Amy Carroll
Miembro
del Equipo de Proverbios 31 Ministerios para la mujer
“A las
ancianas, enséñales que sean reverentes en su conducta, y no
calumniadoras ni adictas al mucho vino. Deben enseñar lo bueno y
aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser
sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus
esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios.”
Tito 2:3-5 (NVI)
Lectura:
Ella ni siquiera sabía que yo la estaba mirando. Algunas amigas me
habían dicho que una mujer en nuestra iglesia llamada Débora había
decidido no hablar nunca negativamente de su esposo. Aunque amo a mi
esposo verdaderamente y pienso que él es maravilloso, no es perfecto.
Me preguntaba qué de malo tenía quejarme de él con algunas amigas y
compañeras de trabajo que tenían mucho que decir de sus esposos.
El solo hecho de escuchar acerca del compromiso de Deborah desafió mi
corazón. Comencé a observarlos, a ella y a su esposo, en busca de
indicios de que eran diferentes. Y también comencé a escucharla
cuidadosamente para ver si ella realmente hacía lo que había prometido.
Y sí, realmente lo hacía, y los frutos de su fidelidad eran obvios.
Débora y Juan llevaban más tiempo de casados que yo. También
tenían tres hermosos hijos, pero actuaban como si todavía estuvieran en
su luna de miel. Su consagración no estaba manchada por la desconfianza
y la amargura que causan el corazón crítico y los labios quejumbrosos.
Yo no lo he logrado de manera perfecta, pero ahora me detengo a mí
misma cuando comienzo a “ventilar” o a quejarme acerca de mi esposo.
Pienso en cuán mal me sentiría si entrara en una habitación y lo
escuchara hablando mal de mí. Parece que las mujeres tienen más
problema en cuanto a esto, pero yo pienso que Dios nos está llamando a
tener un mayor autocontrol al respecto.
También he visto muchos frutos en mi matrimonio. Cuando hablo bien de
mi esposo, empiezo a pensar bien de él. Él tiene tantas virtudes. ¿Por
qué debo enfocarme en sus pequeñas imperfecciones? Alabar a mi esposo
entre mis amigas, ayuda a que mi amor por el crezca y eso siempre es
algo bueno. Además no tengo que preocuparme nunca más por algo que yo
pueda decir y que le puedan contar a él.
He llegado a creer fuertemente en algo que yo llamo “lo sagrado de
nosotros.” Nosotros tenemos un lazo que es más fuerte que
cualquier lazo que yo tenga con cualquier otra persona. Hay cosas que
solamente nosotros dos compartimos. Aunque me FASCINA HABLAR, no
necesito contarle todas mis cosas a todo el mundo.
Si hay problemas entre nosotros dos, siempre puedo confiarle todo mi
corazón a Dios, y la Escritura nos anima a hacer exactamente eso.
También he cultivado la amistad con algunas mujeres de Dios que dicen
la verdad y que aman a mi esposo tanto como me aman a mí. Ellas me
escuchan, me dan un consejo guiado por Dios y me dicen pronto si soy yo
la que está mal. Este tipo de mujeres son las únicas con las que
debemos compartir nuestros problemas cuando necesitamos alguien con
quien podamos orar y que nos ayude a resolver los problemas.
Decidamos tú y yo ser esa Débora entre nuestras amigas. Aun sin
saberlo, ella cambió muchos de los matrimonios en nuestra iglesia, para
bien. Yo deseo ser ese ejemplo de Dios para que el lazo entre mi esposo
y yo sea más fuerte día a día pero también para que el mundo vea la
diferencia y para que Dios sea glorificado.
Amado Dios, por
favor, ayúdame a controlar mi lengua. Necesito tu ayuda para alabar a
mi esposo en lugar de criticarlo o quejarme. En tiempos de crisis,
recuérdame venir a ti en primer lugar. Trae mujeres de Dios a mi vida
que se unan conmigo en este esfuerzo para que podamos animarnos unas a
o nosotras. En el nombre de Jesús, amén.
Pasos para la
aplicación:
Tenga cuidado con los temas que habla con sus amigas. ¿Qué tan a menudo
la conversación tiene que ver con criticar a los esposos? Detente a ti
misma cuando empieces a unírteles.
Cultiva amistades con otras mujeres que se han comprometido a hablar
positivamente de sus esposos y ríndanse cuentas entre sí con gentileza
y amor.
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¿Qué hago ahora?
Más recursos
Puntos para
reflexionar:
¿Cómo quiero que mi esposo hable de mí?
¿Me mantengo yo en el mismo nivel?
Versículos que te
darán fuerza:
Filipenses 2:14-15, “Háganlo todo sin quejas ni contiendas para que
sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una
generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas
en el firmamento.” (NVI)
Salmo 141:3, “SEÑOR, ponme en la boca un centinela; un guardia a la
puerta de mis labios.” (NVI)
Santiago 1:26, “Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su
lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada.” (NVI)
© 2011 de Amy Carroll. Todos los derechos están
reservados.
Wendy Bello,
editora
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Hernandez
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Curtis
Waleska
Nickerson
martes, 13 de septiembre de 2011
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