miércoles, 20 de octubre de 2010
por Shari Braendel                                                                                                  Miembro del Equipo                                                                                                  de conferencistas
de Proverbios 31,
Ministerios para la mujer

Versículo clave:

Salmos 147:3, "[El Señor] sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas." (LBLA)

Lectura:

Algunas de mis amigas hace poco me confiaron sus historias de heridas del pasado que aún duelen. Una dulce amiga mía me contó que lleva más de 20 años trabajando para tratar de curar las heridas que le causaron unas duras palabras. "Mi madre siempre pensó que yo era gorda y siempre me llamó su elefante. Constantemente me comparaba con mi hermana que era mucho más delgada que yo. Hasta llegó a acusarme de bulímica, lo que a la temprana edad de 13 años resultó ser como un puñetazo."

Mi otra amiga contó, "La amiga de mi mamá me preguntó cómo se sentía tener una hermana que era tan bella y luego dijo que debería ser difícil tener que crecer a su lado, tan hermosa y delicada, y yo no siendo así." Yo no era gorda; solo es que tenemos estructuras corporales completamente distintas. Recuerdo haberme quedado sorprendida de que alguien realmente me haya dicho eso y me pregunté POR QUÉ me lo había dicho. Ese único comentario me definió durante muchos años y hasta el día de hoy duele cuando pienso en ello."

Heridas de belleza. Cada una de nosotras las tiene. Algunas causan un dolor increíble y otras son como un desagradable pellizco que nos molesta de vez en cuando; de todas formas, todas ellas duelen.

Hay muchas cosas que deben ocurrir para curar lo profundo del alma y asegurarnos de que no caigamos en el hábito de repetir esta conducta hacia nuestros seres queridos e incluso aquellos a quienes no conocemos bien.

Es importante ofrecer la gracia y el perdón a aquellos que nos han herido. Sé que esto es más fácil de decir que hacer, pero con Cristo es posible. Con frecuencia, el que nos causó dolor no tiene la menor idea de la herida que causaron en nuestro corazón. A menudo me pregunto a quién pude haber herido sin darme cuenta, y espero y rezo que me perdonen por mis desconsiderados actos.

La Biblia nos dice que las palabras son muy poderosas, pero también lo son nuestros pensamientos. Con frecuencia le atribuimos demasiado valor al diálogo que ensayamos en nuestra mente de las heridas del pasado. Le ponemos atención a los pensamientos hirientes que una y otra vez pasan por nuestra mente como un disco rayado. Cada vez que se nos cruza uno de esos pensamientos, debemos detenerlo y apoderarnos de él. Tenemos que reemplazar el pensamiento hiriente de inmediato con algo más poderoso y cariñoso.

Una cosa que me ha ayudado a mí es tener versículos bíblicos listos en la mente para aniquilar a esos dañinos juegos mentales. Por ejemplo, cuando se me cruza un pensamiento crítico acerca de mi apariencia o peso, trato de identificarlo e inmediatamente digo, "Entonces el rey deseará tu hermosura; inclínate ante él, porque él es tu señor" (Salmos 45:11 La Biblia de las Américas).

Quiero animarte a no permitir que en tu corazón moren los pensamientos feos. Dios es grande y Él está loco por ti. Para Él eres un tesoro muy preciado. ¡Él no cometió errores al crearte! Amiga mía, le pido a Dios que creas y te afirmes a esta verdad. Ya que hay algo que sé con toda seguridad, y es que Jesús vino a sanar a los quebrantados de corazón y a vendar cada una de nuestras heridas, incluso las heridas de belleza.

Amado Dios, sé que tú ves lo más profundo de mi corazón y sabes las mentiras y palabras que aún me atormentan y me hieren. ¿Puedes por favor quitar el dolor? Sáname y ayúdame a aceptar y entender que Tú no cometiste errores cuando me creaste, sino que me hiciste perfectamente maravillosa. En el nombre de Jesús, Amén.

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Pasos para la aplicación:

1. Imprime Salmos 139:13-14 y pégalos en tu espejo. Que te sirvan de recuerdo diario de que le perteneces a Dios. Léelo todos los días hasta que sea lo que escuchas dentro de tu mente y tu corazón.

2. Ruégale a Dios que te ayude a perdonar a aquellos que te causaron dolor.
3. Elige hoy comenzar el proceso de saneamiento.

Puntos para reflexionar:

¿Estarías dispuesta a ofrecer el perdón que otra persona pueda necesitar de ti si tú estuvieras en esa misma situación?

¿Hay algún momento en el que recuerdes haber sido perdonada ya sea que lo hayas merecido o no? Hay libertad en el perdón que afecta a todas las partes.

Versículos que te darán fuerza:

Génesis 1:27, "Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (LBLA)

2 Corintios 6:18, " ‘Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas,’ dice el Señor Todopoderoso.” (NIV)

Salmos 139:13-14, "Dios mío, tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre. Tú fuiste quien formó cada parte de mi cuerpo. Soy una creación maravillosa, y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro!” (TELA)

© 2010 de Shari Braendel. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora

Judith Hernández
Ana Stine  
Natasha Curtis
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