miércoles, 30 de junio de 2010
de Marybeth Whalen
Miembro del Equipo de conferencistas
de Proverbios 31, Ministerios para la mujer


Versículo clave:

"Y El les dijo*: ¿Cuántos panes tenéis? Id y ved. Y cuando se cercioraron le dijeron*: Cinco, y dos peces." Marcos 6:38 (LBLA)

Hoy lee el capítulo entero. Escribe el versículo. Memorízalo


Lectura:

Eché un vistazo al reloj que se encuentra en la esquina inferior de la pantalla de la computadora. Eran las 6:47 de la tarde y el correo electrónico había sido enviado hacía ya varias horas. Me sentí mal por no haberme fijado si tenía mensajes de correo electrónico esa tarde, y me arrepentí de no haber podido responder a la súplica de mi amiga pidiéndome que orara por ella mientras se preparaba para compartir su testimonio con un pequeño grupo de la iglesia. Le dí una vista corrida una vez más al mensaje y noté que ella tenía que supuestamente empezar a las 6:30. Sintiéndome un tanto tonta, le envié una respuesta rápida diciendo:

"Querida Karen, son las 6:47 y estoy orando para que tu testimonio encuentre eficacia en los corazones de tus oyentes." No tengo la menor idea de por qué mencioné la hora, sentí que era lo que tenía que hacer. Creo que fue porque quería que ella supiera que hice lo que pude en cuanto pude. A la mañana siguiente encontré este mensaje:

"¡¡¡No lo puedo creer!!! Me dijeron que llegara a las 6:30 y que empezaríamos una vez que las mujeres pudieran ponerse cómodas con sus niños. La persona a cargo me pidió que empezara... ¡¡¡¡a las 6:47!!!!"

Hubo muchas veces en las que me encontré en una situación similar y no hice nada porque no podía hacerlo "bien". Me auto castigaba con ideas como: Si fuese mejor amiga hubiera orado inmediatamente cuando llegó el mensaje. Si fuese más organizada, me hubiera fijado si tenía mensajes antes. ¿Con cuánta frecuencia nos sentimos inadecuadas en lo que podríamos hacer como Cristianas? Deseamos que pudiéramos dar más, orar más intensamente, defender más ideas públicamente, ofrecer más tiempo. Y al final, por culpa de no poder hacer tanto como quisiéramos terminamos no haciendo nada. Porque no lo podemos hacer todo, terminamos sin hacer nada.

Al leer la respuesta de mi amiga, me alegré de haber hecho algo, tomando el poquito que tenía para ofrecer y entregándolo. Según mis horarios, llegué tarde, pero no según los horarios de Dios. Me perdí la oportunidad de orar por mi amiga antes, pero Dios, mediante un milagro, hizo que abriera el correo en el momento en el que ella estaba empezando y oré en ese momento.

En Marcos 6:35-44, Jesús hizo el milagro de alimentar a 5000 hombres. Los discípulos le dijeron que no tenían suficiente para alimentar a toda la muchedumbre. Ya estaban por darse por vencidos. Me encanta la pregunta que les hizo en el versículo de hoy "Bien, ¿pues qué tienen? Id y ved." Cuando le entregaron lo que tenían, Él pudo multiplicarlo más allá de lo se hubieran podido imaginar.

Muchas veces, me acerco y le digo lo mismo: "Solo tengo esta gotita... de dinero, de tiempo, de recursos, de energía.

Y Él me dice, "Trae lo que tengas. Eso es lo único que te pido. Yo me ocupo de aquí en más."
Por lo tanto te pregunto a ti, ¿cuál es la gotita que tu tienes para entregar? Quizá no puedas dar $1000. Pero podrías dar $10. Quizá no puedas comprometerte a entregar miles de horas para servir a la iglesia. Pero puedas servir por una hora una vez al mes. Quizá no te sientas cómoda hablando frente a una gran audiencia. Pero eres excelente en cuanto al compartir lo que Dios está haciendo en tu vida en forma individual. Quizá no puedas liderar un ministerio dedicado a la oración. Pero puedes orar por una amiga que lo necesita, aunque parezca tarde.

