sábado, 31 de agosto de 2013
Wendy Pope
“En el viaje, tenía que pasar por Samaria.” Juan 4:4 (BLS) 
         
Lectura:
Detente por un momento y piensa en este milagro: ¡Dios ordena cada momento de cada día de tu vida! Esto es verdaderamente asombroso.  Dios es omnipresente y omnisciente. El conoce el próximo paso que vamos a dar aún antes de que lo demos. (Job 14:16; 31:4) Antes de la fundación del mundo, Él ya nos conocía. (Salmo 139) Es su deseo ser parte de cada detalle de nuestras vidas. Muchas veces no vemos a Dios trabajar en nuestra vida diaria porque no esperamos que Él esté allí.

La presencia de Jesús tomó por desprevenida a la mujer del pasaje de hoy.  Ella fue a satisfacer su sed durante la hora más calurosa del día. Desde luego, no esperaba encontrarse a Jesús, ni a nadie más. Ella  esperaba caminar hacia el pozo y tomar agua sin que nadie la viera.  Pero Jesús se especializaba en lo inesperado. Él había llamado a pescadores para que fueran sus discípulos.  Él había lanzado fuera a los mercaderes del templo y quién puede olvidarse de la ocasión en la que transformó el agua en vino en las bodas de Caná.

Cuando estudiamos las palabras que el apóstol Juan anotó en el versículo clave, observamos que Jesús “tenía” que ir a Samaria.  Este era el momento que Dios había designado para que la mujer Samaritana se encontrara con el único que podría satisfacer la sed de su alma. 

¿Qué hubiese ocurrido si Jesús hubiese decidido tomar un atajo hacia su próximo destino?  ¿Qué hubiese sucedido si Jesús no se hubiese reunido con el Padre todos los días, y no hubiese aprendido a reconocer su voz?  ¿Qué hubiese ocurrido si mientras estaba en el pozo, Jesús se hubiese rendido a las distracciones del enemigo?  Estas son el tipo de excusas que todos utilizamos cuando tratamos de explicar por qué no experimentamos el mover del Señor en nuestras vidas diarias.    

Piensa en lo que pudo haber ocurrido si Jesús y esta mujer no hubiesen arribado a este encuentro divino.  Ella nunca hubiese experimentado el poder redentor del Agua Viva.  Aquellos con quienes ella después compartió su experiencia, también hubieran permanecido sedientos. (Juan 4:40:42)

La pregunta que debemos hacernos es: “¿Quién está todavía sediento porque nosotros no hemos respondido cuando el Dios del universo nos ha enviado?”

Amado Padre, dame el deseo de pasar tiempo contigo cada día. Tu palabra me dice que tú deseas darme sabiduría y la instrucción necesaria para cada día. Por favor, dame el valor necesario para abordar mis encuentros divinos.  Muéstrame la importancia de la obediencia. Gracias por enviar al Espíritu Santo para ayudarme cada día.  Por favor perdóname por permitir que el enemigo obtenga la victoria cuando lucho contra la inseguridad.  Recuérdame que mi confianza, y la habilidad para comunicar tu amor con otros provienen únicamente de ti.  Te amo y reconozco que todas las cosas proceden de ti.  Gracias por el privilegio de servirte.  Utilízame para esparcir tu Reino en este mundo. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:
Inicia un diario para anotar las ocasiones en las cuales crees que Dios te llamó a compartir su amor con otras personas. 

Empieza a pasar tiempo con el Señor cada mañana y pídele que te ayude a reconocer su voz y a ver su actividad a tu alrededor.

Pídele a Dios que te perdone por los encuentros divinos que has desperdiciado.

Describe el último encuentro divino en el cual Dios te utilizó para tocar la vida de otra persona.
¿Qué excusas utilizo para no compartir el amor de Dios con otros?

¿Puedo escuchar con claridad la voz de Dios y entender lo que él me llama a hacer?   Escribe las razones por las cuales tu respuesta es “sí” o “no”.

