lunes, 18 de junio de 2012
Glynnis Whitwer

“Uno de ellos, el discípulo a quien Jesús amaba, estaba a su lado. Simón Pedro le hizo señas a ese discípulo y le dijo: —Pregúntale a quién se refiere. —Señor, ¿quién es? —preguntó él, reclinándose sobre Jesús.” Juan 13:23-25 (NVI)

Lectura:

Durante ocho años mi esposo, Todd, y yo dirigimos al grupo de estudiantes de escuela superior en la iglesia. Como una pareja de recién casados, invertimos nuestros corazones y vida en los adolescentes y fuimos recompensados sin medida.

A lo largo del año escolar seguíamos un patrón similar que comenzaba siempre de la misma manera: edificar la comunidad. En el otoño celebramos a un nuevo grupo de adolescentes en el grupo, y sabíamos lo difícil que sería para ellos hacer amigos. A esa edad los adolescentes ya han comenzado el proceso de separarse en grupos. Nuestro objetivo era crear un grupo, no cinco o seis grupos individuales.

Por lo que planificábamos una variedad de juegos y salidas para ayudar a los jóvenes a divertirse juntos, llegar a conocerse mutuamente y con el tiempo a confiar mutuamente lo suficiente como para ser honestos. Esa confianza era parte del cimiento para los próximos meses cuando entraríamos en cuestiones más profundas de la fe y la vida. ¿Abrirán su corazón delante de sus nuevos amigos? ¿O se cerrarían cuando llegaran los temas difíciles?

Un "juego" que usábamos para crear comunidad era la "caída de confianza". Es una actividad común de grupo de jóvenes que involucra pararse de pie dándole la espalda a alguien y luego dejarse caer hacia atrás en los brazos de la otra persona. Es muy aterrador apoyarse en alguien y confiar en que no permitirán que caigas al suelo, o que físicamente no sea capaz de agarrarte. Sabíamos por años de experiencia que incluso los niños más pequeños pueden hacer esto, y es un buen ejercicio para el que "cae" y el que "recibe".

En el libro de Juan hay un pasaje que muestra cuándo uno de los discípulos tuvo este tipo de fe en Jesús. Fue en el aposento alto, y Jesús acababa de lavar los pies de sus discípulos. Regresaron a la mesa y Jesús iba a predecir quién lo traicionaría. Debe haber sido un momento penoso escuchar ese anuncio y Juan (el discípulo que Jesús amaba) hace lo que parece venir naturalmente: se reclina sobre Jesús.

Juan ya estaba físicamente cerca a Jesús, pero el pasaje dice que se acercó aún más: “Uno de ellos, el discípulo a quien Jesús amaba, estaba a su lado. Simón Pedro le hizo señas a ese discípulo y le dijo:
—Pregúntale a quién se refiere.
—Señor, ¿quién es? —preguntó él, reclinándose sobre Jesús” (Juan 13:23-25 NIV).

Juan sabía que Jesús no lo expulsaría o rechazaría. Juan sabía que él no se avergonzaría si Jesús lo rechazaba. Juan confiaba en Jesús lo suficiente como para reclinarse sobre él. El miedo a confiar. Abundan la traición, el robo y la deshonestidad. Personas que pensamos nos "agarrarían", nos dejan caer. Cuando intentamos acercarnos a algunos, se dan la vuelta, dejándonos avergonzados y preguntándonos qué está mal con nosotros.

La única persona que no se alejará, nos dejará caer y colocará sus brazos alrededor de nosotros cuando nos recostemos a él es Jesús. Un regalo increíble que tenemos en un Salvador que acoge nuestra presencia, nuestras preguntas, nuestras preocupaciones y nuestro amor.

Amado Padre, gracias por estar siempre disponible. Lamento esas ocasiones en que busque a otras personas y no a ti. Ayúdame a confiar más en ti… En el nombre de Jesús, amén.

Pasos para la aplicación: Piensa en un momento cuando alguien en quien confiabas te decepcionó. Lleva ese dolor a Jesús en oración y pídele su consuelo y sanidad.

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Nuestros recursos para la mujer latina


Puntos para reflexionar:
¿Cuáles son algunas áreas comunes en la vida donde las personas nos decepcionan?
Enumera algunas formas en que Jesús te ha sido fiel.

¿Qué significa apoyarse en Jesús? Piensa en algunas maneras prácticas de apoyarte en Jesús esta semana.

Versículos que te darán fuerza: Salmo 20:7, “Éstos confían en sus carros de guerra, aquéllos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del SEÑOR nuestro Dios.” (NVI)

Salmo 9:10, “En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, SEÑOR, jamás abandonas a los que te buscan.” (NVI)

Salmo 25:2, “Mi Dios, en ti confío; no permitas que sea yo humillado, no dejes que mis enemigos se burlen de mí.” (NVI)

© 2012 de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora
Judith Hernandez
Ana Stine
Natash Curtis
Waleska Nickerson
Veronica Young
Karina Córdova


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