración
  • Tu corazón

No importa cuán humilde o sencilla sea tu ofrenda, a los ojos de Dios será tan preciosa como oro, incienso y mirra.  Y como la del niño del tambor, tu dádiva pondrá una sonrisa en el dulce rostro del Niño Dios.

Amado Señor: Tú conoces el deseo de mi corazón, y sabes que deseo servirte y alabarte.  Acepta mi ofrenda de amor, esta Navidad y el resto de mis días.  En el nombre de Jesús.  Amén.     

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Reflexionar y responder:
Haz una lista de los dones que Dios te ha dado.  Toma un tiempo en oración para considerar la forma en que puedes rendir estos dones a Dios para servir a otras personas y glorificar Su Nombre.

Lee Lucas 2:8-20.

¿Cómo reaccionan los pastores al escuchar el mensaje angelical?

¿Cuál fue su respuesta después de haber visto al Niño Dios?


Versículos poderosos:                                                                                      
Salmos 51:16-17, “Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería.  El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido”. (NVI)

Salmos 69:30-32, “Y a mí, que estoy pobre y adolorido, que me proteja, oh Dios, tu salvación.  Con cánticos alabaré el nombre de Dios; con acción de gracias lo exaltaré. Esa ofrenda agradará más al Señor que la de un toro o un novillo con sus cuernos y pezuñas. Los pobres verán esto y se alegrarán; reanímense ustedes, los que buscan a Dios!” (NVI)
Mateo 25:40, "Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí." (NVI)           


© 2013  de Ana Stine. Todos los derechos están reservados. 
sábado, 14 de diciembre de 2013

Micca Monda Campbell


“Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida."  Juan 9:3 (NVI)


Lectura:

Jesús tenía una manera única para aclarar malos entendidos y para ayudar a las personas a ver la verdad como debía de ser. 

Por ejemplo, en Juan 9, vemos a Jesús rechazar la explicación tradicional para el sufrimiento, luego de que sus discípulos señalaran a un hombre ciego y le preguntaran: “Para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?” (v. 2)  En otras palabras, ellos desean saber qué había hecho él para merecer su ceguera. 

“Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.”   Los discípulos miraron hacia atrás para hallar la razón por la cual este hombre era ciego.  Pero Jesús redirigió su atención hacia adelante y hacia arriba, con una nueva perspectiva.

Generalmente, nuestra forma de ver y explicar las cosas determina como respondemos a los retos de la vida.  Cuando nuestro enfoque es interno – en nuestra persona – o externo – en las circunstancias – respondemos con temor, inseguridad, quejas y desesperación. 

Sin embargo, Jesús redirige nuestras dudas y enfoque.  Y al hacerlo nos permite ver el sufrimiento bajo una luz distinta que refuta las tendencias tradicionales.  No todo el sufrimiento es consecuencia directa de nuestros errores.  El dolor sirve un propósito más alto en nuestras vidas.  No sufrimos – como generalmente se piensa – porque lo merecemos o por algo que hicimos, sino para que la gloria de Dios se revele en nuestras vidas.

El sufrimiento nos refina, y como dice el Apóstol Santiago, sirve para que seamos perfectos e íntegros, sin que nos falte nada.  El dolor nos mueve a buscar el corazón y la voluntad de Dios.  En lugar de preguntarnos: ¿Qué hice para merecer esto?, debemos preguntarnos: ¿Cuál es el propósito de mi sufrimiento? ¿Qué es lo que Dios desea hacer en mí a través de mi dolor?

En momentos difíciles animémonos la una a la otra a poner nuestro enfoque en el Cielo, pues dicho enfoque provocará en nosotras una respuesta al dolor que refleje nuestra confianza en el Señor.  ¡Su gloria será revelada en nuestras vidas!

Amado Señor: Dame una nueva perspectiva.  Ayúdame a ver la verdadera razón de mi sufrimiento.  Enséñame a confiar en ti.  Yo quiero que otros vean tu gloria y tu obra en mi vida.    En el Nombre de Jesús.  Amén.    

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Reflexionar y responder:
Escoge no mirar en el “retrovisor de tu vida” el día de hoy.