¿Qué espero de Dios cada día?


Versículos poderosos:
Juan 15:5,  “"El discípulo que sigue unido a mí, y yo unido a él, es como una rama que da mucho fruto; pero si uno de ustedes se separa de mí, no podrá hacer nada.” (BLS)

Romanos 12:1,   “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.” (NVI)  

I Corintios 10:31,   “Cuando ustedes coman, o beban, o hagan cualquier otra cosa, háganlo para honrar a Dios.” (BLS)

II Corintios 5:20,  “Cristo nunca pecó. Pero Dios lo trató como si hubiera pecado, para declararnos inocentes por medio de Cristo.” (BLS) 

 © 2013 by Wendy Pope. All rights reserved.



lunes, 26 de agosto de 2013
Karen Ehman

 “Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.” Proverbios 31:26 (NVI)
         
Lectura:

Cuando estoy tratando de controlar a alguien o alguna situación he notado que tengo un pequeño problema para controlar mi lengua.

Por ejemplo, el otro día tenía  que lavar los platos sucios. Si yo hubiera sido la persona que los lavaba, los hubiera lavado en la secuencia correcta que aprendí en mi clase de economía doméstica, de menos a más sucios. En cambio, era mi hijo, un inteligente preadolescente, quien los estaba lavando.

Él no tuvo una mala actitud cuando se le pidió que lavara los platos. No fue irrespetuoso, y no arrastró los pies. Estaba haciendo el trabajo. Así que, ¿por qué me sentía tentada a decirle en un tono áspero que estaba haciéndolo mal?

Porque él no estaba haciéndolo a mi manera.

Comenzó con las ollas y los sartenes sucios. Luego se trasladó a los platos y cubiertos. Finalmente, tuvo que llenar el fregadero con más agua para que los vasos quedaran brillantes. Mientras trabajaba, trató de colocar algunos vasos de plástico en forma de una pirámide.

Al mirar sus modos no convencionales, sentí una irritación por dentro de mí. Una reacción cruel estaba tratando de salir; reacción que no estaba controlada por el Espíritu Santo. Si no me hubiera dado cuenta a tiempo, hubiera abierto la boca de mamá y hubiera dicho:

"¿Qué estás haciendo? ¿No sabes que utilizas más agua para lavar los platos en ese orden? Además ¡el agua ahora está asquerosa!"

 "Deja de jugar acumulando las tazas. ¡Ay! ¿Por qué siempre tienes que jugar mientras trabajas? ¡Eres tan lento!".

¿Qué estaba pasando realmente? Quería ser una controladora y disparar palabras que habrían transmitido pensamientos silenciosos.

Creía que la única forma de lavar los platos es mi forma.

Veía las diferencias como algo malo.

Interpreté que un preadolescente, siendo un preadolescente, con una pequeña distracción como diversión, era lento.

Cada vez que me descargo en mi hijo (o cualquier otra persona), tiene el potencial de dañar nuestra relación y sembrar en su mente cómo su madre lo visualiza a él, dándole el mensaje de que no tiene valor. No soy la mujer, del versículo clave de hoy, que habla con sabiduría e instruye con amor.

Esto no contribuye a un hogar feliz y poco a poco he aprendido que es mejor si estas situaciones tienen una solución diferente.

Así que vamos reproducir esa escena con una nueva dosis de perspectiva y una respuesta que honra a Dios, controlada por el espíritu de acuerdo con Proverbios 31:26.

Cuando veo a mi hijo lavando los platos en un orden ilógico, puedo tomar nota en mi mente para explicarle una forma mejor de hacerlo que ahorre tiempo, dinero y agua. Cuando haya terminado, puedo alabar sus esfuerzos, teniendo en cuenta su edad y habilidades.

Intencionalmente puedo señalar aspectos de su método en particular. "Vi la forma inteligente en que acomodaste los platos. Siempre trabajas en una manera divertida. Quisiera ser más como tú."

