lunes, 30 de julio de 2012


“Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta.” Salmos 63:1, (NVI)

Lectura: 

Era una fuente de la que ella dependía. Un lugar al que ella iba a atender sus necesidades. Pero nunca era suficiente; cada día ella tenía que regresar por más.

Mientras llenaba su jarrón con agua, la mujer lo vio y lo escuchó pedirle de beber. Luego él le ofreció algo a cambio: agua que da vida. A diferencia del agua que ella había ido a buscar ese día, él dijo que el agua que él le ofrecía la satisfaría tan profundamente que ella no volvería a tener sed.

Pero ella no podía creer en su promesa tan fácilmente. “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo; ¿de dónde, pues, vas a sacar esa agua que da vida?” (Juan 4:11), le preguntó.

Ella no se daba cuenta de que Jesús quería satisfacer una sed más profunda en su corazón, una añoranza que él había creado para guiar su corazón hacia él: la única Fuente que podría satisfacer su alma.

Todo lo que él necesitó llevar fue su Espíritu, porque sería lo que la atraería hacia él. Y así como se observa la profundidad del pozo, él examinaba su corazón. Ella era la única que podría impedirle llegar a las partes que más necesitaban de él.

Yo también he necesitado que Jesús examine mi corazón para que me enseñe el vacío que sólo él puede llenar.

Como la mujer en el pozo, he dependido de otros medios para satisfacer mis necesidades. Pero cuando recurro a ellos, en lugar de recurrir a él, esos medios nunca son suficientes.
Yo he recurrido a la gente: familia y amigos, jefes y novios, maestros y mentores, mi esposo y mis hijos. He añorado su aprobación y la afirmación que esto implica.

También he recurrido a posesiones y posiciones, y sin querer he puesto mi esperanza en el reconocimiento  de los demás. Yo he pensado “si tan sólo yo tuviera o yo fuera…”

Pero no importa qué tanto haga o tenga, nunca es suficiente para llenarme. Y es que no se supone que sea así. ¿Por qué? Porque los lugares vacíos en nuestros corazones fueron creados para ser llenados sólo por Dios. La sed más profunda de nuestra alma sólo puede ser calmada por él.

Podemos ver esta profunda sed incluso en el rey David, que lo tenía todo: la posición más alta, posesiones ilimitadas y gran poder, pero nada de esto era suficiente. Él se describió a sí mismo como sediento de Dios:
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente.
Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, extenuada y sedienta. (Salmos 63:1)

David luego describe lo que experimentó cuando bebió profundamente del amor de Dios:
Te he visto en el santuario
    y he contemplado tu poder y tu gloria.
Tu amor es mejor que la vida;
    por eso mis labios te alabarán.
Te bendeciré mientras viva,
    y alzando mis manos te invocaré. (Salmo 63:2-4)

Y lo mismo le pasó a la mujer que Jesús conoció en el pozo aquel día. Ella bebió profundamente de su amor y se llenó hasta colmarse, y lo mismo nos puede pasar a nosotros.
Como a la mujer en el pozo, Dios puso una añoranza en nuestros corazones con la intención de guiarnos de regreso a él. Sólo su aceptación incondicional, aprobación y afirmación pueden llenar los espacios vacíos en nuestros corazones, la sed más profunda de nuestras almas. Hasta que el amor y la aceptación de Dios no sean suficientes, nada más lo podrá ser.

Amado Dios, muéstrame los espacios vacíos en mi corazón y la forma en la que yo trato de llenarlos. Guíame de regreso a ti y enséñame cómo puedo dejar que mi corazón sea llenado y satisfecho por tus promesas y el poder de tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

Cuando compras algún recurso a través de los Ministerios Proverbios 31 dejas una huella en la eternidad porque tu compra apoya las diversas esferas que sin costo alguno ofrece este ministerio para dar esperanza. Quisiéramos competir con los precios que ofrecen los enormes almacenes que venden en línea, pero sencillamente no podemos hacerlo. Por lo tanto, agradecemos muchísimo todas y cada una de las compras que hagas con nosotros. ¡Gracias!




