lunes, 6 de diciembre de 2010
por Rachel Olsen                                                                                                Miembro del Equipo de conferencistas
de Proverbios 31, Ministerios para la mujer

1 Pedro 1:3 “¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva.”  (NVI)


Lectura:

Hay un momento que me da pavor cuando voy al médico para un examen físico. No es ponerme ese papel rectangular de seda que erróneamente llaman "vestido". No es que me pinchen el dedo para los exámenes de sangre, aunque eso me impresiona bastante. Es el momento justo después que la enfermera finaliza sus preguntas, agarra su tablilla con sujetapapeles y anuncia que el médico estará conmigo en breve. Cierra la puerta detrás de ella y me deja sola.

Ya sé lo que va a decir sobre mí; lo he leído antes. Va a decir que yo no estoy a la altura de las circunstancias. Que yo no estoy alcanzando mi potencial. Que yo no igualo mi ideal. Como el gráfico de estatura/peso que declara el peso perfecto para mi estatura…y me sobran unas cuantas libras.

No ofrece misericordia. No brinda ninguna gracia. No tiene en cuenta los años que tengo, cuántos bebés he tenido o el hecho de que mi esposo puede comer tres platos de comida cada noche sin ganar una onza. Exige perfección.
Hace unos años escuché un versículo que parecía ser el equivalente bíblico del gráfico de estatura/peso. Un solo versículo para medir mi valor y alimentar mis expectativas de perfección: "Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto"(Mateo 5: 48, NVI).

Pensé que este versículo justificaba que vistiera a mi familia con suéteres iguales a mediados de julio, para tomar la foto de la tarjeta de Navidad, porque yo tenía el corte de cabello perfecto. Pensé que justificaba el costoso tratamiento para blanquear los dientes porque tomo café y té, y se nota. Y pensé que sería mi defensa cuando enloquezco a mi familia con limpiar muy bien de toda la casa porque mi nueva amiga dijo que a lo mejor vendría de visita.

Aunque el versículo me vino bien cuando necesitaba justificar mi búsqueda de dientes perfectos, fotos perfectas o una casa perfectamente limpia, aumentó mi decepción, culpa y la aversión ocasional cuando mi vida, mi cuerpo o mi familia no coincidían con las nociones ideales en mi cabeza. En lugar de fomentar la perfección, alimentó mi autocrítica. ¡Sin dudas esa no era la idea de Jesús!
En los años desde que escuché el versículo he adoptado una convicción que dice así: Si Dios creó la vida, él solo puede definirla. Esta convicción me llevó a averiguar lo que Jesús quiso decir exactamente con "ser perfecto".
Mateo escribió este versículo. Y la palabra que él usó en el idioma griego antiguo significa algo un poco diferente que la definición inglesa del Sr. Webster. Aquí la palabra griega es teleos y que significa "completo, maduro, en desarrollo".

Las dos primeras partes de esa definición indican algo ya logrado, mientras que la tercera indica un proceso continuo. Así que esta perfección que Jesús nos receta ya está completa y aún así sigue en desarrollo. Completa en él; y todavía obrando en nosotros. ¡Se nos permite ser “una obra en construcción”!

Todas las partes de esta definición, sin embargo, se refieren a la madurez del carácter, en vez de a una figura perfecta, hogar inmaculado o la ejecución impecable de una tarea. A Jesús simplemente no le importa si hay polvo en nuestro tapete, una mancha en nuestros dientes, o un rasguño en nuestro coche. Él no está interesado en cómo nuestra colcha combina con nuestras cortinas; él está interesado en nuestra madurez espiritual. Jesús enseña que no podré encontrar mi valor en mi capacidad para llegar a mi peso perfecto o cumplir perfectamente con mi lista de tareas pendientes, sino en el hecho de que estoy aprendiendo a reflejar su carácter. Amablemente dar y recibir amor.

Esa es una buena noticia para una perfeccionista en recuperación. Además, como Juan escribe en 1 Juan 3:18-19 del mensaje: "Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él."

Amado Señor, ¡gracias por tu gracia! ¡Gracias por la misericordia! Gracias por capacitarme para ser como tú al someterme a tu palabra. Y gracias por no preocuparte por las motas de polvo o las camisas manchadas. Ayúdame a que no me importen tanto esas cosas y que enfoque mi corazón más en ti. En el nombre de Jesús, amén.


Pasos para la aplicación:

Pasa tiempo leyendo a través de los Evangelios, observa lo que era importante para Jesús y lo que no.

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¿Qué hago ahora?

Más recursos

Puntos para reflexionar:

¿Qué cosas a nivel de la superficie te han preocupado últimamente?

Si no es cuestión de carácter, olvídalo como algo imperfecto y descansa en la gracia de Dios hoy.


Versículos que te darán fuerza:

Filipenses 3: 8 - 9, “Todo eso lo he dejado a un lado, y lo considero basura, con tal de llegar a conocer bien a Cristo, pues no hay mejor conocimiento. Y quiero que Dios me acepte, no por haber obedecido la ley sino por confiar en Cristo, pues así es como Dios quiere aceptarnos.”

© 2010 de Rachel Olson. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.


Wendy Bello, editora

Judith Hernández
Ana Stine                                                                                                              Natasha Curtis
Waleska Nickerson

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