Mentalmente me puedo hacer preguntas que mantengan mis emociones calmadas y  "mi boca de mamá" sabia. Como...

¿Importa ahora o importará mañana?
¿Afectará la eternidad?
¿Estará Dios tratando de enseñarme algo? Si es así, ¿qué?
¿Puedo hacer una pausa y alabar en lugar de interrumpir e instigar?
¿Realmente es una cuestión que debo abordar con mi hijo?
¿Soy una controladora y necesito soltar el asunto?
La interacción sería una experiencia de aprendizaje para ambos. No dañaría la relación sino que se alimentaría. Sería prudente. Amable. Y no habría ningún tiempo perdido, sin remordimientos y sin necesidad de llamar a las fuerzas de paz de las Naciones Unidas para la intervención.

Esta mamá sería menos controladora y más a la manera de Proverbios 31. Puede que no llegue fácilmente a ser esta mamá, créeme, por lo general no es así, pero con el Espíritu Santo, es posible.

Podemos aprender a hablar con bondad y sabiduría de Dios. Y entonces no habrá necesidad de ¡tapar mi boca de mamá!'

Estimado Señor, ayúdame a llenar mis palabras con tu Espíritu Santo mientras hablo con mi familia hoy. En el nombre de Jesús, amén.

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¿Cuál de las preguntas arriba mencionadas puedes hacerte a ti misma cuando te ves tentada a controlar demasiado?  

¿Cómo responderías de manera diferente la próxima vez que te veas a punto de hablar de manera imprudente o cruel?

Versículo poderoso:
Salmos 139:4, “No me llega aun la palabra a la lengua cuando tu, Señor, ya la saber toda. “ (NVI)


© 2013  de Karen Ehman. Todos los derechos están reservados.  




sábado, 24 de agosto de 2013
T Suzanne Eller

A la luz la llamó «día», y a las tinieblas, «noche». Y vino la noche, y llegó la mañana:
ése fue el primer día.
Génesis 1:5 (NIV)
     
Lectura:

Estaba leyendo la Biblia un día y me di cuenta de un gran error en la Escritura.  Todo el mundo sabe que primero llega la mañana y luego viene todo lo demás. ¿Verdad?  Pero allí estaba, bien claro. Génesis 1:5 dice “Y vino la noche, y llegó la mañana: ése fue el primer día”.

Claro que no era un error. De alguna manera Dios comenzó con el anochecer, el tiempo de descanso, y después de eso viene un día de productividad.

Nosotros vivimos en una cultura donde el descanso frecuentemente se ve desde una perspectiva negativa.  Cuando trabajamos, trabajamos duro. Cuando jugamos, jugamos duro. Realmente sabemos cómo llenar nuestro tiempo con una cantidad de actividades: mensajes e información electrónica, limpieza, la alimentación; comprar y preparar la comida, transportación; llevar y traer la familia de una actividad a otra en nuestro carro, los aeróbicos para mantener una vida sana, y mucho más en nuestra lista de cosas para hacer. Nos enfocamos en hacer todo ese trabajo y luego finalmente descansamos.

Hace 17 años, a la edad madura de 32, descubrí que tenía cáncer. Yo le dije al doctor que no tenía tiempo para cáncer, pero la enfermedad no consultó con mi horario. Mi vida cambió mientras yo puse a un lado muchas cosas que eran, o yo creía que eran absolutamente vitales. Mientras tanto pasaba por la quimioterapia, cirugías y radiaciones.

No era divertido, pero una nueva cosa que salió de todo esto fue una nueva lista de prioridades. ¿Lo primero? Equilibrar mi vida. Aprendí a meterme en la cama y dejar a un lado todas las preocupaciones, descansando así mi cuerpo y mi mente. Tranquilizarme un poco cuando la vida se vuelve medio loca, y pensar en lo que es importante y aquello que no llegó a ser mi meta. Comencé a ver la noche como la primera parte de mi día y ver la mañana partiendo desde el descanso.