Pídele a Dios que te muestre el fruto de tu sufrimiento. 

Identifica las formas en que Dios está refinando tu fe y tu carácter, transformándote a su imagen.

¿Qué crees que el Señor está obrando en tu vida a través de tu sufrimiento?

El hombre ciego aprendió algo de Cristo, a través de la forma en que Él sanó su vista.  ¿Qué has aprendido tú sobre el amor de Cristo a través de su sanidad en tu corazón?


Versículos poderosos:
1 Pedro 4:12-13, "Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo." (NVI)


 © 2013 por Micca Monda Campbell. Todos los derechos están reservados.
lunes, 9 de diciembre de 2013

 Renee Swope


“Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. Isaías 43:1-2 (NVI)

Lectura:

Aquella noche, al acostarme, el temor me abrumó de nuevo.  Mi esposo estaba de viaje y me aterraba quedarme dormida.  El miedo me asediaba constantemente cuando mi esposo no pasaba la noche en casa.

Yo necesitaba confiar en el Señor, pero no lograba hacerlo.  Hice todo lo que sabía hacer – como orar, leer la Palabra, poner versículos bíblicos sobre mi mesa de noche o en el espejo del baño. Pero también tenía un teléfono sobre la almohada y un directorio telefónico junto a la cama, por si los necesitaba.

Esa noche, hice aún algo más. Coloqué juguetes por todas las gradas para que, si se entraban los ladrones, se tropezaran con ellos.  Además traje a mis hijos a que durmieran conmigo en mi cuarto y empujé el ropero frente a la puerta del dormitorio.

Aún así, el temor me mantuvo despierta.  Yo traté de controlar mis circunstancias, pero era el temor el que me estaba controlando a mí. 

Al fin, fastidiada por el miedo y la falta de sueño, abrí mi Biblia y leí estas palabras:
“Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”.  Isaías 43:1-2 (NVI)

Esa noche, el Señor me mostró algo que no había notado antes: mis temores eran como llamas y mis esfuerzos por protegerme, como gasolina.  Cada intento por calmar mis temores era como echarle combustible al fuego, y ahora las llamas me consumían. 

Con gentileza, el Espíritu Santo me recordó que Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.  (2 Timoteo 1:7)  La única forma en la que lograría vencer mis temores sería enfrentándolos.

Decidí que debía hacer a un lado las cosas en las que ponía mi confianza y, en fe, debía acostarme confiando en que aún si mis temores llegaran a realizarse, el Señor estaría conmigo.  Así que colgué el teléfono, guardé el directorio telefónico, empujé el ropero de vuelta a su lugar y le pedí a mis hijos que regresaran a sus camas.

Para mí estos simples pasos de fe eran como caminar sobre las llamas del temor.  Pero ¿sabes qué?  Esa noche dormí como no lo había hecho en mucho tiempo.  El temor perdió su control sobre mí cuando decidí confiar activamente en las promesas de Dios.

Te animo a que, junto conmigo, le pidamos al Señor que nos muestre los temores que paralizan nuestra fe y que nos impiden vivir confiando en Él, gozando de paz y libertad.  Y démosle a Dios la oportunidad de mostrarnos Su fidelidad cuando enfrentamos el miedo con valentía, confiando en que Él nos guiará, protegerá y preservará al hacerlo. 

Amado Señor, Ayúdame a enfrentar mis temores en lugar de permitir que me paralicen.  Deseo tomar tu mano y confiar en Ti de todo corazón.  Dame las fuerzas y la valentía que necesito para dar esos primeros pasos de fe. En el Nombre de Jesús, Amen.

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Un corazón confiado: estudio en línea por Wendy Bello basado en el libro escrito por Renee

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Reflexionar y responder:
¿Hay algún temor específico que paraliza tu fe o que afecta tu vida cotidiana?  Pídele al Señor que te muestre qué paso debes dar hoy para enfrentar el temor que te impide confiar completamente en Él.

