sábado, 19 de octubre de 2013

Sharon Glasgow


“Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro. Clamo al Dios Altísimo,  al Dios que me brinda su apoyo.” Salmo 57: 1-2 (NVI)

Lectura:
Colgué el teléfono, devastada por las cosas que la otra persona había dicho del otro lado de la línea. Todo  estaba bien hasta la llamada y ahora mis pensamientos amenazaban con ahogarme en la desesperación. No podía hacer nada, limpiar, cocinar, organizar los papeles, ni siquiera hablar. Estaba paralizada por el miedo. 
Desesperadamente corrí y abrí mi Biblia. Allí  busqué en la concordancia referencias sobre la paz. Encontré varias y comencé a repetirlas en voz alta con tremenda urgencia.  Oré a Dios que refrescara mi mente con el poder de sus palabras.  Esto fue completamente asombroso. Como siempre lo es.  Él refrescó mi mente sobrenaturalmente. Las circunstancias no habían cambiado, y ni una sola persona terrenal había acudido a  consolarme. Hablé con el Rey del Universo y Él ministró mis pensamientos con el poder de su Palabra.  
Comencé a llorar, pero esta vez no fue de desesperación. Lloraba asombrada por lo que Dios había hecho por mí en ese momento de confusión y desesperación.  Sorprendida y maravillada por la paz que depositó en mí en ese momento, recordé a Jeremías, y podía entender ahora cómo se sentía, en medio de su desesperación, hasta el nivel de no querer recordar ni siquiera el día de su nacimiento. 
En medio de sus angustiosos pensamientos, encontró la Palabra de Dios y la Palabra trajo gozo al corazón de Jeremías. Qué maravilloso poder tenemos también nosotras ahora en esa misma Palabra.
Sostuve la Palabra de Dios aquel día cerca de mi pecho y ella entró en mi alma. Caí de rodillas y di gracias a Dios por el poder de su Palabra en mí.  No puedo dejar de testificar el bienestar que Él me dio en medio de mi aflicción, a través del poder de su Palabra.
La próxima vez que tengas una  llamada de emergencia emocional,  ya sabes adónde acudir primero en busca de rescate.

Amado Dios, gracias por darnos la vida en un libro. Tu Palabra viene a nosotros de manera directa, al rescate, para liberarnos en medio de la desesperación. Eres digno de toda nuestra alabanza y honor. En el nombre de Jesús, amén

Recursos relacionados:
Cuando compras algún recurso a través de los Ministerios Proverbios 31 dejas una huella en la eternidad porque tu compra apoya las diversas esferas que sin costo alguno ofrece este ministerio para dar esperanza. Quisiéramos competir con los precios que ofrecen los enormes almacenes que venden en línea, pero sencillamente no podemos hacerlo. Por lo tanto, agradecemos muchísimo todas y cada una de las compras que hagas con nosotros. ¡Gracias!



Reflexionar y responder: 
¿Estás cansada porque tu vida últimamente se ha vuelto pesada y tormentosa?
¿Qué es lo primero que haces en circunstancias de temor?
Ve directamente a lo que ahora sabes. Te proporcionará ayuda en esos momentos.  La palabra de Dios.  La Biblia.
Ve a tu librería cristiana y cómprate una Biblia que tenga concordancia y muchos espacios libres para que puedas escribir en ella. 
Comienza a leer la Biblia como tu fuente de esperanza. Escribe tus pensamientos. Márcala con las promesas de Dios. Escribe versículos en tarjetas y memorízalos para usarlos en momento de necesidad y angustia. Recuerda que la Palabra de Dios es lumbrera a tus pies, luz en tu camino.
Depender de la palabra de Dios es como el oxígeno que necesitamos para vivir.
Versículos poderosos:                                                                                                
Hebreos 4:12, “Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.” (NVI)

Jeremías15:16, “Al encontrarme con tus palabras, yo las devoraba;  ellas eran mi   gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, Señor, Dios Todopoderoso.”(NVI)

Salmo 119:103, “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca!” (NVI)

Salmo 119:107, “Señor, es mucho lo que he sufrido; dame vida conforme a tu palabra.”(NVI)
© 2013  de Sharon Glasgow. Todos los derechos están reservados.  

   y las que traducen las lecturas:
     Ana Stine  
     Waleska Nickerson 
     Karina Córdova
     Cony Villareal

Van Walton. Directora del ministerio para latinas




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