lunes, 23 de septiembre de 2013

 Suzie Eller


“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” 1 Juan 1:9 (NVI)
          
Lectura:

El taller había terminado. La mayoría de las mamás habían dejado el salón mientras ella jugueteaba inquietamente con su bolsa. Podía ver que quería huir, pero su fuerza de voluntad y un gran deseo de libertad le mantenían los pies afincados al suelo.

Nos sentamos y se desahogó: “Por años me han dicho que cuando me perdone a mí misma seré libre. Pero no puedo hacerlo. Lo he intentado.”

Busqué sus manos y le dije: “He buscado eso en las escrituras. No está ahí.”

Levantó su mirada sorprendida. “¿Qué quieres decir?”

Perdonarnos a nosotras mismas. No está ahí.

Hay una multitud de escrituras que nos enseñan cómo ofrecer perdón a los demás, así como también cómo recibirlo. Pero ninguna nos pide que seamos nosotras quienes quitemos la carga de nuestros propios corazones.

Afortunadamente, 1 Juan 1:9 nos ofrece una promesa. Cuando reconocemos nuestro pecado ante Dios, él es fiel y justo para perdonar todos nuestros pecados. ¿Fiel a nosotras? Sí, a nosotras. Pero también es fiel a quién es él y a su plan para perdonarnos mediante el sacrificio de Jesús en la cruz pagando por nuestros pecados.

Pero esto no termina ahí. Verás, cuando somos perdonadas, nuestro pecado es reestructurado. Sí, aunque no podemos negar que ocurrió, Dios lo quita y lo coloca tan lejos de nosotras como lejos está el oriente del occidente (Salmo  103:12). Somos cubiertas en misericordia, salvadas del castigo que nos merecíamos.

Mi nueva amiga había intentado por años hacer un trabajo que no le correspondía. Al tratar y fallar ella se veía a sí misma como una vergüenza. Esa vergüenza afectaba cada aspecto de su vida: sus relaciones, su rol como mamá, y su fe al intentar agradar a Dios mediante servicios o actos, todo esto mientras se veía a sí misma como “inferior”.

Le pregunté si estaba dispuesta a permitir que Cristo hiciera lo que ella había sido incapaz de hacer por casi una década. En lugar de perdonarse a sí misma, ¿aceptaría el regalo de perdón que Cristo ofrece de tan buena gana?

Más tarde esa semana recibí un correo electrónico de ella. Me compartía que cuando cruzó la puerta esa noche su esposo le dijo “hay algo diferente en ti”.

Han pasado casi tres meses desde que esta joven madre dejó de tratar de perdonarse a sí misma y ha aceptado el generoso regalo de la gracia de Dios. Todavía está sorprendida por esta transformación. Pero aún más, su familia cree que ella encontró un milagro… milagro que había estado a su disposición todo este tiempo.

Quizá tú estés cargando con algo que te avergüenza. Has intentado perdonarte a ti misma pero te das cuenta de que no puedes deshacer el pasado. Has dicho que lo lamentas. Has cambiado. Pero la culpa o la pesada carga permanecen.

Entrégale esa vergüenza a tu salvador hoy, y permítele arrojarla tan lejos como lejos está el oriente del occidente.

Esa no es una carga que tú debas llevar.

Amado Jesús, tú pagaste un precio muy alto por mis pecados, y aún así sigo tratando de cargar con ellos como si fuese algo que yo puedo absolver. He dicho que lo siento. Estoy cambiando. Pero esta carga no es para que yo la lleve. Hoy alegremente recibo tu don de gracia y misericordia y me veo a mí misma como una persona limpia gracias a ti. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:
Imagina a un niño cargando una gran roca en su espalda. Hay un letrero a un lado del camino que dice: “Deje todas las rocas aquí”, pero él le pasa por el lado, día tras día, la carga cada vez más pesada. ¿Qué le dirías a ese niño?

Hoy, háblale a tu corazón como una hija de Dios mediante estas escrituras.

•Dios desea llevar mi carga (Salmo 55:22)
•Mi salvador pagó un precio por mis pecados (Colosenses 1:13-14)
•Dios me liberó, para que hoy viva en libertad (Gálatas 5:1)
•Mi Dios me ve con amor, así que me veré de esa forma también (Salmo 103:12)

Versículos poderosos:
Salmo 103:12, “Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente.” (NVI)

Gálatas 5:1, “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.” (NVI)

© 2013  de Suzie Eller. Todos los derechos están reservados.  


Gracias por su ayuda en la traducción de esta lectura:

Wendy Bello  editora
Van Walton, Directora del ministerio para latinas

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