Esta nueva manera de vivir fue un concepto que cambió mi vida. No solo físicamente, sino también espiritualmente.

Hace poco yo tenía dos invitaciones para unas conferencias muy cercanas una a la otra. Mientras se acercaba ese día, mi tiempo con mi Padre celestial se volvió “noche.”  Claro que yo me preparé, pero el tiempo espiritual se convirtió en la prioridad por unas semanas.  Cuando llegué a la ciudad donde tenía que dar la conferencia, cerré la puerta de la habitación y escuché el corazón de mi Padre en lugar de repasar mis notas. Y del descanso salió un ministerio fructífero. Yo estaba refrescada y llena de la presencia de Dios, en lugar de estar llena de mi propio esfuerzo.

¿Cuántas veces nos sobresaltamos porque carecemos de equilibrio? Quisiera poder decir que yo siempre estoy equilibrada, pero no es así. Hay ocasiones en que tengo que apaciguarme y reconsiderar mis prioridades una y otra vez.  Y si el descanso físico o descanso espiritual han sido dejados para último lugar, tengo que poner todo sobre la mesa y dejar que Dios me ayude a escoger para que yo pueda dejar “la noche” y regresarla al lugar que le pertenece.

Amado Jesús, cuando te dejo en último lugar, extraño tu voz y continúo haciendo cosas hasta que me acabo. Y como resultado me enredo en mis quehaceres. Yo sé que la vida es ocupada, pero ayúdame a discernir entre lo que es importante y lo que no. Reorganiza mi vida, dándome  el verdadero descanso que solo viene de ti. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:
Escribe todos los quehaceres que consumen tu tiempo. ¿Hay algunos que no son absolutamente necesarios?

Ora por dirección. ¿Necesitas decir que ‘no’ a una o dos cosas para que puedas decir que ‘si’ para que tú y tu familia estén más descansados? 

Como mujeres, siempre nos ocupamos de las necesidades de nuestros hijos, la comunidad, nuestra iglesia, el trabajo, nuestros esposos y nuestras casas, y nos dejamos a nosotras mismas fuera de este proceso de cuidado. ¿Qué puedes hacer hoy para cuidarte a ti misma a nivel físico o espiritual?

Versículo poderosos:
Marcos 6:30-31, "Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron lo que habían hecho y enseñado. Y como no tenían tiempo ni para comer, pues era tanta la gente que iba y venía, Jesús les dijo: —Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco.” (NVI) 

 © 2013 by T.Suzanne Eller. All rights reserved.



lunes, 19 de agosto de 2013

Tracie Miles

 “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.” Juan 15:5 (NVI)
         
Lectura:

Cuando mi hijo Michael estaba aprendiendo a atar los cordones de sus zapatos batallaba mucho. Pero cada vez que le ofrecía mi ayuda él gritaba: “¡Yo puedo hacerlo solo!”

Pero no podía. Él no tenía la habilidad o el conocimiento necesario para atarse los cordones. Yo le ofrecía sentarlo en mi regazo y enseñarle, pero él sólo corría y continuaba intentando (sin éxito) por su cuenta. Al final lo cargaba en contra de su voluntad mientras él retorcía su delgado cuerpo hasta volverlo una varita imposible de doblar, gimiendo y sacudiéndose por todos lados.

Michael estaba frustrado y de mal humor simplemente porque quería atar los cordones por sí mismo. En su mente él era capaz de hacerlo. Pero siendo yo su mamá, sabía que no podía hacerlo solo.

Yo entendía su frustración porque incluso como una mujer adulta con frecuencia no me gusta admitir que necesito ayuda. Desde pequeños nos enseñan que debemos ser independientes y a veces nos preparan para creer que pedir ayuda es un signo de debilidad o fracaso. Batallamos con el orgullo y queremos probar nuestras capacidades a los ojos del mundo.

Aunque esta puede ser nuestra mentalidad, no es la mentalidad de Jesús.

