sábado, 9 de noviembre de 2013

Micca Campbell


Lucas 15:7, "De la misma manera, hay más alegría allá en el cielo por una de estas personas que se vuelve a Dios, que por noventa y nueve personas buenas que no necesitan volverse a él." Lucas 15:7  (BLS)

Lectura:
¡Ah, el verano!  Me encanta esta época del año, cuando los días son largos y las noches cálidas y llenas de paz.  Es difícil lograr que mis hijos desistan de jugar y regresen a casa.  Recuerdo con nostalgia aquellos días cuando yo, de niña, jugaba también con mis vecinos.  Cada día era una nueva aventura.  Pero al atardecer, cada niño escuchaba el llamado de sus padres.
Mi papá me llamaba con un silbido.  No importa donde estaba yo, siempre podía reconocer su llamado.  Y apurada, me montaba en mi bicicleta y me dirigía a casa.  Al llegar, mi papá siempre me esperaba con una sonrisa y sus brazos abiertos.
Esto me recuerda de una historia bíblica sobre una oveja perdida.  Jesús reveló el corazón del Padre a través de esta historia.  Y él le preguntó a los que lo escuchaban, “Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?  (Lucas 15: 4, NVI)?  De la misma manera, nuestro Padre Celestial se preocupa por nuestro bienestar, sobre todo el de aquellos que se han desviado de la fé.
Un atardecer, cuando mi hijo tenía sólo seis años, lo llamé para que regresara a casa.  Cuando no regresó, mi esposo y yo salimos a buscarlo.  Como no lo encontrábamos, nuestros vecinos salieron a ayudarnos y luego, mi esposo decidió llamar a la policía.

Sentí que el cuerpo se me dormía y que mi peor pesadilla se había hecho realidad.
Unos minutos antes de que llegara la policía, una minivan se acercó a nuestra casa.  Al parar, mi esposo escuchó una vocecita que provenía desde el asiento de atrás.
“Aquí estoy, papi.”
Muy despacio y con temor, mi hijo salió del auto.  Pero mi esposo no estaba enojado.  Por lo contrario, al ver a nuestro hijo, lo abrazó y le dijo—una y otra vez—“¡Qué alegría que regresaste, hijito!
Quizá tu también, como mi hijo, te has desviado de la fe, pero en tu corazón hay una vocecita que dice, “¡Regresa a casa!”  Quizá temas que tu Padre esté enojado contigo.  No sabes que El te espera en el portón de su casa con los brazos abiertos, listo para darte la bienvenida.

Perdóname por haberme desviado del buen camino.  Deseo regresar a casa.  Lléname con tu amor y tu presencia para no volver a desviarme jamás.  Gracias por ser mi Padre. Te alabo, en el Nombre de Jesús, Amen.
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Reflexionar y responder:
No existe pecado demasiado grande o terrible que Dios no pueda perdonar.  Si tú escuchas su llamado, responde: “¡Sí!”  Dile al Señor que te arrepientes de tus pecados; involúcrate en una iglesia cristiana; lee tu Biblia y ora regularmente; comprométete a abandonar tu vieja forma de ser y a seguir los caminos del Señor de ahora en adelante.
¿Qué te impide regresar a casa?

¿Consideras aquellas cosas a las que te aferras mejores que lo que Dios te ofrece: libertad, gozo y paz?
¿Crees que nuestro Padre Celestial responderá a tu clamor de la misma manera en que tu padre terrenal lo haría?  Recuerda: “En el amor no hay temor, porque el amor perfecto echa fuera el temor. Dios es amor.”  (1 Juan 4:18)
¿Cómo han afectado tus decisiones tu vida?

¿Es hora de volver a casa?

Versículos poderosos:
1 Juan 1:9, "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad." (NVI)

Isaías 55:7, " Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos.  Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia.” (NVI)

Juan 10:27, "Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.” (NVI)

Salmos 91:15, "Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores." (NVI)

© 2013 de Micca Campbell. Todos los derechos están reservados.  
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