Reflexionar y responder:
Pídele a Dios que te ayude a identificar tus espacios vacíos y te muestre cómo él puede llenarlos.

Sólo la aceptación, aprobación y afirmación incondicional de Dios puede llenar los espacios vacíos en nuestros corazones, la sed más profunda de nuestras almas. Hasta que el amor y la aceptación de Dios no sean suficientes, nada más lo podrá ser.

Versículos poderosos:
Salmo 143:8, “Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma.” (NVI)


Jeremías 2:13, “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” (NVI)

© 2012 de Renee Swope. Todos los derechos están reservados.  

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.


Natasha Curtis
Veronica Young
Karina Córdova

lunes, 23 de julio de 2012

 
“La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte.” 2 Corintios 7:10 (NVI)

Lectura:

Mi corazón está decidido hoy a decir que es tiempo de renunciar.

No al ministerio.

No a una relación.

Sino a seguir criticando a alguien a quien yo quiero mucho. Lo extraño es que yo no soy una persona criticona, pero me he descubierto cayendo en un patrón en el que yo le doy a esta persona lo que ella me da.

Ella critica.

Así que yo empecé a criticar también. Bastante.

Y esta mañana me siento muy convencida de que necesito moldear una actitud y una perspectiva diferente hacia la vida.

El mes pasado mi pastor dijo algo muy convincente en su sermón: “Jesús no murió para que nos sintiéramos culpables. Él murió y luego resucitó para que nosotros cambiáramos.”
Ser cambiados.

Sentirse culpable significa sentirse mal. Es como un agujero temporal en el corazón.

Pero el cambio solo viene cuando nos arrepentimos. Estar arrepentido es una convicción más profunda para corregir y transformar de verdad nuestro comportamiento, nuestros hábitos, nuestras tendencias incorrectas.

En 2 Corintios 7:10 aprendemos que: “La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte”. De la cual no hay que arrepentirse,  son palabras poderosas.

Yo quiero una vida de la cual no tenga que arrepentirme.

Y pienso que hoy es realmente un buen día para arreglar algo que podría llevar a un montón de arrepentimiento.

Así que cada vez que sienta la necesidad de criticar voy a verlo como un llamado a cambiar mis palabras y volverlas palabras de apoyo.

Puede que todavía necesite arreglar algunos asuntos con esta persona pero lo haré enfatizando sus virtudes y las responsabilidades que vienen con esas virtudes, en vez de estarme enfocando constantemente en sus debilidades.

Por ejemplo: “¡Tú eres una gran influencia! ¿Has notado que cuando tú eres feliz los demás también son felices, pero cuando tú eres negativa eso realmente afecta a la gente a tu alrededor? Hoy necesito tu ayuda para mantener las cosas positivas. ¿Crees que puedes aceptar este rol de líder? ¿Cómo podrías ser una influencia positiva en esta situación?”
No soy tan ingenua como para creer que será fácil. Voy a necesitar gracia, cortesía. Ella también la va a necesitar. Pero al menos si yo estoy consciente de lo que necesito cambiar, el cambio empezará a ocurrir.

¿Necesitas renunciar a algún mal hábito, a alguna actitud negativa o tendencia errónea? Sé que yo sí. La próxima vez que se nos presente una oportunidad, recordemos las palabras de mi pastor: “Jesús no murió para que nos sintiéramos culpables. Él murió y luego resucitó para que nosotros cambiáramos.”

Amado Dios, estoy lista para renunciar. En lugar de palabras críticas quiero decir palabras gentiles y de apoyo. Por favor, ¿me ayudarías a hacer este cambio? En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:                                                                                                             ¿Estás lista para renunciar a un mal hábito? Esta es una idea para empezar: cada vez que sientas la necesidad de criticar, cambia tus palabras por palabras de apoyo.

Hay una gran diferencia entre sentirse culpable y ser cambiada. Sentirse culpable significa sentirse mal. Es como un agujero temporal en el corazón. Pero el cambio sólo ocurre cuando nos arrepentimos.

Versículos poderosos:
Proverbios 16:24, “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo”. (NVI)
 
© 2012 de Lysa TerKeurst. Todos los derechos están reservados.  