Versículo poderoso:
Salmos 4:4, "Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores." (NVI)


© 2013 de Renee Swope. Todos los derechos están reservados.
sábado, 7 de diciembre de 2013

Glynnis Whitwer


" ¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en la caballería, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra y en la gran fuerza de sus jinetes,  pero no toman en cuenta al *Santo de Israel, ni buscan al Señor!."  Isaías 31:1, (NVI)


Lectura:

Desafortunadamente  es verdad, que muchas veces no oramos por nuestros problemas como deberíamos hacerlo. Pedimos a Dios ayuda cuando ya nos encontramos viviendo el problema, y no lo podemos resolver solos. Aprendí mi lección sobre esto justo la semana pasada.

Con cinco chicos, y en plena temporada del flu, puedo decir ahora que salimos ilesos. Mi hijo de diez años comenzó con flu estomacal a la media noche. El y yo estuvimos cerca del baño durante toda la noche, pero por la mañana su fiebre había subido mucho.  Una medicina para reducir la fiebre, sorbos de ginger, y agua fueron la agenda para el resto del día.

Fue solo hasta la tarde que me di cuenta que no había orado ni una vez  por mi hijo. Su fiebre  seguía aumentando y yo mantenía su caluroso cuerpecito en mis brazos. Coloqué mis manos sobre su frente y pedí en el nombre de Jesús que la  fiebre de Robie se fuera. Le di otra dosis de medicina, lo vestí con ropa fresca para aliviar su estado febril y lo mantuve sobre mi  regazo.

Treinta minutos más tarde su fiebre de 103.6  bajo a normal y Robie durmió plácidamente y libre de fiebre por toda la noche. Despertó a la mañana siguiente con su estomago vació, pero sintiéndose mucho mejor.

Reflexionando sobre este incidente, me pregunto, “¿Cuántas veces he dejado de confiar en el poder de Dios para resolver problemas?” Isaías 31:1 advierte la tendencia exclusiva que tenemos de buscar ayuda de los hombres y en las cosas, antes que en el poder Dios. , " ¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en la caballería, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra y en la gran fuerza de sus jinetes,  pero no toman en cuenta al Santo de Israel, ni buscan al Señor!." (NVI)

Dios conoce el peligro que representa confiar en nuestro propio poder.  El sabe de nuestra fragilidad y deslealtad de nuestra naturaleza humana. El conoce la conspiración de Satanás claramente. Dios conoce también la distancia que crece entre El y nosotros cuando no le entregamos el control de todas las áreas de nuestra vida.

Confiar en Dios es un hábito, realmente es una disciplina, que trae gozo  y  paz. Desarrollémosla en nuestras vidas. Debemos aprender a depender de Dios en lo pequeño y también en lo grande en todo aspecto de nuestras vidas.

Amado Padre Celestial, Tu poder es ilimitado. Dejaré de ponerte límites, y de excluirte de mis días. Perdóname, por mi naturaleza egoísta. Preguntaré por Tu guía, ayúdame con todas mis decisiones y acciones de este día. En el  nombre de Jesús , Amén.

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Reflexionar y responder:
Identifica  una decisión que hayas  tomado sin tener en cuenta a Dios. Pídale perdón y  que te ayude a contar con El en todo.

  
Lee Isaías 31:1-9.  Identifica otras cosas en que las personas confían más que en Dios.

Nombra algún objeto, posesión ó persona, en la cual confié mas que en Dios.

Nombra tres caminos en los cuales  puedas ver y confiar que el poder de Dios esta cerca de ti.

Versículos poderosos:

2 Corintios 4:7, "Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros." (NVI)

Salmo 77:14, "Tú eres el Dios que realiza maravillas;  el que despliega su poder entre los pueblos." (NVI)

Juan14:13, "Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo." (NVI)


Juan 16:23-24, "En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa." (NVI)

Salmo 91:14-15, "Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;  lo protegeré, porque reconoce mi nombre.   Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré honores'"   (NVI)

© 2013  de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.


lunes, 2 de diciembre de 2013

Lysa TerKeurst


 “Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.” Efesios 6:11-12 (NVI)
           
Lectura:

La mayoría de los días me levanto sintiéndome bastante feliz.  No es que ande de humor para una fiesta, pero generalmente no me siento enojada cuando me levanto. Me despierto y las cosas se ven bien, balanceadas, frescas y llenas de posibilidades. Y entonces inevitablemente algo va y choca contra mi felicidad.