Deja que Dios tome tu poquito y lo transforme en mucho. Deja que Él tome tu 6:47 y lo transforme en la hora exacta.

Mi oración para hoy:

Amaado Dios, muéstrame cómo puedo responder cuando siento que no tengo lo suficiente. Ayúdame a ofrecer mi poquito en Tu nombre y observar como Tú lo multiplicas. Ábreme los ojos para identificar las veces en las que necesito ofrecer lo que tengo y dejar que eso sea suficiente, confiando en que Tú te ocuparás del resto. En nombre de Jesús, Amén.


Pasos para la aplicación:
Jesús te pregunta: ¿Qué tienes? Id y ved. Hoy pon tu atención en lo que tienes para ofrecer.
Recursos relacionados:

¿Conoces a Jesús?

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Puntos para reflexionar:
¿Cuáles son los obstáculos que te impiden decir que sí? ¿El temor? ¿El sentirte incapaz? ¿La inseguridad? ¿Cómo el hacer un poquito puede ayudarte a superar estos obstáculos?

Versículos que te darán fuerza:

2 Reyes 4:43, “Y su sirviente dijo: ‘¿Cómo pondré esto delante de cien hombres?’ Pero él respondió: ‘Dalos a la gente para que coman, porque así dice el SEÑOR:’ ‘Comerán y sobrará.’" (LBLA)
2 Reyes 4:44, "Y lo puso delante de ellos y comieron, y sobró conforme a la palabra del SEÑOR.” (LBLA)

© 2010 por Marybeth Whalen. Todos los derechos están reservados

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora
Judith Hernández
Ana Stine
Natasha Curtis
martes, 22 de junio de 2010
de Micca Monda Campbell
Miembro del Equipo de conferencistas
de Proverbios 31, Ministerios para la mujer


Versículo clave:

Isaías 41:9, "…tú, a quien tomé de los confines de la tierra, y desde sus lugares más remotos te llamé, y te dije: ‘Mi siervo eres tú; yo te he escogido y no te he rechazado.’ " (NVI)

Hoy lee el capítulo entero. Escribe el versículo. Memorízalo


Lectura:

Dado que me crié dentro del entorno de la iglesia, estaba bien familiarizada con el término ser llamado aunque su significado me interesaba muy poco. Sin embargo, una vez que sentí el llamado de Dios en mi propia vida, el término adquirió un nuevo significado. ¡La emoción que sentí fue casi temor! Al igual que Moisés, pensé en todo lo que me descalificaría para el ministerio.

Más tarde me di cuenta de que simplemente se trataba de excusas. El Dios que nos llama también nos equipa. En mi mente entendía esta verdad, pero el resto de m ser luchaba contra ese temor. Los pensamientos ansiosos me invadían la mente. Pensaba, ¿Escuché bien a Dios o esto se trata de una sensación de servicio que proviene de mis propios deseos de servir? A la larga, hallé la paz en las palabras de Pablo:

"Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, según la promesa de vida en Cristo Jesús" (2 Timoteo 1:1, LBLA)

Noté que Pablo recibió un llamado "por la voluntad de Dios". Eso significa que el ministerio no es algo que tu y yo elijamos. Dios hace la elección. Nosotros podemos elegir cualquier otra profesión del mundo, pero no el ministerio. Para ejercer el ministerio, tenemos que ser elegidas por Dios.

Según Billy Graham, la gente se dedica al ministerio por varias razones. La mayoría de ellos están agradecidos por su salvación. Otros tienen un deseo genuino de ayudar a otros. Muchos simplemente siguen los pasos de sus padres. Y algunos desean el respeto que viene con la profesión. Todas estas son buenas razones, pero la clave para que uno sienta paz entregándose al ministerio es saber que ha recibido un llamado de Dios.