Natasha Curtis
Veronica Young
Karina Córdova




lunes, 16 de julio de 2012
“Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse. El enojo humano no produce la rectitud que Dios desea.” Santiago 1:19-20 (NTV)

Lectura:

Me habían mentido, traicionado y lastimado. Estaba muy enojada, y creía que tenía todo el derecho de estarlo.

Día tras día, el enojo trituraba mi deseo de perdonar. Aunque le había pedido a Dios que llenara mi corazón con misericordia, mi lista mental de razones por las cuales debería estar molesta tenía más importancia que mis oraciones vacías.

Era como si hubiera voces en mi cabeza que discutían unas con otras. Una tratando de convencerme de que yo estaba en lo correcto al sentirme enojada; la otra tratando de persuadirme de que tener misericordia era la mejor opción.

Durante meses la voz más fuerte era la que estaba alineada con mis emociones dañadas, y lamentablemente esa también fue a la que yo escuché. Sí, tengo derecho a estar enojada. Cualquiera estaría de acuerdo conmigo.

Al escuchar a la voz llena de amargura e incapacidad para perdonar, empecé a arremeter en mis acciones con impaciencia y crueldad. Oh, podía hacerme pasar por una buena chica cristiana por un rato, enmascarando mis sentimientos. Pero si se decía o se hacía algo que provocara mi dolor suprimido, mi hostilidad y mi resentimiento salían catapultados a la superficie.

Mientras leía este versículo de Santiago una mañana sentí que Dios me exhortaba a darme cuenta de la dirección engañosa por la que me estaban llevando mis emociones y del daño que me estaban ocasionando. No pude evitar notar esa parte que dice que “todos” debemos ser lentos para hablar y lentos para enojarnos.

Esta verdad de la Palabra de Dios no dejaba más espacio para mis excusas o mi indignación justificada, aún cuando yo sentía que mi enojo era válido porque habían sido injustos conmigo. Y luego, unos pocos versículos más adelante, leí Santiago 1:22: No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica” (NVI).


Yo sabía que desde una perspectiva mundana tenía todo el derecho a estar enojada. Pero desde la perspectiva de Dios, mi enojo estaba siendo añadido al pecado de la situación. Mi incapacidad de perdonar me estaba impidiendo vivir la realidad del evangelio en mi propia vida, la cual se logra extendiendo la misma misericordia y el perdón que Dios nos ha dado mediante Jesús.

A través de las palabras de Santiago, Dios suavizó mi corazón, haciéndome más consciente de que aunque había dicho que había perdonado a esta persona con mis palabras, todavía no la había perdonado con mi corazón y ya era tiempo de hacerlo y salir adelante.

En cada esfera de la vida, incluyendo cómo manejamos nuestras emociones más poderosas, Dios nos dice que debemos ser rápidos para escuchar (a él y a otros), lentos para hablar y enojarnos. Al aplicar estos principios a  nuestras relaciones nos convertimos en hacedores de su Palabra, y no solo oyentes, y esto nos lleva a la rectitud que Dios desea en cada uno de nosotros.

Amado Dios, por favor perdóname por albergar enojo en mi corazón. Equípame con una habilidad sobrenatural para perdonar a aquellos que me han lastimado y para proteger mi corazón cuando las emociones viejas amenacen con salir a la superficie. Arranca de mi corazón  el enojo y reemplázalo con alegría. Gracias por tu misericordia. Ayúdame a ser más compasiva gracias a ti. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder ¿Te has sentido justificada en tu enojo hacia alguien?
¿Le pedirías hoy a Dios que te ayude sinceramente a perdonarlos con todo tu corazón, para que así puedas ser liberada del dominio de las emociones negativas?

Versículos poderosos:
Efesios 4:26-27, “Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo.” (NVI)

Efesios 4:30-31, “No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención. Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.” (NVI)

© 2012 de Tracie Miles. Todos los derechos están reservados.  

 
Wendy Bello, editora  


Natasha Curtis
Veronica Young
Karina Córdova




lunes, 9 de julio de 2012
Ali Smith

“Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro.” Salmo 56:8 (NTV)

Lectura:

Por años yo mantuve mis lágrimas lejos de la vista de los demás. Simplemente me negaba a llorar. El esconder mis lágrimas empezó con un pequeño incidente con un diente.

