sábado, 30 de noviembre de 2013


Van Walton


“Enséñenselas a sus hijos y repítanselas cuando estén en su casa y cuando anden por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten.”  Deuteronomio 11:19 (NVI)

Lectura:

Recientemente yo hice una fuerte declaración. Mi amiga respondió. “¡Wow, realmente que eres apasionada!”

“¿No te sientes apasionada por ciertos temas?” Le pregunté.

Nuestra conversación inmediatamente comenzó a cambiar su rumbo, mientras conversábamos acerca de nuestras pasiones.

Hace pocos años, yo tuve que pagar el precio de mi pasión. Y me di cuenta no solamente del beneficio de continuar con mi entusiasmo, sino que también encontré una bendición en medio de la tormenta. 

Yo tengo una gran pasión por los niños, especialmente por su salvación. Yo crecí en un país rodeada por el abandono del tercer mundo. Vivir allí también me ofreció el lujo de tener contacto directo con misioneros.  Una combinación de embajadores de Dios, mas la pobreza financiera y espiritual me recordaban diariamente de la necesidad de Jesús en la humanidad.

Estoy segura que los misioneros que me animaban a visitar las comunidades remotas de las selvas de Sudamérica nunca se dieron cuenta del impacto en la vida de la pequeña niña americana. Sin duda, Dios los usó para plantar una semilla de cristianismo en mi corazón, llamándome a sembrar la semilla del amor de Dios.  

Cuando nacieron mis hijos, yo los comprometí a Dios. Yo le dije a Dios, “No estoy segura de que puedo ser una buena madre. No me gusta cocinar y no soy muy buena ama de casa. Pero yo te amo y yo sé que mis hijos estarían eternamente perdidos sin ti. Ayúdame a prepararlos para el día que se presenten delante de tu trono y den cuenta de sus vidas. Mi gran deseo para ellos es que puedan pasar toda la eternidad contigo.”

Años más tarde la tragedia nos golpeó.  Recibí la llamada a la que todos los padres le tienen temor. Mi hijo, estudiante en la universidad, había  sido admitido en la sala de emergencia. Yo me mudé al hospital y me convertí en su compañera de cuarto, no el sueño para un joven universitario. Durante nuestra primera semana como compañeros él tuvo uno de muchos roces con la muerte.

En la oscuridad de la noche Aaron admitió que había luchado con Dios sobre su vida  pero finalmente se dio cuenta, “¿Por qué no querría ir yo a un mejor lugar? Después de todo, el cielo es donde vive Dios” Y me dijo que no me preocupara por él, por que iría al cielo si se muriera.

Esas palabras llegaron como un gran consuelo que solo viene de la perfecta paz de Dios. La muerte tenía agarrado a mi hijo, pero Aaron ya estaba tranquilo en los brazos de mi Padre, Dios.  El mensaje del evangelio que había oído desde pequeño, nunca fue tan real para Aaron o para mí como en ese momento.

Nada de lo que le enseñamos a nuestros hijos importa si no los dirige a la gracia salvadora de Jesús.  Finalmente, Dios no llamó a Aaron a su hogar durante esa enfermedad. Yo estoy de acuerdo con Juan quien escribió: “No tengo yo mayor gozo que oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4 NIV). De eso yo estoy apasionada.

Padre, todos los niños merecen escuchar acerca de Tu amor. Yo oro por los niños del mundo para que tengan un adulto en el camino de Dios que tome el tiempo de presentarte a ti.  Gracias por enviar a Jesús a la tierra a enseñarnos el camino hacia Ti. En el Nombre de Jesús. Amen

Recursos relacionados:
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From the Pound to the Palace (De la perrera al palacio) DVD para niños usando la vida de un perrito para explicar la relación que tenemos con el Buen Pastor.


Reflexionar y responder:
Has un compromiso de pasar más tiempo diariamente guiando a tus hijos hacia Cristo.

¿Cuando le leo a mi hijo, incluyo historias de la Biblia?

Versículo poderoso:
Juan14:6, “ ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’ —le contestó Jesús—. ‘Nadie llega al Padre sino por mí.’ ” (NVI)

Marcos 10:14, “Jesús dijo, «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan!”