Cada persona debería poder identificar un momento en el cual tuvieron la certeza de que Dios los llamó a una vida de servicio. Este es el primer paso para superar el temor. Esto se puede dar en una experiencia similar a la que Pablo tuvo en camino a Damasco, o bien, una creciente sensación de que Dios te ha apartado para Su servicio. Puede que se trate de una combinación de ambas. La importancia no está en el cómo recibiste el llamado sino en que lo recibiste. Una persona como esta no solo cuenta con la bendición de Dios sino también con la promesa de Su presencia y provisión. El segundo paso para superar el temor es confiar en que Dios compensará por lo que tu no tienes.

Moisés tenía dudas y temores en cuanto a su capacidad para ejercer el ministerio, pero Dios no tenía duda alguna. Sabía bien a qué se atenía cuando Él decidió llamar a Moisés. Y aún más, Dios sabía bien a qué se atenía cuando te llamó a ti, alguien de tu talla, tu corazón, tu personalidad, tu acento, tu historia, tus talentos, e incluso, tus defectos. Dios te miró de arriba a abajo y dijo, "¡Sí, ella será una buena socia!" Una persona que reconoce la realidad de esta afirmación entiende que no está trabajando para Dios sino con Dios. Hay una diferencia enorme.

El temor, la preocupación y la ansiedad son síntomas de duda. La duda con frecuencia indica que estamos depositando la confianza en nosotras mismas y no en Dios. Cuando confiamos en Dios para que Él haga lo que nosotras no podemos, nos estamos quitando el peso de encima y es Él quien lleva la carga. Entonces, al poner nuestra atención en Dios, vemos reflejado en Sus ojos el gran potencial que solo Él puede lograr si nos unimos a Él.

Por último, nos sentimos más seguras a través de la confirmación. Muchas veces, otros notan el llamado en tu vida o tu talento antes de que tú lo hagas. Acepta estos comentarios como una confirmación. Otras formas de afirmar tu llamado es mediante un consejero, mentor o pastor piadoso. Mi pastor jugó un papel muy importante en cuanto a la confirmación que yo recibí para el ministerio.

Otro modo de sentirse más segura es asistiendo a un congreso para escritoras y oradoras. Los Ministerios de Proverbios 31 ofrecen este tipo de congreso anualmente. El mismo se denomina She Speaks (Ella habla). Muchas han asistido y se fueron con la certeza de aceptar el llamado así como también equipadas con las herramientas necesarias para cumplir con el mismo.

Dios quiere que te sientas segura de Su plan y propósito para tu vida. Ya sea que recibas un llamado para servir en tu iglesia o para dedicarte de lleno al ministerio, no hay necesidad de temer. Puedes sentirte segura de que Dios te brindará todo lo que necesites.


Mi oración para hoy:
Amado Dios, no siempre reconozco lo que es evidente, tu provisión. Sin embargo, confío en que está allí para guiarme más allá de lo que pueda imaginarme. Hoy mismo dejo de lado mi temor y acepto lo que tu tengas para mí. Sé mi guía con claridad y seguridad. En nombre de Jesús, Amén.

Pasos para la aplicación:

Si no sabes cuál es tu propósito, busca a Dios y pídele que te ilumine. Luego espera y mantente atenta a las formas en las que Él pueda contestarte. Si sientes que Dios te ha llamado al ministerio, asegúrate de que hayas sido elegida por Él. Abandona tu temor y comprométete a Su voluntad. Luego, busca asesoría y guía de una persona piadosa. Por último, adquiere experiencia y capacitación asistiendo a She Speaks.

Recursos relacionados:

¿Qué hago ahora?

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Puntos para reflexionar:

¿Qué te está impidiendo servir a Dios con confianza? Identifícalo y entrégaselo a Él.


Versículos que te darán fuerza:

2 Corintios 9:8, "Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra." (LBLA)

1 Tesalonicenses 5:24, "Fiel es el que os llama, el cual también lo hará." (LBLA)

© 2010 por Micca Campbell. Todos los derechos están reservados.


Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora
Judith Hernández
Ana Stine                                                                                                               Natasha Curtis
lunes, 14 de junio de 2010
por Wendy Pope

“Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.” 2 Corintios 5:20 (NVI)

Hoy lee el capítulo entero. Escribe el versículo. Memorízalo

Lectura:

Presidente, Vicepresidente, Doctor, Pastor, Enfermera Registrada, Director Financiero, Especialista en Comunicaciones, Jefe del Departamento de Informática, Profesora, Alcalde, Directora...

Todos esos títulos son un trabalenguas. Estoy segura de que tú puedes añadir más a mi lista. A mí no me interesan mucho los títulos. Parece tonto, ¿verdad? La realidad es que cuando me dieron la responsabilidad de “Directora de Desarrollo” en el ministerio de Proverbios 31, la Directora Ejecutiva me dijo que cuando pusiera mi nombre necesitaba escribir mi título debajo de mi firma. Yo preferiría quedarme anónima, incluso cuando escribo estas lecturas. La verdad es que no me gusta tener un título. “¿Por qué todas no podemos quedarnos anónimas? Trabajamos para el mismo equipo, ¿verdad?”, pregunté. La respuesta que recibí a mi pregunta me hizo reconsiderar mi filosofía: “Un titulo conlleva credibilidad; implica autoridad.”

Tuve que orar por esta situación. Batallé con el “asunto del título” y le pedí a Dios que me ayudara a aceptar esto con gracia. Mientras pasaba mi tiempo con el Señor una mañana, él me recordó por medio de su Palabra que ya tengo un título, el título supremo. “Embajadora.” Por encima de todos los demás títulos, soy embajadora de Cristo. ¡Vaya! Yo no sé cómo esto te cae a ti, pero para mí fue, y todavía es, algo abrumador. Me tuve que preguntar: “¿Qué es un embajador?”

El diccionario dice que un embajador es un representante de lo más alto. La segunda parte del versículo para hoy dice que un embajador de Cristo tiene el privilegio de ser usado por Dios para hacer un llamado al mundo. ¿No es esto magnífico? Cuando aceptamos el regalo gratis de la salvación por la fe en Jesucristo, nos convertimos en sus embajadoras ante el mundo.

Lo que me encanta de ser una embajadora de Cristo es que mi desempeño en el trabajo hecho en el pasado no afecta mis oportunidades para servir. Mi nivel de escolaridad no importa, aunque es fundamental que me eduque en el conocimiento de su Palabra. Aprender su Palabra es clave para que a través de mí, Dios haga su llamamiento al mundo. Me encanta que como embajadora de Cristo, nadie me puede discriminar por mi edad, raza, denominación o género.

El titulo de embajadora de Cristo da credibilidad y a la misma vez implica autoridad. Tenemos la credibilidad de hablar con autoridad sobre la grandeza de Dios y su poder. También tenemos el amor y el gozo de servirle mientras llevamos su yugo. Es por medio de nosotros que Dios hace un llamado a un mundo perdido y que perece.
Todavía me estoy acostumbrando a mi título de Directora de Desarrollo, pero entiendo que la credibilidad y autoridad que implica ayuda a que Cristo alcance a muchas mujeres mediante el ministerio de Proverbios 31. ¿Puede Dios hacer un llamamiento a través de ti?

Padre, hoy te pido que me ayudes a vivir una vida digna de mi llamamiento. Es imposible ser tu embajadora sin que tu Espíritu Santo me dirija a cada paso. Guíame, rey eterno. En el nombre de Jesús, Amén.

Pasos para la aplicación:

Haz tres columnas en una hoja de papel. En la primera escribe una lista de todos tus títulos. En la segunda escribe “sí” o “no” para indicar si Dios te está usando como su embajadora en dicho papel. En la tercera columna, junto adonde escribiste “no”, escribe lo que puedes cambiar para que Dios pueda usarte.

Recursos Relacionados:

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Puntos para reflexionar:

¿Cómo estoy usando mi titulo de embajadora?

¿Qué cosa en mi vida impide que Dios haga su llamamiento por medio de mí?

¿Estoy realmente dispuesta a ser usada por Dios?