—Sólo echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos y lo sacaré a la cuenta de tres… ¿Lista? 1… 2… ¡3!

Yo solo tenía seis años, era muy pequeña para esa repentina oleada de dolor que recorrió mi boca. Así que era natural que irrumpiera en lágrimas.

—¡Tú, qué gran llorona! —Ése era mi papá. El gran heroico extractor de dientes se rió. Lo único que yo pude hacer fue lloriquear con sollozos apagados—. ¡Pero duele!
Me atendí el agujero en las encías con una servilleta de papel mojado. Mi histórico momento de valentía se convirtió en un patético fracaso.

Ese día selló el trato. Llorar se convirtió en un evento privado y casi inexistente, incluso en mi vida adulta. Cada vez que sentía que se me salían las lágrimas, con una represa a punto de estallar, las forzaba a que se quedaran donde yo creía que pertenecían: escondidas profundamente en mi alma donde nadie más las pudiera ver

Cuando me encontré estas preciadas líneas mi perspectiva acerca de llorar cambió: “Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro.” Salmo 56:8 (NTV)

No lo podía creer. ¡Alguien más quería guardar todas mis lágrimas! Y en un lugar mucho mejor que las esquinas de mi corazón. ¿Acaso no es maravilloso pensar que cada lágrima que llegamos a derramar durante nuestros años de experiencias (incluyendo el haber perdido nuestro primer diente) ha sido recolectada en una preciosa botella? Botella que ha estado muy cerca y querida en el corazón de nuestro Padre.

Dios no se ríe cuando nosotras lloramos. Él no nos dice que nos endurezcamos o que le demos vuelta a la página de nuestras lágrimas como si ellas no existieran. En vez de eso, nos carga y nos sienta en su regazo y nos envuelve en sus brazos amorosos mientras le revelamos nuestros corazones.

Me pregunto qué podría causar que tus lágrimas cayeran ahora mismo: oraciones no respondidas, promesas no cumplidas, incertidumbres de la vida… pero aquel que conforta y cuida de cada una de tus necesidades las ve y las guarda.
Lo que sea que te esté reteniendo, ¿puedo animarte? Abre las compuertas de tu corazón y deja salir tus lágrimas, siéntate en silencio con el Señor y escucha. Escribe en un diario. O sal a caminar y ofrécele tus lágrimas a él. Sus brazos están abiertos y está esperando que vayas a él.

Amado Dios, gracias porque me creaste con conductos lagrimales y todo lo demás. Protégeme de esconder mis emociones por miedo de lo que otros puedan pensar. Dame el valor para llorar, sabiendo que estarás disponible para confortar y consolar mi corazón en todas las circunstancias de la vida. Tu amor nunca falla y por eso estoy muy agradecida. En el nombre de Jesús, amén

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Reflexionar y responder:

¿Llorar era algo aceptable en tu familia cuando eras pequeña y mientras crecías? Reflexiona sobre las maneras en que se ha formado tu perspectiva sobre el llanto en base a tu educación.
¿Qué es lo que no te permite expresar tus emociones completa y libremente frente a tus seres queridos? Pídele a Dios que te muestre lo que bloquea o dificulta tu habilidad para ser vulnerable.

Versículos poderosos:
2 Corintios 1:3-4, “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.” (NVI)

Salmo 62:8, “Confía siempre en él, pueblo mío; ábrele tu corazón cuando estés ante él. ¡Dios es nuestro refugio!” (NVI)

© 2012 de Ali Smith. Todos los derechos están reservados

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.
Wendy Bello, editora
Judith Hernández
Ana Stine
Natasha Curtis
Waleska Nickerson
Veronica Young
Karina Córdova


lunes, 2 de julio de 2012
Samantha Reed

“La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” Hebreos 11:1 (NTV)

Lectura:

Fue un año difícil. Tan difícil como para romperme el corazón.

