sábado, 11 de mayo de 2013



 "Bendice, alma mía, al SEÑOR, y bendiga todo mi ser su santo nombre... el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión..."
Salmo 103:1, 4 (LBLA)
         
Lectura:

Un día mi empleadora, la mejor jefa del mundo, organizó nuestra reunión trimestral en un salón de belleza del barrio. A medida que me raspaban las callosidades de los pies, también se me ablandaba el corazón, y las noticias de nuestra empresa tomaron un segundo plano ante las noticias de la vida de una mujer.  Estaba sentada al lado de Brenda, una compañera de trabajo que siempre atrae mi interés. Conversamos y nos reímos a medida que poníamos nuestras gastadas manos y ásperos pies en remojo.  El ambiente era relajado y nuestra conversación se tornó hacia la madre de Brenda, Lilian.

Brenda contó unas tras otras sorprendentes historias acerca de los últimos días de Lilian dado que ella estaba postrada en una cama de un hogar de ancianos muriéndose de cáncer.  Su madre era un bastión de aliento y deleitaba a todos con encantadoras historias de su pasado y de la bondad de Dios a pesar de su decadente energía y del aletargamiento causado por los medicamentos para el dolor.  Mientras escuchaba a Brenda describir a esta valiente santa, me conmoví y decidí que ¡quería ser como Lilian cuando fuera grande! 

Aún atraía el interés de la gente a medida que ella luchaba con el deterioro de su salud, el abandono de su hogar y la pérdida de su libertad.  Con orgullo Brenda contaba acerca de la actitud positiva de su madre y cómo ella se negaba a quejarse aún en medio de su dolor y dificultad.  "Ella me enseñó todo acerca de cómo vivir,--dijo Brenda emocionada--y ahora me está enseñando a morir."

Al final de nuestra conversación, le pregunté a Brenda si su madre estaría dispuesta a hablar conmigo. Quería saber el secreto de la vida de esta increíble dama.  Brenda le preguntó a su madre si yo podía visitarla y Lilian aceptó.  Una tarde llegué y la encontré reclinada con tubos de oxígeno conectados a la nariz.  Se veía pequeña en la inmensa cama hospitalaria y su voz era tenue, pero en los ojos de Lilian brillaba una chispa de emoción ante la oportunidad de contar algunas de las historias de su vida.

Como en el caso de la mayoría de las mujeres su edad, la vida de Lilian había conocido tanto la alegría como la tristeza.  Había crecido con escasos recursos económicos y había sufrido económicamente durante unos cuantos años al principio de su matrimonio.  Se había casado a los 17 años y había tenido tres hijos en tres años.  El cuarto hijo llegó 14 años más tarde.  Si bien describió estos años como muy difíciles, no dejaba de hablar de su amor por su esposo, su feliz matrimonio y su regocijo muto por los hijos.

Sus mayores sufrimientos aparecieron más tarde en su vida cuando su amada madre fue violada a los 80 años de edad en su propio jardín.  Más tarde, en un hogar de ancianos, la madre de Lilian fue maltratada físicamente por un miembro del personal a pesar de que sus hijos la visitaban con frecuencia.  Pasaron muchos años y nuevamente la golpeó la tragedia.  Una noche helada, Lilian perdió a su nieta y biznieto en un terrible accidente automovilístico.

Durante estos difíciles momentos, Lilian se aferró a Jesús y sirvió a los que la rodeaban.  Nuestra conversación acabó con estas palabras suyas: "Durante todo lo que pasamos, sabíamos que nuestra fuerza provenía del Señor.  Cada vez que caíamos en el charco de barro, salíamos de un salto para caer en Sus brazos."  En una conversación enriquecida con recuerdos y sabiduría, Lilian describió una intimidad y cercanía con Dios que la sostenía y la obligaba a madurar a través de una vida colmada de pruebas y triunfos.  Saltar de un charco de barro para caer en Sus brazos es el tipo de confianza y exuberancia infantil que puede llevar a una mujer al final de sus días teniendo una relación con el Mismísimo Jesús aún vibrante y creciente. 

Poco después de aquella conversación, Lilian falleció pero su legado vive aún hoy día.  Fue una mujer con fe y resistencia increíbles. Una mujer que marcó el ejemplo para sus hijos, amigos, el personal del hogar de ancianos y para mí. Ella será siempre mi heroína.
                                                                                                                                   Amado Dios, deseo dejar un legado como el de Lilian.  Ayúdame a vivir una vida que dependa completamente de ti.  Levanto mis brazos hacia ti y salto sabiendo que Tú me atajarás. Límpiame del barro y abrázame.  En el nombre de Jesús, Amén.

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Segunda lectura: Ustedes, las que leen nuestras lecturas, han estado pidiendo más de una lectura a la semana. Gracias a Dios por nuestras voluntarias que las traducen, ahora podemos ofrecerles dos lecturas semanales. Esta lectura estará disponible los sábados en nuestra página. Es una bendición darles estas lecturas, pero esto implica un costo financiero. Así que tenemos una petición especial para este nuevo año; y aunque Dios siempre provee de maneras extraordinarias, en muchas ocasiones él usa a sus hijas para que otros tengan. ¿Quisieras ser parte de esta bendición, para que nuestro ministerio pueda alcanzar a muchas más mujeres, y contribuir con un regalo financiero? Tu donación, grande o pequeña, será de gran ayuda. Gracias.

Reflexionar y responder:
 Busca y escucha las historias de fe de una santa mayor.  ¡Será una bendición para ambas! 

¿Cuál es mi promesa cuando me "caí en el charco de barro"?

¿A quién puedo animar con las historias de la bondad de Dios y su suficiencia?

Versículos poderosos:
Salmo 116:7, "Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el SEÑOR te ha colmado de bienes." (LBLA) 

Salmo 116:13, "Alzaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del SEÑOR." (LBLA)


© 2013 de Amy Carroll. Todos los derechos están reservados

Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:
Van Walton. Directora del ministerio para latinas
Judith Hernández, la voz latina  
Ana Stine  
Natasha Curtis
Waleska Nickerson 
Veronica Young
Karina Córdova
Cony Villareal
Diana Torres
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