¿Qué estoy dispuesta a dejar para que Dios me pueda usar?


Versículos que te darán fuerza:

Efesios 4:1, " Yo, que estoy preso por servir al Señor, les ruego que vivan como deben vivir quienes, como ustedes, han sido llamados a formar parte del pueblo de Dios.” (BLS)

Filipenses 1:6, "… Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.” (NVI)

Filipenses 1:27, " Sólo les pido que vivan dignamente, como lo enseña la buena noticia de Cristo. Porque, ya sea que vaya a verlos o no, quiero estar seguro de que todos ustedes viven muy unidos y se ponen de acuerdo en todo, y que luchan unidos por anunciar la buena noticia.” (NVI)

© 2010 de Wendy Pope. Todos los derechos están reservados.

Proverbios 31 Ministerios para la mujer
616-G, Matthews-Mint Hill Road
Matthews, NC 28105                                                                     http://www.proverbs31.org/

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.
Wendy Bello, editora
Judith Hernández
Ana Stine
Natasha Curtis
lunes, 7 de junio de 2010
por Lysa TerKeurst
Miembro del Equipo de conferencistas
de Proverbios 31, Ministerios para la mujer

Versiculo clave:

"Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida." Juan 9:3 (NVI)

Hoy lee el capítulo entero. Escribe el versículo. Memorízalo

Lectura:
Alguna vez te has preguntado, ¿He fallado como madre?

Muchas de nosotras nos angustiamos con esta pregunta. Cuando nuestros hijos cometen algún disparate o se meten en problemas, nosotras las madres tendemos a culparnos y a pensar que dicha situación es el resultado de algún error que hallamos cometido al criar a nuestros hijos.

Una evaluación honesta de nuestra labor maternal puede ser conveniente y saludable. Preguntas que nos motivan a cambiar o a mejorar ciertos aspectos de nuestra tarea pueden ser de utilidad:
• ¿Estoy siendo demasiado flexible o estricta con mis hijos?

• ¿Debo pasar menos tiempo trabajando o limpiando la casa para dedicarle más atención a los niños?

Pero cuando nuestras preguntas resultan ser una agresión más que una exhortación, dicha indagación deja de ser provechosa.

• ¿Cómo es posible que haya permitido que mi hijo hiciera lo que hizo?

• ¿Por qué no supe criar a mis hijos?

Tales preguntas más bien nos paralizan, nos desaniman, nos agotan... y comprueban que el filtro espiritual que Dios ha diseñado para proteger nuestras mentes se ha deteriorado.
¿Cómo podemos restaurar este filtro y protegernos de las mentiras y las acusaciones del enemigo? Llenando nuestras mentes con la Verdad.
Una mañana, mientras leía el capítulo 9 de San Juan, el versículo 3 me llamó mucho la atención. En este pasaje, Jesús y Sus discípulos se encontraron a un hombre ciego. Ellos le preguntaron al Señor si su ceguera era consecuencia del pecado de este hombre o el del de sus padres. Jesús les respondió que su condición no fue culpa suya ni de sus padres, sino parte del plan soberano de Dios para la vida de este hombre. Yo sentí que el Señor me animó a meditar en este pasaje y orar al respecto.

Esa tarde, mientras me encontraba platicando con una amiga cuyo hijo estaba pasando por una situación muy difícil, escuché su angustia al preguntarme, ¿Qué error he cometido como madre?

¡Qué gozo fue para mí recordar el pasaje que había leído esa mañana! Como una dulce caricia, puede usar la verdad contenida en la Palabra de Dios para consolar a mi amiga y para animarla, diciéndole que las dificultades que su hijo enfrentaba no eran su culpa y que confiara en la obra que el Señor estaba haciendo en el corazón de su hijo.

Quizá la pregunta que como madres debamos hacernos es: “¿Cómo va a utilizar el Señor esta situación para transformar, salvar, o manifestar Su poder en mi hijo?
Y la principal verdad que debemos recordar es esta: ¡Dios ama tanto a las madres como a sus hijos!