Un drama madrugador de parte de alguien en mi familia. Es impresionante lo que un día de cabello indomable puede hacerle a la actitud de una adolescente.

O alguien olvidó algo para la escuela. Y entonces alguien de mi familia quiere que de repente su irresponsabilidad se vuelva mi urgencia.

O un correo electrónico de parte de alguien que claramente encuentra placer tratando de hundir a los demás.

O yo calculo mal mis tiempos y de pronto ando a la carrera, de prisa y estresada.

O mi esposo, Art, cambia el termostato del aire acondicionado de la casa y baja la temperatura a 68°F y yo no dejo de temblar hasta que la temperatura se acerca a los 72°F. Es increíble cuánta diferencia hacen cuatro grados.

Muchas cosas pasan. Cosas que chocan contra mi felicidad. Y de pronto me encuentro fuera de balance y un poco menos amable.

¿Te suena familiar?

Bueno, yo estoy aprendiendo un poco sobre cierta perspectiva mental que necesito cuando hay cosas que se topan contra mi felicidad. En ese momento, Satán está tramando algo para que yo le ayude. Si él me puede empujar al punto en el que reacciono con enojo es como encender una chispa cerca de un charco de gasolina.

Aún la chispa más pequeña puede iniciar un gran fuego. Un fuego que se extenderá y se sentirá mucho más grande que lo que merecía la situación inicial.
Considera, por ejemplo, la discusión sobre la temperatura del aire acondicionado de mi casa.

Debió haber sido una simple discusión sobre el termostato. Pero agrégale un poco de enojo y de pronto las ideas en mi cerebro escalaron al punto de que ya estaba por convencerme a mí misma de que mi esposo Art era completamente insensible y que no se preocupaba por mí en lo más mínimo.

¿Estaba en lo cierto? Por supuesto que no. A él simplemente le gusta estar en su casa sin tener que estar sudando. Y claro, nosotros podíamos llegar a un acuerdo mutuo sobre la temperatura, o yo podía ir a ponerme unos calcetines y una sudadera.

Pero en lugar de eso, cuando él choca contra mi felicidad, se genera una “oportunidad para crecer” que nos deja sintiéndonos un poco escaldados.

En otras palabras, yo caigo en el juego que Satán tramó y lo ayudo a lograr su objetivo. Recuerda, justamente el nombre de Satán significa “el que lanza algo entre dos personas, causando una separación”. Puede ser una cuestión de la temperatura, el estar apretado en las finanzas, un comentario malinterpretado, o una de los millones de pequeñas cosas que pueden chocar contra nuestra felicidad… pero tenemos una opción.

Podemos elegir caer en las trampas de Satán y permitir que funcionen sus esfuerzos para separarnos de lo mejor de Dios. O podemos elegir luchar por nuestras relaciones y en contra de los intentos de Satán por separarnos.

Cuando pienso en estos términos, esto me ayuda a identificar el verdadero enemigo.

Mi verdadero enemigo no es ninguna de las personas que se topan contra mi felicidad. Mi verdadero enemigo es aquel que trata con todas sus fuerzas de llevarme a un estado de mal humor y a ayudarlo a destruir todo lo que yo amo.

Sabiendo que necesito una estrategia contra estos ataques, me refugio en la sabiduría que he encontrado en Efesios 6:11: “Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.”

Así que mejor retrocedes y te vas, Satán. Yo sé de tus artimañas. Tú eres mi enemigo, no las otras personas.

Y ahora tengo un plan totalmente nuevo para cuando alguien o algo choca contra mi felicidad, empezando por encontrar el par de calcetines y una sudadera para ponerme en la cueva de hielo que a veces es mi casa.


Amado Señor, a veces mi felicidad se ve truncada y mis emociones pueden más que yo. Ayúdame a reaccionar de manera que te honre a ti en vez de reaccionar de forma que aliente los planes de Satanás. En nombre de Jesús, Amén.

Recursos relacionados:
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Más que apariencias: estudio en línea por Wendy Bello basado en el libro de Lysa

¿Qué se atraviesa en tu felicidad y te hace sentir fuera de balance?