© 2013 de Van Walton. Todos los derechos están reservados.  
lunes, 25 de noviembre de 2013

Suzie Eller


 “No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor.” Romanos 12:19 (NVI)
         
Lectura:

No hace mucho hubo una redada en una carretera principal. Las autoridades descubrieron adolescentes, algunas de apenas 14 años, retenidas en contra de su voluntad. La industria del transporte de carga pesada estaba siendo usada como un medio para forzar a estas víctimas en una nueva forma de esclavitud moderna.

Esto no sólo lastima mi corazón, también me hace enojar. Sé sin duda que Dios considera a estas preciosas chicas amadas y valoradas, no como si fueran productos a la venta.

Esta redada fue un recordatorio de que la maldad existe alrededor del mundo. Lo vemos de muchas formas que siempre llaman la atención de las noticias, como el terrorismo o las balaceras masivas, pero también está escondida detrás de puertas cerradas. Está en todos los continentes y en nuestros propios vecindarios.

Mi respuesta emocional a estos tipos de maldad es fuerte. ¿Pero qué hay de nuestro padre celestial? ¿Lo ve él? ¿Le importa?

Sin duda, la respuesta es “sí”. Las escrituras nos dicen que la maldad es el resultado de la presencia del pecado en la naturaleza humana. Entonces, ¿cómo responde Dios a nuestro pecado?

La Biblia nos muestra que el corazón de Dios es para perdonar. Cuando buscamos perdón con un corazón arrepentido, Él nos lo otorga. No sólo eso, Dios nos pide que perdonemos el mal comportamiento de los demás. Su amor en nosotros nos da la habilidad para perdonar los errores humanos con humildad y compasión.

Aunque Dios sea presto a perdonarnos, el tono cambia cuando las escrituras hablan sobre el malvado, Satán. Jesús lo describió en Juan 10:10 como “[e]l ladrón [que] no viene más que a robar, matar y destruir”.

Todo pecado aflige el corazón de Dios, pero Él muestra un enojo justo sobre actos premeditados e incorregibles que intentan robar, matar o destruir a aquellos a los que Dios ama. La Biblia nos dice que Dios demandará justicia. De acuerdo a Romanos 12:19, “No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: ‘Mía es la venganza; yo pagaré’”.

Puede que creas que está en tus manos hacer que alguien pague por el mal que hay cometido. Añoras deshacerte de tu enojo y vivir en paz otra vez, pero te sientes encadenada al pasado, encadenada a la incapacidad de perdonar. No se siente bien perdonar algo que parece imperdonable. Cuando la maldad llega a tu casa, o impacta a tus seres queridos, puede que batalles con sentimientos de enojo y que en secreto quieras venganza. Puede que pienses que esto es algo que está en tus manos resolver.

Ahí es cuando el enojo justo de Dios interviene para completarnos. Cuando nos damos cuenta que Dios se enoja por nosotras, esto remueve un peso que no somos lo suficientemente grandes para poder cargar. Su enojo justo eclipsa nuestro enojo mientras nos deshacemos de Él y Dios lo remueve de nuestros corazones.

¿Le importa a Dios? La respuesta es “sí”. Y la razón por la que Él te pide que perdones no es para que absuelvas el pecado de la otra persona contra ti o para que digas que estuvo bien. Es para que tú, su valiosa hija, puedas vivir libre.

El enemigo cree que puede robarte la paz y la dignidad, pero al dejar tu enojo a Dios tú mantienes tu valor y tu calma en su lugar.

El enemigo quiere matar tu espíritu, pero tú puedes encontrar una fuente de vida renovada y encontrar libertad en el perdón.

El enemigo quiere destruirte a ti y a tu futuro, pero el poder redentor de Dios es liberado al dejar que Dios maneje la carga de enojo en vez de hacerlo tú. Con su ayuda, tú puedes perdonar lo imperdonable.

Amado Dios, tu enojo justo hacia la maldad eclipsa el dolor en mi corazón y me permite perdonar ya que tú eres recto en tu enojo por mí. Gracias por liberar mi corazón para que así yo pueda empezar a sanar. En el nombre de Jesús, Amén.

Recursos relacionados:



Lee 1 Pedro 5:8. ¿Cómo es descrito el enemigo?