Un sueño que había abrigado por diez años se desvaneció. Esta esperanza no era un capricho pasajero. Era una promesa que fervientemente había creído provenía del Señor.

Mantenerme en el camino y continuar creyendo por tanto tiempo fue extenuante. Y emocionante. Aún así, en un momento mi sueño murió. Mi corazón se quemó y las cenizas parecían un lugar apropiado en el cual dejarme caer.

Triste y sin responder al apoyo ofrecido, me quedé ahí un largo, largo tiempo. Mis manos, vacías de esperanza, se llenaron de puñados de cenizas.

Yo sabía que me tenía que levantar, sólo que no podía reunir las fuerzas elusivas para hacerlo. El dolor era la única emoción que sentía naturalmente, el pesar era cómodo.

Aún así sabía que la autocompasión significaría la muerte para mí también. Y esto es lo bueno: Dios también lo sabía. Él se arrodilló a mi lado, extendiendo una mano amiga. Él me prometió: Esto no es el fin. Dame las cenizas; Yo haré algo con ellas. Algo hermoso.

Él me dio este mensaje en cientos de formas. Pero no fue hasta que se quedó en silencio que yo lo escuché, en un concierto.

Apenas se notaba. Grabado permanentemente en el pie de la chica enfrente de mí, la curveada letra femenina contrastaba con la oscura tinta masculina: Belleza en lugar de cenizas.

Y ahí estaba Él. Nuestro Dios redentor y resucitado, diciendo su mensaje eterno una vez más.

Para mí. Para ti. Dame las cenizas; Yo haré algo con ellas. Algo hermoso.

Eso fue hace varios años. Me gustaría atarle a mi historia un lindo moño. Decir que abrí mis puños, que le di a Dios el hollín, que he sido una persona despreocupada desde entonces. Pero no lo haré. Porque no puedo.

Quiero ser realista. Y es real el hecho de que me ha tomado cada día entre aquel entonces y ahora poder ver cualidades redentoras de aquel momento en que se me rompió el corazón. Para ser honesta, aún no veo mucha belleza de tal devastación.
Pero como dije, quiero ser realista. Y es también real mi confianza, mi fe, en un Dios que hace posible una vida que vale la pena vivir. Cuando no puedo manejar mis emociones o cuando mi mente se llena de preguntas, yo permanezco comprometida a…

Confiar en su Palabra, a pesar de las circunstancias. Creer que él es un Creador creativo. Tener esperanza en lo que no puedo ver.

Yo continuaré buscando su bondad, nuestro firme cimiento, aún si viene de un montón de cenizas. Porque sinceramente lo más maravilloso que he visto en estos años, y en medio de este dolor, es un Dios fiel. Uno que apoya. Uno que redime todas las cosas. Uno que crea obras de arte a partir de la mugre. Un Dios que tomó la situación más desesperada y la muerte final, y resucitó la esperanza.

Resucitó nuestra esperanza: Jesús.

Y esa es la chispa que necesitamos para crear un nuevo fuego en nosotras. Dame las cenizas; Yo haré algo con ellas. Algo hermoso.

Amado Dios, no puedo ver cómo algo bueno puede salir de mi dolor. Pero tú eres mi Creador creativo y yo sé que tú puedes crear obras maestras a partir de la mugre. Hoy vuelvo a comprometer mi esperanza y mi fe en ti, y alzo mi vista hacia ti. Gracias por arrodillarte a mi lado tan fielmente. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:

¿Has elegido quedarte mirando a las cenizas, en lugar de mirar a Dios? Este podría ser el día en que le das las cenizas para que él haga algo con ellas. Algo hermoso.

Lo más bello que podemos ver en tantos años pesados y llenos de dolor es un Dios fiel. Uno que apoya, uno que redime todas las cosas. Uno que crea obras maestras a partir de la mugre.

Versículos poderosos:

2 Corintios 1:3-4a, “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones…” (NVI)

Salmo 3:3-4, “Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo; tú eres mi gloria; ¡tú mantienes en alto mi cabeza! Clamo al Señor a voz en cuello, y desde su monte santo él me responde.” (NVI)

© 2012 de Samantha Reed. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

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Judith Hernández
Ana Stine
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