En el versículo clave de hoy Jesús les dice a sus discípulos que lejos de él no pueden hacer nada. Aunque ellos ya habían dedicado sus vidas a seguirlo y servirlo, Jesús quería que entendieran que necesitaban una relación íntima e interdependiente con él.

Jesús no los estaba mandando, sino invitando a sus discípulos a atenerse a él. Él les prometió bendiciones y que ellos darían mucho fruto.

Así como una manzana solo puede existir si se mantiene conectada a la rama del árbol para obtener vida y alimento, Jesús les dijo a ellos y a nosotros que debemos mantenernos conectados a él. Sin la unión vital que nos da vida en Cristo no podemos producir ningún fruto en nuestras vidas.

¿Cómo es? Esto sucede cuando intentamos incansablemente dar perdón, cambiar el corazón de una persona, superar un problema personal, transformar una situación o lograr una meta. Con mucha frecuencia hacemos cosas con nuestra propia fuerza y sabiduría en lugar de darnos cuenta y ceder a nuestra necesidad de la ayuda de Dios. Pero cuando nada, o muy poco, pasa, nos frustramos y estresamos, justo como un niño incapaz de atar sus agujetas.

Nuestra tendencia a confiar en nuestro propio conocimiento, habilidades o experiencia en realidad puede convertirse en un obstáculo. Al final podremos encontrarnos vencidas y desanimadas, deseando secretamente aventarnos al piso y dar una pataleta.

La palabra “permanecer” significa “vivir, residir, o continuar en una condición o relación en particular”. Al aceptar a Jesús como nuestro salvador, se nos invita a vivir en él. Este versículo nos exhorta en el por qué es importante para nuestra fe estar conectadas en una relación. Al aprender a vivir en Cristo diariamente estamos mejor equipadas para lidiar con el estrés y las adversidades, y mejor preparadas para evitar colapsos.

Así como yo conozco las limitaciones de mi hijo, Dios entiende que necesitamos su ayuda en nuestra vida. Él entiende nuestro deseo de independencia y nuestras batallas con el orgullo, y aún así si permanecemos en él y aceptamos su ayuda estaremos mejor equipadas para lidiar con el estrés y los retos de la vida.

Amado Señor, no me había dado cuenta del estrés que yo me estaba creando por asumir que era capaz de enfrentar los problemas por mí misma. Perdóname por tratar de hacer las cosas lejos de ti. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:
¿Qué situación te ha estado causando gran estrés y frustración? En lugar de enfrentarlo por tu cuenta, dedica algo de tiempo en oración.

¿Qué obstáculos te has encontrado últimamente? ¿Duda? ¿Miedo? ¿Preocupación? ¿Problemas matrimoniales? ¿Retos en la crianza de los hijos? ¿Preocupaciones financieras? Sé humilde ante Dios y pide su ayuda.

Versículos poderosos:
1 Crónicas 16:11, “¡Refúgiense en el Señor y en su fuerza, busquen siempre su presencia!” (NVI)

Filipenses 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (NVI)

© 2013  de Tracie Miles. Todos los derechos están reservados.







sábado, 17 de agosto de 2013
Renee Swope

" Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía."      Isaías 26:3 (NIV)

Lectura:

Una de mis cosas favoritas es ver una silla mecedora en frente de un porche. Ver la mecedora me hace sentir llena de paz. Yo no tengo una silla de esas, ni tampoco un porche, pero claro que me gustaría tenerlo…  tener para siempre un lugar donde pueda ir para llenarme de paz. 

Estar  preocupada es lo contrario de estar llena de paz. ¡La preocupación me deja sin paz! 

Hay veces en las que ni me doy cuenta de que estoy preocupada. Mi mente está entrenada a pensar muchísimo. Así que me he acostumbrado a un torbellino constante en mi mente.

 La preocupación comienza a entrar sigilosamente en la mente y luego, antes de darme cuenta, hay un movimiento en mi corazón. Mi cuello se pone tenso. Antes de que pueda darme cuenta de lo que me está pasando, unas pequeñas situaciones se han convertido en una gran preocupación. 