¿Cómo  el contener nuestro enojo puede dejar a una persona indefensa?

Versículos poderosos:
Levítico 19:18, “No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.” (NVI)

Colosenses 3:13, “De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.” (NVI)



© 2013  de Suzie Eller. Todos los derechos están reservados.  
sábado, 23 de noviembre de 2013

Wendy Pope


“Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga" Salmos 51:12,  (NVI)

Lectura:

Por mi experiencia y hablando y ministrando a las personas te puedo decir con seguridad que es más fácil para muchos individuos aceptar el perdón de Dios por sus pecados que perdonasen a ellos mismos. Por alguna razón creemos que debemos castigarnos a nosotros mismos por los pecados que hemos cometido. Nos encarcelamos retirándonos y saliéndonos de todas las “actividades de Dios” por un periodo de tiempo hasta que nos sentimos redimidos y dignos de unirnos al “mundo cristiano”. Olvidamos que el beneficio de haber sido perdonados por Dios es vivir en libertad. Satanás nos quiere en el pleito de vivir en una vida de culpabilidad por nuestro pecado envés de vivir en la libertad del perdón. Cuando nosotros nos aferramos a eso que Dios ya ha perdonado, nos volvemos en unos creyentes ineficaces: sin poder para dar a conocer el evangelio de Cristo. Las palabras del himno “O, Que Canten Mil Lenguas” definen claramente lo que el perdón de Dios hace por los creyentes.


Él rompe el poder del pecado cancelado
Él libera al prisionero
Su sangre limpia al pecador
Su sangre fue dispuesta para mi


O querida amiga, el pecado pasado solo tiene el poder que tú le des.

En los Salmos, el rey David se da cuenta del poder que el pecado tiene sobre su vida. El clama a Dios en el Salmo 51 después del pecado de adulterio con Betsabe, y la muerte del esposo Usias. El le pidió a Dios exactamente lo que necesitaba para ser restaurado.


Yo no sé cual es la carga que tú llevas hoy, pero después de pedir su perdón, Dios no intenta que tú la retengas por más tiempo. Dios ya te ha perdonado y por medio del Espíritu Santo tú tienes el poder de perdonarte a ti misma y dejarlo ir. Uno de mis versos favoritos en la palabra de Dios es 2 Timoteo 1:7  leída en la versión Biblia en Lenguaje Sencillo, “Porque el Espíritu de Dios no nos hace cobardes. Al contrario, nos da poder para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir una buena vida cristiana.”

 No tengas miedo. Ten el poder. Lee y ora las palabras del rey David en el Salmo 51:10-12: “¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí! No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente.”  (LBLA)

No dejes que el poder de una memoria acusadora te robe el gozo y la libertad del perdón de Dios. Comprende la realidad de que Dios te ama y te ha restaurado por medio de Él mismo mediante la confesión y el conocimiento de ti.

Señor, hoy reconozco mi necesidad de ser libre de toda acusación de mi pecado pasado. Acércame a ti y lava todo mi pecado pasado de mi memoria para que yo pueda vivir libre y testificar tu gracia y tu poder. En el nombre de Jesús. Amen


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Reflexionar y responder:Busca y canta en voz alta las palabras del himno  Mil Lenguas Para Cantar. Memoriza la cuarta estrofa. Cada vez que la memoria acusadora del pasado regrese a tu mente canta o recita la estrofa cuatro.

¿Qué me mantiene lejos de vivir la libertad del perdón? 

¿Cómo cambiará mi vida a partir de hoy, después que Dios responda a mi oración del día? 

¿Hay alguien a quien yo necesito perdonar?

Versículos poderosos:                                                                                          

Salmos32:5, "Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado." (NIV)

Salmo 71:20," Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme." (NIV)

2 Corintias 5:21, " Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios." (NIV)


© 2013 de Wendy Pope. Todos los derechos están reservados.  
lunes, 18 de noviembre de 2013

Van Walton


Los sabios resplandecerán tan brillantes como el cielo y quienes conducen a muchos a la justicia brillarán como estrellas para siempre.Daniel 12:3 (NTV)

Lectura:

“Si solo supiera los planes de Dios para me vida, yo podría planear mi futuro”.