Mi oración para hoy:
Amado Señor: Ayúdame a procesar las preguntas que me hago utilizando únicamente el filtro de Tu Verdad. Te agradezco, Señor, porque Tú amas a mis hijos tanto como me amas a mí. Ayúdame a confiarte a mis hijos y lléname con Tu paz. En el Nombre de Jesús. Amén.

Pasos para la aplicación:

Cuando tus hijos – o tú como madre – estén pasando por dificultades o hallan cometido un error, busca a una amiga que ame al Señor con quien puedas orar y platicar al respecto y con quien puedas indagar las Escrituras para saber como enfrentar esta situación con sabiduría.

Ofrécele el mismo apoyo a tu amiga cuando ella o sus hijos pasen por una situación semejante.

Si tú no tienes una amiga con la que puedas hacer esto, pídele al Señor que traiga alguien así a tu vida. O escríbenos a Proverbios 31 Ministerios para la mujer. Nos encantaría orar por tí y poder animarte!

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Puntos para reflexionar:

¿Está pasando tu hijo por alguna dificultad que te haga sentir como que has fracasado como madre?

Pídele al Señor en oración que te revele si hay alguna área en ti que Él necesite mejorar o cambiar.
Pídele que te dé la gracia necesaria para aceptar tus errores e imperfecciones. ¡Ninguna de nosotras es la madre perfecta!

Pídele que te ayude a aceptar que los problemas que tu hijo está pasando no siempre son un resultado directo de tu papel como madre. Y pídele al Señor que utilice esta situación para hacer Su obra y revelar Su gloria en la vida de tu hijo.


Versículos que te darán fuerza:

Juan 3:17, "Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él." (NVI)

2 Timoteo 1:13-14, "Con fe y amor en Cristo Jesús, sigue el ejemplo de la sana doctrina que de mí aprendiste.14 Con el poder del Espíritu Santo que vive en nosotros, cuida la preciosa enseñanza que se te ha confiado." (NVI)

© 2010 de Lysa Terkenurst. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.

Wendy Bello, editora

Judith Hernández
Ana Stine
Natasha Curtis
miércoles, 2 de junio de 2010
por Micca Campbell
                                                                                            
Filipenses 3:8a,  "Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús,  mi Señor,.."       (LBLA) 

Lectura:

Si alguien examinara mi vida podría percibir, de acuerdo a lo que hago, que mi gran pasión es hablar a otros del amor de Dios. Tal vez pudieran determinar que mi más profundo anhelo es llegar a convertirme en la mejor esposa y madre posible. Algunos otros  concluirían que mi gran sueño es escribir verdades duraderas que ayuden a otros en su andar con Dios, incluso mucho después de que yo haya partido de este mundo.

Aunque todos estos sueños, junto con otros, encierran parte de mi corazón, mi mayor clamor es conocer a Dios…a nivel personal.

¿Es posible? ¿Puede una persona llegar a conocer a Dios íntimamente?  ¡Claro que sí! En realidad por eso fuimos creados, para tener una relación de amor continua con nuestro Señor y Rey.

Conocemos una enorme cantidad de personas a lo largo de nuestras vidas.  Algunas son muy especiales para nosotros: un profesor de la escuela quien nos ayudó a alcanzar nuestras metas, un tío o tía quien siempre estuvo a nuestro lado, ó quizás algún héroe de la niñez que admirábamos. Dos de las personas más influyentes y favoritas para nuestros hijos son nuestros amigos misioneros quienes sirven en África. Aunque es maravilloso conocer a gente especial como ellos, nuestro mayor privilegio es conocer a Dios.

Lamentablemente, la mayoría de las personas solo dan el primer paso al conocer  Dios cuando vienen  por “salvación”. Para ellos es suficiente que sus pecados estén perdonados y el cielo sea su futuro hogar mediante la muerte y la resurrección de Jesucristo. Si les preguntaras si conocen a Dios, la mayoría contestaría que sí.