¿El darte cuenta de que no es sólo que tú te sientas atropellada, sino que es un truco de Satanás para separarte, puede darte una perspectiva diferente?

Versículo poderoso:
Santiago 4:7, “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.” (NVI)



© 2013  de Lysa TerKeurst. Todos los derechos están reservados.  
domingo, 1 de diciembre de 2013

Glynnis Whitwer


" ¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en la caballería, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra y en la gran fuerza de sus jinetes,  pero no toman en cuenta al *Santo de Israel, ni buscan al Señor!." Isaías 31:1, (NVI)


Lectura:

Desafortunadamente  es verdad, que muchas veces no oramos por nuestros problemas como deberíamos hacerlo. Pedimos a Dios ayuda cuando ya nos encontramos viviendo el problema, y no lo podemos resolver solos. Aprendí mi lección sobre esto justo la semana pasada.

Con cinco chicos, y en plena temporada del flu, puedo decir ahora que salimos ilesos. Mi hijo de diez años comenzó con flu estomacal a la media noche. El y yo estuvimos cerca del baño durante toda la noche, pero por la mañana su fiebre había subido mucho.  Una medicina para reducir la fiebre, sorbos de ginger, y agua fueron la agenda para el resto del día.

Fue solo hasta la tarde que me di cuenta que no había orado ni una vez  por mi hijo. Su fiebre  seguía aumentando y yo mantenía su caluroso cuerpecito en mis brazos. Coloqué mis manos sobre su frente y pedí en el nombre de Jesús que la  fiebre de Robie se fuera. Le di otra dosis de medicina, lo vestí con ropa fresca para aliviar su estado febril y lo mantuve sobre mi  regazo.

Treinta minutos más tarde su fiebre de 103.6  bajo a normal y Robie durmió plácidamente y libre de fiebre por toda la noche. Despertó a la mañana siguiente con su estomago vació, pero sintiéndose mucho mejor.

Reflexionando sobre este incidente, me pregunto, “¿Cuántas veces he dejado de confiar en el poder de Dios para resolver problemas?” Isaías 31:1 advierte la tendencia exclusiva que tenemos de buscar ayuda de los hombres y en las cosas, antes que en el poder Dios. , " ¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en la caballería, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra y en la gran fuerza de sus jinetes,  pero no toman en cuenta al Santo de Israel, ni buscan al Señor!." (NVI)

Dios conoce el peligro que representa confiar en nuestro propio poder.  El sabe de nuestra fragilidad y deslealtad de nuestra naturaleza humana. El conoce la conspiración de Satanás claramente. Dios conoce también la distancia que crece entre El y nosotros cuando no le entregamos el control de todas las áreas de nuestra vida.

Confiar en Dios es un hábito, realmente es una disciplina, que trae gozo  y  paz. Desarrollémosla en nuestras vidas. Debemos aprender a depender de Dios en lo pequeño y también en lo grande en todo aspecto de nuestras vidas.

Amado Padre Celestial, Tu poder es ilimitado. Dejaré de ponerte límites, y de excluirte de mis días. Perdóname, por mi naturaleza egoísta. Preguntaré por Tu guía, ayúdame con todas mis decisiones y acciones de este día. En el  nombre de Jesús , Amén.

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Reflexionar y responder:
Identifica  una decisión que hayas  tomado sin tener en cuenta a Dios. Pídale perdón y  que te ayude a contar con El en todo.

  
Lee Isaías 31:1-9.  Identifica otras cosas en que las personas confían más que en Dios.

Nombra algún objeto, posesión ó persona, en la cual confié mas que en Dios.

Nombra tres caminos en los cuales  puedas ver y confiar que el poder de Dios esta cerca de ti.

Versículos poderosos:
2 Corintios 4:7, "Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros." (NVI)

Salmo 77:14, "Tú eres el Dios que realiza maravillas;  el que despliega su poder entre los pueblos." (NVI)

Juan14:13, "Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo." (NVI)

Juan 16:23-24, "En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa." (NVI)

Salmo 91:14-15, "Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;  lo protegeré, porque reconoce mi nombre.   Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré honores'"   (NVI)

© 2013  de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.


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