La autora Linda Dillow dice: "Preocuparse es como una silla mecedora, te dará algo que hacer pero no te llevara a ningún lugar.”  Estas palabras puestas en mi  imagen me llenan de paz.  ¡OH! Pero ella tiene la razón. ¡Como una silla mecedora, no me lleva a ningún lugar! Y cuando dejo de preocuparme, veo que desperdicié un tiempo muy valioso y energía mental, pensando en algo que no puedo cambiar, cuando debí estar hablando con Dios, pues Él es el único que puede cambiar las cosas. 

En Filipenses 4:6-7, Pablo nos dice cómo podemos encontrar paz para remplazar nuestras preocupaciones. El nos recuerda que el Señor esta cerca y nos dice: "No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (NVI)

La Biblia, en la Nueva Versión Internacional, dice en el versículo 7: “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. Me gusta la promesa de que la paz de Dios transcenderá a mi necesidad de entender. Algunas veces, ese es mi mayor problema; no estaría tan preocupada sobre lo que Dios está haciendo, si Él solo me explicara por qué, para que yo pueda entender mejor. 

Pero Dios no dice que nos dará entendimiento. En este versículo Él dice que nos dará paz en medio de lo que no entendemos. Y eso es lo que yo quiero. Yo quiero que la cercanía de Dios sea mi bien y que creerle a su soberanía sea mi meta. Según la Palabra todo lo que tengo que hacer es:

1. Dejar de preocuparme: Colocar el botón de pausa en las preocupaciones que me consumen.
2. Comenzar a orar: Abrir mi boca y decirle a Dios lo que necesito.
3. Comenzar a agradecerle a Dios: Recordarle  a mi corazón la fidelidad de Dios, agradeciéndole a Dios por lo que está haciendo. 

¡Eso sí es posible! Pero… ¿por qué es tan difícil hacerlo? ¿Por qué naturalmente hacemos lo contrario? Yo creo que es porque escuchamos el susurro del enemigo: “No estés calmado por nada, al contrario preocúpate por todo. Dile a Dios lo que Él debería hacer y toma el control si no te escucha.”

 Y sin saberlo, esas inquietudes nos están consumiendo y nuestras preocupaciones están robándonos de  la paz prometida por Dios. 

¡Buenas noticias! No tenemos que vivir de esa forma. Dios prometió darnos todo lo que necesitáramos. Nos mantenemos en perfecta paz si colocamos nuestra confianza en Él y no en nuestras preocupaciones.

Entonces, hoy, cuando nuestras inquietudes nos consuman, escojamos dejarlas y desocupar nuestros corazones de preocupaciones. Hablemos a Dios acerca de lo que necesitamos, dándole gracias por su fidelidad y su provisión.  Es maravilloso cómo el  estar “llena de paz”  entra nuestra vida  cuando dejamos de preocuparnos y comenzamos a orar, agradeciéndole a Dios por lo que Él ha hecho y hará.

Dios, gracias por la promesa de tu paz que viene cuando yo pongo mi confianza en ti. Cuando las inquietudes o las preocupaciones traten de consumir mis pensamientos, ayúdame a recordar que puedo dejar de preocuparme. Necesito  orar y dar gracias para que mi corazón recuerde cuán fiel y capaz eres de cuidar de esos asuntos. En el nombre de Jesús, amén.

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El estudio de Renee: Un corazón confiado



Reflexionar y responder:
Haz una lista de tus preocupaciones y dile los  a Dios. Después, haz una lista de cualquiera cosa que Dios ha hecho para proveer en tus necesidades.

Dale gracias a Dios por cada una.

Pídele a Dios que te dé una paz más grande que tu necesidad de entender mientras decides tener más fe en Él que en tus preocupaciones.