¿Alguna vez ha hecho esta declaración?  Pienso que todos nos preguntamos eso alguna vez en nuestra vida. Yo sé que yo lo he hecho.

He escuchado a los adolescentes decirlo cuando miran al futuro. Conozco jóvenes adultos que dicen lo mismo cuando están escogiendo una profesión. He tenido este debate con amigas cuando se dan cuenta de que el buen manejo del tiempo les permite unas horas extras cada semana. Otras madres y yo nos preguntamos lo mismo cuando nuestros hijos se van de casa. Sé que aquellos que están a punto de retirarse buscan los planes de Dios en esa nueva etapa de sus vidas.  

Entonces, ¿cuál es el plan de Dios para nuestras vidas? Si tú eres como yo, quieres detalles específicos, solo que no estoy segura de que el Señor siempre nos dé instrucciones paso a paso como lo deseamos.

Recuerdo una ocasión en mi vida en que le pedí al Señor que me diera dirección. Le pedí que me revelara adónde mudarnos.  Mi esposo y yo teníamos una opción, pero debíamos dar una respuesta rápidamente.

“Tengo que dar una respuesta a la oferta esta noche”, me dijo mi esposo.
Me pidió mantenerme en oración todo el día y que le respondiera a la hora de la cena.

Me senté en el comedor de mi casa a orar. Le expliqué al Señor lo que él ya sabía.

“Tenemos estas oportunidades. ¿Vamos a este lugar o al otro?”

Silencio.

“Queremos ir adonde tú nos guíes. ¿Adónde será?”         
                                                                                  
Silencio.

“Queremos honrarte.”

Silencio.

“Señor, ¿tú sabes que debemos dar una respuesta hoy? Estoy esperando que me respondas…”

Y me quedé sentada tan quieta como pude, tratando de ser paciente.

Dios nunca me respondió ese día adónde ir, pero me recordó que su plan para cada uno de nosotras es universal y a la misma vez único.

Mientras consideraba las dos alternativas que teníamos, recordé todas las veces que mi esposo y yo tuvimos que mudarnos. En todos los lugares en que vivimos el Señor nos brindó oportunidades únicas para servirle, y cada ocasión que tuvimos para ministrar llegó como parte de un mandato universal:

“Deja que tu luz brille, ámense los unos a los otros.”

El Señor nunca nos dijo específicamente que comenzáramos un ministerio, ni que sirviéramos como líderes de jóvenes, o que tuviéramos un estudio bíblico en nuestra casa ni que fuéramos mentores de jóvenes en un orfanato para jóvenes.
Comencé a darme cuenta de que Dios no me diría adónde ir.  Él tenía un mensaje para mí, que todavía hasta el día de hoy recuerdo, 27 años después:

“Realmente no importa dónde te encuentres. Tú estás en mí y yo en ti. Donde tú vivas, donde tú vayas, donde trabajes, encontrarás gente que me necesita. Preséntale al Padre de los cielos. Vive una vida que anime a otros a buscarme. Ama a todos. Enséñales a vivir. Usa tu vida, tus acciones y mi palabra. Esto es lo que puedes hacer donde quiere que vivas, aquí o allá. Recuerda: dondequiera que vayas, Yo estaré contigo. Dondequiera que vayas, llévame contigo, y deja que tu luz brille.” 

Como te dije antes, el Señor nunca me reveló adónde debía mudarme. Nosotros tomamos la decisión de llevar a Dios pidiéndole que usara nuestras vidas para llevar su luz a las vidas de otros.

¿Alguna vez te has preguntado cuál es el propósito de Dios para tu vida?

Sencillo… ¡brilla!

Amado Señor, tu palabra expone en detalle claramente tu plan para mi vida. Perdóname por querer conocer todos los detalles específicos antes de salir a reflejar tu gloria.  Quiero pasar mis días brillando como una luz en la oscuridad. En el nombre de Jesús, Amén. 

Nuestros recursos sugeridos:
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Reflexionar y responder:
¿Estoy usando la excusa de que “el Señor no me ha revelado el propósito para mi vida” para no servirle a él y a los demás?

¿Me he tomado el tiempo para conocer mis dones espirituales y así entender mejor el propósito de Dios para mi vida?

