Glynnis
Whitwer
Miembro
del Equipo de conferencistas
de
Proverbios 31, Ministerios para la mujer
Pero Moisés rogó
al SEÑOR: “—Oh Señor, no tengo facilidad de palabra; nunca la tuve, ni
siquiera ahora que tú me has hablado. Se me traba la lengua y se me
enredan las palabras.” Éxodo 4:10 (NTV)
Lectura:
Cuando una mudanza movió a mi familia de un lado del país a otro, la
inseguridad me sorprendió. A pesar de ser una mujer segura en
muchas esferas de mi vida, de repente me sentía fuera de lugar y
cuestionaba mis habilidades.
No me malinterpretes. La gente era maravillosa y acogedora. Era solo
que me sentía tan diferente. Parecía como si todas las mujeres que
conocía estaban elegantemente vestidas y tenían un acento encantador.
Yo, por otro lado, vestía ropa casual, y de repente parecía que hablaba
con palabras monótonas y aburridas.
Pero eso no es todo. Dios me colocó en una situación de trabajo con
mujeres que tenían currículos y logros impresionantes, en
comparación con los míos. Estas mujeres también llevaban años
trabajando juntas. Conocían su propósito y parecían estar seguras de sí
mismas. Como una recién llegada, mi confianza temblaba cuando comparaba
mis experiencias y talento con el de ellas.
Con el tiempo, las diferencias aumentaban a medida que mis amigas
tenían más logros. Mis dones y talentos parecían insignificantes. Me
preguntaba cómo o por qué Dios usaría a alguien como yo, una mujer tan
simple e insignificante cuando hay muchas otras mujeres hermosas y
encantadoras tan cerca.
Aunque en mi cabeza había pensamientos de duda, Dios estaba dándole
fuerza a mi corazón con su verdad. Me estaba enseñando que su amor por
mí y mi potencial no estaba unido a mi desempeño. No importaba cómo
lucia mi “hoja de vida” o que nivel de “éxito” yo alcanzara.
Él quería que yo aceptara su amor, así como yo era. Esta verdad era un
grito de libertad para una mujer que se basaba en los logros, como yo.
Este cambio en mi vida no pasó de la noche a la mañana, pero mientras
aprendía que mi valor se encontraba en ser una amada hija de Dios, me
di cuenta de que Dios nunca me comparaba con nadie. Él no estaba
contando mis logros ni evaluaba mí impacto; simplemente estaba
interesado en lo que yo hiciera con lo que él me había confiado.
Después de años de descalificarme a mí misma, finalmente acepté que
Dios me creó única por una razón. La forma en que yo pensaba, mi
personalidad y mis talentos son herramientas para lograr el plan de
Dios para mí. Lo que yo veía como defectos, él lo veía como potencial.
Y entre más invertía en cómo Dios me hizo, más se glorificaba él y
mayor era mi impacto en el trabajo y en el ministerio.
La misma verdad es para todas las mujeres. Dios te diseñó
intencionalmente. Tú no eres como tu mamá, tu hermana ni como una amiga
por una razón. Tu vida y tu ministerio nunca serán como la vida y el
ministerio de la gerente que tú admiras, la directora de las mujeres de
tu iglesia ni a la vecina de al lado.
Y eso es algo bueno, porque Dios no quiere que seas como ellas. Él
quiere que tú seas TÚ.
El desafío hoy es liberarte de las expectativas que has puesto en ti
misma y explorar el plan maravilloso que Dios tiene para ti.
Descubra lo que yo descubrí: Todas tenemos algo que ofrecer.
Amado Dios,
Gracias por poner potencial en mí. Perdóname por descuidar mis dones y
mis talentos que tú me has dado o por desear tener las habilidades y
experiencias de alguien más. Ayúdame a abrazar tu diseño para mí, y a
explorar el plan increíble que tienes para mi vida. En el nombre de
Jesús. Amén.
Pasos para la
aplicación:
Toma tiempo esta semana para hacer una evaluación de tus talentos y tu
personalidad única. Enumera las formas en las que Dios te ha
hecho única.
Recursos
relacionados:
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Puntos para
reflexionar:
¿Por qué hay tantas mujeres insatisfechas con la manera en que Dios las
hizo? Busca más allá de la respuesta obvia.
¿Alguna vez en encontrado mi autoestima en algún logro o
responsabilidad y luego he perdido la habilidad de continuar con esa
responsabilidad? ¿Quizá me pasó por una mudanza, tener hijos o estar
enferma? ¿Qué me enseñó Dios a causa de ese dolor?
Versículos que te
darán fuerza:
Éxodo 4:11-12, “¿Y quién le puso la boca al hombre? —le respondió el
SEÑOR—. ¿Acaso no soy yo, el SEÑOR, quien lo hace sordo o mudo, quien
le da la vista o se la quita? Anda, ponte en marcha, que yo te ayudaré
a hablar y te diré lo que debas decir. (NVI)
1 Corintios 2:4-5, “No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y
elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe
de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de
Dios.” (NVI)
© 2011 de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están
reservados.
Wendy Bello,
editora
Judith
Hernandez
Ana Stine
Natasha Curtis
Waleska
Nickerson
Veronica Young
lunes, 19 de septiembre de 2011
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