¿Cuánto tiempo gasto preocupándome? ¿Cuánto tiempo paso en oración o leyendo mi Biblia para que Dios me pueda hablar y calmar mis problemas?

¿Será que mi deseo de comprender y corregir las cosas me pone ansiosa?

Versículos poderosos:
Mateo 6:27, "¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?” (NVI)

Juan 14:1, "Poco después, Jesús les dijo a sus discípulos: --No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí.—”  (BLS)

© 2013 de Renee Swope. Todos los derechos están reservados.







lunes, 12 de agosto de 2013
Suzie Eller

“Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.” Filipenses 4:8 (NVI)
       
Lectura:

Las pequeñas manos de Elle estaban bien apretadas mientras volábamos en el columpio. Cada vez que los visito ella corre hacia mis brazos, feliz de ver a su abuela pero más emocionada por la posibilidad de ir a jugar en el parque.

Hay otro parque de juegos que yo solía visitar, uno donde pasaba incontables horas. Era el parque de los juegos de mis pensamientos.

Cuando alguien me hacía enojar o cuando surgía algún conflicto que lastimara mi corazón, ahí es donde corría para considerar ‘esos’ pensamientos. Ahí es donde escapaba para pensar en todas las cosas que debí decir.

Columpiándome me recordaba a mí misma cuánta razón tenía yo y qué equivocados estaban ellos. Recreaba palabras y situaciones, como una niña yendo en círculos en un carrusel.

En este parque de juegos no tenía que lidiar con los conflictos de una manera sana, ni decir la verdad cuando fuese necesario. No tenía que admitir mis propios errores porque yo siempre era la heroína.

Un día sentí que Dios me estaba pidiendo que dejara ese parque de juegos. Pero como Elle, no estaba lista para irme. Sin embargo, él me tomó de la mano y me guió hacia un lugar lleno de gracia para aquellos que me lastimaron con sus palabras, recordándome que todos nos equivocamos.

Dios me llevó a un lugar de bienestar donde reconocí que los conflictos ocurren aún en la más sana de las relaciones.

Y me guió a un lugar donde podía deshacerme de las cosas que yo no podía cambiar, para que así pudiera realmente aceptar aquellas que sí podía.

Hubo días en que quería volver a mi antiguo parque de juegos, pero cada vez me encontraba con un letrero de “cerrado” en el portón.

No para ti, hija mía.

En vez de pasar el tiempo en un lugar imaginario donde podía evitar el conflicto y el dolor, acepté la vida real, con gente real y problemas reales. Aunque me tomó mucho trabajo procesar las situaciones difíciles, con cada una de ellas logré crecer. Esto implicó amar a las personas a mi alrededor, disfrutar cada nuevo día, y soltar eventos hirientes y personas del pasado.

Nuestro padre celestial sabe cuándo batallamos con nuestros pensamientos. Ellos pueden ser un lugar en donde trabajamos estos problemas con sabiduría y cuidado, o un parque de juegos donde brota la amargura y alimentamos nuestro enojo.

¿Te está llevando Él de la mano, como lo hizo conmigo hace unos años? Si es así, estoy celebrando contigo porque Él te está guiando para que crezcas.

Mi oración es que tú te columpies muy alto en las alegrías del día a día en la vida real como una fuerte mujer de fe.

Amado Jesús, puedo pasar horas en mis pensamientos de enojos, o pensando que soy una heroína. A veces en mi mente pongo a otros en su lugar. Todo eso es una trampa del enemigo. Hoy, con tu ayuda, cierro la puerta del área de juegos de los pensamientos negativos. En el nombre de Jesús, Amén.

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Reflexionar y responder:
¿Con qué pensamientos estás batallando hoy?

Comprométete a dejar el área de juegos de tu mente. Elige un versículo sobre el cual meditar en vez de concentrarte en pensamientos negativos.