¿Estoy lo suficientemente familiarizada con la palabra de Dios como para poder vivir una vida que sea agradable a Dios?

Haz una lista de tus acciones y actitudes. ¿Quė cambios puedes hacer en tu vida para reflejar la gloria de Dios, brillando para que otros encuentren el camino al Señor?

Versículos poderosos:
Mateo 5:16, “De la misma manera, su conducta debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así las verán los demás y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo.” (BLS)

Filipenses 2:14-16,”Hagan todo sin hablar mal de nadie ni discutir por todo, para que no pequen ni nadie pueda culparlos de nada. En este mundo lleno de gente malvada y pecadora, ustedes, como hijos de Dios, deben alejarse de la maldad y brillar por su buen comportamiento. Nunca dejen de creer en el mensaje que da vida. Así yo podré estar orgulloso de ustedes el día que Cristo vuelva, y sabré que mi trabajo y mis esfuerzos no fueron inútiles.” (BLS)

  © 2013 de Van Walton. Todos los derechos están reservados.


sábado, 16 de noviembre de 2013


Glynnis Whitwer


"Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros  ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén."                                                                                                                              Efesios 3:20-21 (NVI)


Lectura:

Como una voluntaria del ministerio de los niños en mi iglesia, note un comportamiento similar en los hijos de los pastores y los empleados. Ellos caminaban con autoridad y confianza por todos los lugares de la iglesia. Tenían bien claro en sus mentes que, si su papá era el dueño del lugar en donde estaban, entonces ellos podían ir de un lugar a otro sin que nadie lo impidiera.

Entendía bien esta mentalidad ya que cuando fui una adolescente, mi mamá trabajaba como la directora de la oficina en nuestra iglesia pequeña.  Recuerdo, aunque era aun joven, que me sentía orgullosa del papel que desempeñaba mi mamá como directora. Me daba un sentido de confianza y autoridad.

Un niño pequeño adquiere confianza cuando se identifica con sus padres. Hoy, tú y yo, hijas del Dueño y el Rey del universo, podemos caminar a través de este mundo con confianza, porque nuestra identificación está con el Padre Celestial.

Como hijas del máximo Rey, tenemos el privilegio y acceso al trono de nuestro Padre con nuestras peticiones en oración, Pero todavía, por alguna razón, no utilizamos este recurso maravilloso.

De hecho, actuamos como huérfanos, con miedo de pedir mucho y ser codiciosos. Pero la verdad es que tenemos un padre quien “esta dispuesto hacer mucho más halla de lo que te puedas imaginar”  (Efesios 3:20 NVI). Aun Jesús nos dice en  Mateo 8:11, “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan”! (NVI)


Necesitamos pensar como reinas y ensenarles a nuestros hijos que piensen como reyes. Pero en realidad yo agregaría que requerimos pensar como las hijas del  Rey. Apremia estar convencidas de que Dios esta dispuesto hacer cualquier cosa por nosotros, 

No pretendo darle la mala impresión de que Dios es como un padre rico con un cheque en blanco. La escritura es clara en que si  pedimos de acuerdo a su voluntad, tendremos lo que hemos pedido.

Precisamos caminar con confianza y pedir sabiendo que nuestra identidad está fundada en ser amados por un generoso Padre Celestial quien nos escogió  para darnos cosas buenas y regalos maravillosos.

Padre celestial, gracias por escogerme a mi y  adoptarme dentro de tu familia.Tu amor es arrollador. Dame un corazón audaz y confiado, que viene de conocer mi identidad y ser amada por ti. En el nombre de Jesús. Amén

Recursos relacionados:



Reflexionar y responder:
Reflexiona si tu identidad y confianza están fundadas en tus propias habilidades, ó de tu relación personal con Dios. Identifica las áreas en tu vida en las cuales confías más en tus propias fuerzas. Decide entregar por completo estas áreas  y necesidades ante nuestro Padre Celestial.

Recuerda los tiempos en que Dios fue abundante contigo.

¿Qué es lo que más le pides a Dios en tus oraciones?

¿Crees que Dios responde a todas las oraciones con un sí?

¿Crees que hay alguna cosa que este interrumpiendo tus oraciones?