No puedo evitar preguntarme: ¿cómo puede usted conocer al Consolador si nunca ha experimentado su consuelo? ¿Cómo sabe usted que Dios es el proveedor si ha decidido vivir su vida dependiendo de usted mismo? ¿Y cómo sabe que el Señor es nuestro ayudador y nuestro guía si nunca ha permitido que su mano lo guíe a través de la oscuridad de la tormenta? Usted no puede conocerlo verdaderamente si solo le ha permitido ser su Salvador. ¡Él tiene que ser su Todo!

Podemos tener todo el conocimiento intelectual que existe acerca de Dios y aún así no lo conocemos. Nuestras Biblias pueden estar marcadas de todos los colores y desgastadas por los bordes pero esto no significa necesariamente que estemos familiarizados con Dios a nivel personal. Esta clase de relación se da cuando confiamos en la Palabra de Dios en cada situación que se nos presenta y en cada detalle de nuestra vida, hasta que confiemos plenamente en que Él es fiel y verdadero.

Si a  lo largo de nuestra vida dependemos de nuestros propios recursos, nunca sabremos cuán maravilloso es nuestro Dios. Nunca sabremos que él anhela estar a nuestro lado y ser nuestra provisión. Dios solo se revela a sí mismo a los humildes, aquellos que honestamente lo buscan de todo corazón. Es en nuestra inutilidad que lo reconocemos como nuestra suficiencia, que descubrimos quién es el Señor. Al inclinarnos diariamente ante su majestad descubrimos la santidad, el poder y el amor de Dios, y la verdadera comunión con él.

Cuando comenzamos a depender del Señor como un niño depende de su padre, empezamos a comprender la naturaleza divina que hace que conocer a nuestro Dios sea un privilegio.

¿Tienes sed y pasión de conocer a Dios? ¡Díselo! Pasa tiempo con él en su Palabra y descubre sus magníficos atributos.

En breve descubriremos, al igual que el apóstol Pablo, que todo lo demás es basura en comparación con el privilegio de conocer a Dios.  ¡Él es el premio, la bendición de nuestras vidas y nuestro mayor tesoro!

Él ya nos conoce a ti y a mí. ¿Acaso no es hora de que lo conozcamos a él?


Amado Dios, confieso que conozco muy poco de ti. Crea en mi hambre y sed solo de ti. Te pido que conocerte se convierta en mi mayor deseo. Abre mis ojos mientras leo tu Palabra. Dame oídos para escucharte mientras oro. Revélate a mí y ayúdame a esperar pacientemente hasta que lo hagas.  En el nombre de Jesús, amén.

Pasos para la aplicación:


Comienza hoy mismo a buscar más de Dios. Escoge un lugar tranquilo en el cual encontrarte con él diariamente. Entonces, con tu Biblia, ora y pídele a Dios, por el poder del Espíritu Santo, que se manifieste a ti por medio de su Palabra. Anota cualquier versículo o pasaje que parezca saltar a tu vista. Medita en él y pídele a Dios que te muestre lo que él quiere que sepas a través de ese pasaje. Entonces aplícalo y obedécelo. ¡Dios se te está manifestando!

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Puntos para reflexionar:                                                                                                                                
¿Qué anhelas más, conocer a Dios o lo que él puede hacer por ti?

¿Te encuentras con Dios a diario para crecer en tu relación personal con él?

¿Consideras que conocer a Dios es el aspecto más importante de tu existencia?  ¿Por qué, ó por qué no?

¿Qué te impide conocer a Dios de manera más profunda?


Versículos que te darán fuerza:


Salmo 63:1, "O Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta.” (NVI)

Isaías 26:9a, "Todo mi ser te desea por las noches;  por la mañana mi espíritu te busca.” (NVI)

Job 36:26, "¡He aquí, Dios es exaltado, y no le conocemos; el número de sus años es inescrutable!” (LBLA)

Oseas 6:6, "Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.”  (RVR 1960)

Proverbios 2:10, "La sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida.”  (NVI)

© 2010  de Micca Campbell. Todos los derechos están reservados.

Gracias por su ayuda en la traducción de este devocional.
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