lunes, 11 de junio de 2012
Lisa Whittle
"El día en que temo, yo en ti confío.” Salmo 56:3 (NVI)

Lectura:

La playa es uno de mis lugares preferidos. Me encanta el agua. Me encanta escuchar su ruido poderoso cuando llega a la orilla. Y me da mucha alegría observar a mis hijos jugando allí, riéndose y brincando mientras intentan "huir" de las olas.

Hace varios años mi esposo y yo llevamos a la playa por unos días a Graham, nuestro único hijo entonces. Estaba emocionado de llegar y jugar. Yo estaba ansiosa de descansar mis pies, pues en ese tiempo estaba embarazada de ocho meses. Buscaba la suave arena mientras mi esposo y mi hijo pasaban algún tiempo juntos. Sólo los había observado durante unos minutos cuando me quedé dormida en mi silla de playa de colores brillantes. No vi los acontecimientos de los próximos minutos, pero mi esposo los recuerda muy vívidamente.

Esta playa se encuentra en aguas intercostales. Barcos de carga enorme pasaban durante un cierto punto del día. Para un niño de dos años, el "gran barco grande" fue posiblemente lo más maravillo que había visto en su vida. Graham estaba extasiado. "Mira, papá", dijo. "¿Ves el barco grande?" "Sí, hijo. Yo lo veo." Mi esposo estaba feliz de compartir estos momentos con su hijo asombrado.

Muy pronto, mi esposo notó que una corriente estaba empezando a halarlos más lejos de lo que le parecía cómodo. El poder del barco grande causó un gran impacto en el agua del océano. Mientras que Graham seguía brincando, mi esposo se ponía más nervioso.

"Vamos a volver, cerca a Mami, ¿está bien?" Su ansiedad se intensificaba mientras el remolcador tiraba más fuerte. Como niño pequeño e ingenuo, Graham estaba ajeno a esas preocupaciones. Pronto las palabras de su papá se convirtieron en órdenes más fuertes. "Vamos, chico, tenemos que irnos ahora. Agárrate de mí, y te llevo a la orilla.” Él agarró a nuestro hijo. Graham, con los brazos envueltos en el cuello de su papá, se aferraba a su papá, y su papá se aferraba a él.

La vida es impredecible y los peligros se ciernen más cerca de lo que pensamos a veces. Las resacas pueden barrernos los pies sin previo aviso en cualquier momento. Pero nuestro Dios está listo, dispuesto y capaz de sujetarnos en sus brazos poderosos y llevarnos a un lugar de refugio y seguridad máxima. Él es nuestra fuente. Lo único que necesitamos para deshacernos de todas nuestras profundas inquietudes y preocupaciones. Debemos confiar en Él y solo en Él para salvarnos.

Aprendí un versículo cuando era una niña: "Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza". Comenzó como uno de los versículos semanales que mi madre me hizo memorizar para obtener una estrella en mi "Carta de buena conducta". Pero con los años, el Salmo 56:3 pasó a significar mucho más.

Cuando era pequeña, podía recordar este versículo. Cuando tenía miedo de la oscuridad o si tenía una pesadilla, lo decía. Cuando pensaba que oía un ruido o si me imaginaba a un "malo" en mi habitación, recordar este versículo, me ayudaba a volver a dormir y sentir menos miedo. Con los años que ahora tengo en las costillas, y con e hijos propios, todavía digo este versículo. Ya se fueron los días del malo, pero todavía tengo miedo. Tengo miedo de mi salud, mis hijos y sus futuros. Cuando me siento débil, recito esas ocho palabras preciosas e inspiradas que parecen como si fueran escritas sólo para mí. Ellas me ayudan a sentir menos miedo cuando viene la oscuridad.

Cuando te enfrentes a tu miedo, sea lo que sea, Dios te pide que te aferres a él. Él a su vez se aferrará a ti, y nada se interpondrá entre ustedes.

Amado Señor, ayúdame a saber que te encuentras cerca durante esos momentos que temor. Oro que confíe en ti cuando la vida me arrase con su fuerza y amenace con dañarme. Que aprenda yo a poner mi vida en tus manos fuertes y capaces. En el nombre de Jesús, amén.

Pasos para la aplicación:
Pídele al Señor que te muestre las esferas de tu vida que están controladas por el miedo. Escríbelas y ora por cada uno, reclamando la victoria en el nombre poderoso de Dios.

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Nuestros recursos
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Puntos para reflexionar:
¿Creo yo que puedo confiarle mi vida a Dios?

¿Creo que él me pueda ayudar a vencer mis miedos?

¿Estoy dispuesta a soltar el control de los aspectos de mi vida que me preocupan?

Versículos que te darán fuerza:
Isaías 12:2, “Miren, Dios ha venido a salvarme. Confiaré en él y no tendré temor. El Señor Dios es mi fuerza y mi canción; él me ha dado la victoria». (NTV)

1 Juan 4:18, “En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios.” (NTV)

© 2012 de Lisa Whittle. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.
Wendy Bello, editora
Judith Hernández
Ana Stine
Natasha Curtis
Waleska Nickerson
Veronica Young
Karina Córdova


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