Versículos poderosos:
Salmo 89:1  " Oh Señor, por siempre cantaré  por todas las generaciones, proclamara mi boca tu fidelidad." (NVI).                      
Mateo 7:7 "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá."  (NVI)

Mateo 7: 8-11, “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” (NVI)

2 Corintios 8:9, "Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos." (NVS)



© 2013 de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.  
lunes, 11 de noviembre de 2013


Nicki Koziarz


“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo.” Colosenses 3:23 (NVI)
         
Lectura:

Por años he soñado con escribir un libro. No para ver mi nombre en una portada o para obtener beneficio personal, sino porque quiero que otros vean la fidelidad de Dios. La mayoría de los días estoy motivada para no aflojar, pero otros días es difícil mantener mi energía y vigor.

Recibir otra carta de rechazo me afecta. Me siento atropellada por un comentario hiriente en mi blog. O me ataca la derrota, haciendo que desee renunciar.

Pero creo que esto es un llamado de Dios. Estas son palabras que él me confiado. Un libro que él me ha pedido que escriba para contar a otros de su bondad. Así que trato de empujar estos pensamientos negativos fuera de mí. Colosenses 3:23 me inspira para que con fe persevere cada día: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo.”

¿Quizá esto te suene familiar? Por cada paso que das para cumplir con tu llamado, algo más te hace regresarte un metro. Como una persona que ya ha pasado por ahí, que se encuentra en esa situación actualmente, ¿puedo animarte a perseverar?

Estos son cinco hábitos que he descubierto que caracterizan a una mujer que no se rinde:

1. Se levanta cada mañana y continúa con sus compromisos a pesar de cómo se sienta.

Sus pies están fuertemente ubicados en las tareas del día. Aunque renunciar parezca ser una opción, se rehúsa a convertirse en una persona con la que Dios o los demás no puedan contar. Su corazón entiende que ella tiene que ser fiel en las cosas pequeñas para que le puedan ser confiadas cosas grandes. “El que es honrado en lo poco, también lo será en lo mucho…” (Lucas 16:10, NVI)

2. Se acerca a la palabra de Dios con reverencia.

Ella abre la palabra de Dios y cada día cree que él tiene un mensaje personal para ella. Escucha sermones y enseñanzas. En vez de pensar automáticamente en la amiga que necesita oír ese mensaje, ella sabe que ahí hay algo para ella. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia” (2 Timoteo 3:16, NVI)

3. Anhela la gracia del refinamiento en lugar de la gracia del alivio.

Ella no tiene motivos ocultos ni segundas intenciones cuando se enfrenta al refinamiento. De hecho, ella anhela la gracia del refinamiento en vez de la gracia del alivio porque confía en la forma en la que Dios usará esta temporada de crecimiento. Ella acepta la perspectiva que las personas que siguen a Dios le ofrecen en situaciones difíciles, y acoge el proceso de mejorar mediante sus errores. “Atiende al consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio.” (Proverbios 19:20, NVI)

4. Elige invertir en el mundo con alegría.

Aunque la vida se ponga en su contra, ella elige no corresponderle. En su lugar, se esfuerza en ser emocionalmente generosa hacia los demás al invertir en ellos con alegría. Como resultado, cuando la oscuridad amenaza con acercarse, ella puede fácilmente  ahuyentarla dando alegría. “Gran remedio es el corazón alegre.” (Proverbios 17:22a, NVI)

5. Tiene un espíritu de determinación inquebrantable.

Aunque algunos días se sienta un poco (o mucho) como que se dobla, ella nunca deja que esto rompa su perseverancia hacia las cosas que Dios le ha asignado. En medio del rechazo, ella prospera al sostenerse fuertemente en este verso: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.” (Salmo 51:10, NVI)

Aunque no he dominado todos estos hábitos aún, estoy trabajando en ellos. Y cada día puedo ver algo de progreso, en mi perseverancia, esperanza, y en mi manuscrito.

¿Qué hay de ti? ¿Cuál es el llamado que Dios te ha dado? Empieza por adoptar uno de estos hábitos hoy y compromete tu trabajo al Señor.

Señor, gracias por llenarme con propósito, fe y determinación. Ayúdame a seguir haciendo el trabajo que me has dado. Amén.

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¿Te has dado por vencida en algún llamado o tarea que Dios te haya dado? ¿Por qué?

¿Qué habito puedes elegir para empezar hoy y qué pasos tomarías para empezar a trabajar para el Señor?

Versículos poderosos:
Eclesiastés 9:10a, “Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño.” (NVI)


© 2013  de Nicki Koziarz. Todos los derechos están reservados.  
sábado, 9 de noviembre de 2013

Micca Campbell


Lucas 15:7, "De la misma manera, hay más alegría allá en el cielo por una de estas personas que se vuelve a Dios, que por noventa y nueve personas buenas que no necesitan volverse a él." Lucas 15:7  (BLS)

Lectura:
¡Ah, el verano!  Me encanta esta época del año, cuando los días son largos y las noches cálidas y llenas de paz.  Es difícil lograr que mis hijos desistan de jugar y regresen a casa.  Recuerdo con nostalgia aquellos días cuando yo, de niña, jugaba también con mis vecinos.  Cada día era una nueva aventura.  Pero al atardecer, cada niño escuchaba el llamado de sus padres.
Mi papá me llamaba con un silbido.  No importa donde estaba yo, siempre podía reconocer su llamado.  Y apurada, me montaba en mi bicicleta y me dirigía a casa.  Al llegar, mi papá siempre me esperaba con una sonrisa y sus brazos abiertos.
Esto me recuerda de una historia bíblica sobre una oveja perdida.  Jesús reveló el corazón del Padre a través de esta historia.  Y él le preguntó a los que lo escuchaban, “Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?  (Lucas 15: 4, NVI)?  De la misma manera, nuestro Padre Celestial se preocupa por nuestro bienestar, sobre todo el de aquellos que se han desviado de la fé.
Un atardecer, cuando mi hijo tenía sólo seis años, lo llamé para que regresara a casa.  Cuando no regresó, mi esposo y yo salimos a buscarlo.  Como no lo encontrábamos, nuestros vecinos salieron a ayudarnos y luego, mi esposo decidió llamar a la policía.

Sentí que el cuerpo se me dormía y que mi peor pesadilla se había hecho realidad.
Unos minutos antes de que llegara la policía, una minivan se acercó a nuestra casa.  Al parar, mi esposo escuchó una vocecita que provenía desde el asiento de atrás.
“Aquí estoy, papi.”
Muy despacio y con temor, mi hijo salió del auto.  Pero mi esposo no estaba enojado.  Por lo contrario, al ver a nuestro hijo, lo abrazó y le dijo—una y otra vez—“¡Qué alegría que regresaste, hijito!
Quizá tu también, como mi hijo, te has desviado de la fe, pero en tu corazón hay una vocecita que dice, “¡Regresa a casa!”  Quizá temas que tu Padre esté enojado contigo.  No sabes que El te espera en el portón de su casa con los brazos abiertos, listo para darte la bienvenida.

Perdóname por haberme desviado del buen camino.  Deseo regresar a casa.  Lléname con tu amor y tu presencia para no volver a desviarme jamás.  Gracias por ser mi Padre. Te alabo, en el Nombre de Jesús, Amen.
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Reflexionar y responder:
No existe pecado demasiado grande o terrible que Dios no pueda perdonar.  Si tú escuchas su llamado, responde: “¡Sí!”  Dile al Señor que te arrepientes de tus pecados; involúcrate en una iglesia cristiana; lee tu Biblia y ora regularmente; comprométete a abandonar tu vieja forma de ser y a seguir los caminos del Señor de ahora en adelante.
¿Qué te impide regresar a casa?

¿Consideras aquellas cosas a las que te aferras mejores que lo que Dios te ofrece: libertad, gozo y paz?
¿Crees que nuestro Padre Celestial responderá a tu clamor de la misma manera en que tu padre terrenal lo haría?  Recuerda: “En el amor no hay temor, porque el amor perfecto echa fuera el temor. Dios es amor.”  (1 Juan 4:18)
¿Cómo han afectado tus decisiones tu vida?

¿Es hora de volver a casa?

Versículos poderosos:
1 Juan 1:9, "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad." (NVI)

Isaías 55:7, " Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos.  Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia.” (NVI)

Juan 10:27, "Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.” (NVI)

Salmos 91:15, "Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores." (NVI)

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