Versículos poderosos:
1 Corintios 13:11, “¡Vengan y vean las proezas de Dios, sus obras portentosas en nuestro favor!” (NVI)

Efesios 4:26, “Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados.” (NVI)


© 2013  de Suzie Eller. Todos los derechos están reservados.







sábado, 10 de agosto de 2013
Micca Campbell

 “Pero él me dijo: ‘Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.’ Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9 (NVI)
         
Lectura:       

Ser una madre soltera cuando mi hijo era pequeño fue difícil en muchos niveles. La mayor parte del tiempo me sentía cansada y abrumada por todas mis responsabilidades. No había nadie con quien compartir mis problemas; nadie con quien preocuparme, planear, o que le diera un baño a mi hijo cuando yo necesitaba un descanso.

Para empeorar las cosas, vivíamos en un segundo piso. Cuando mi hijo era un bebé, era un gran reto cargarlo a él, la bolsa de pañales y las bolsas del supermercado, y subir a casa... todo al mismo tiempo. Yo no quería dejarlo solo en la casa o en el coche, así que apilaba todo lo que debía cargar. Una vez que subía todas las escaleras, mi siguiente reto era abrir la puerta con mis brazos llenos y a punto de desbordarse.

La mayoría de los días sentía como que el mundo entero pesaba sobre mis hombros. Aunque tratara de llevar esta carga, yo era demasiado débil. Me estaba aplastando y aún así yo seguía luchando. Intentaba aún más. Tenía que hacerlo. Tenía que ser fuerte. Si dejaba mi carga, ¿quién la iba a recoger?

Un día, me topé con nuestro versículo clave: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”. La esperanza despertó en mi corazón cuando me di cuenta de que mi situación era una oportunidad para vivir la fuerza de Dios. No tenía que poner una cara valiente, o pretender estar hecha de acero. Simplemente necesitaba rendir mi debilidad a Dios a cambio de su fuerza.

Eso es lo que Pablo hizo en 2 Corintios 12:7-10. Él oró repetidamente acerca de una situación difícil en su vida, pidiendo al Señor que la apartara de él. Dios respondió: “Mi gracia es suficiente”.

Descubrí que Dios me respondió en la misma manera en que lo hizo con Pablo cuando compartí mis problemas con él. Dios no esperaba que me hiciera cargo de mi hijo yo sola, sino que me dio su fuerza en medio de mi debilidad. Él prometió: “que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” (2 Corintios 12:9). Esa promesa es tuya también.

Una forma interesante de ver su poder es viendo este versículo en su original en griego. La palabra para “permanecer” significa literalmente “una tienda o cubierta”. El poder de Cristo sobre nuestras circunstancias y en nuestras debilidades es un albergue en el cual descansar, refugiarnos de las tormentas, y es nuestra cubierta protectora.

La gracia de Dios (su amorosa bondad, alegría, y fuerza) fue suficiente para Pablo, y es suficiente para ti y para mí.

Cuando comienzo a orar a Dios acerca de mi situación y pidiendo ayuda, mis circunstancias no cambian inmediatamente. Pero tengo un renovado sentimiento de la presencia de Dios y de su poder en mi vida, así que dejo de sentirme sola. Mediante la ayuda de otros, empecé a ver la acción de Dios en mi vida y en la de mi hijo. Él siempre estuvo ahí, ofreciéndome ayuda. Yo sólo necesitaba tragarme mi orgullo y recibirla. Cuando dejé que mi amigo podara el pasto de mi casa y que mi vecina adolescente jugara con mi hijo para que yo pudiera hacer mis deberes del hogar, me sentí equipada  para seguir con todos los otros desafíos de la vida diaria.

Eso no es todo. Pablo no solo rindió sus problemas a Dios, sino que también tuvo una actitud positiva: “Gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” (2 Corintios 12:9).

Buscar y reconocer la fuerza de Dios en mi debilidad fue mucho mejor para mi actitud que quejarme. Quejarse no tiene salida. Sin embargo, hacer alarde de lo que Dios puede hacer en mí infundió mi fe, llevándome a depender de su fuerza cada vez más. Su promesa se convirtió en una realidad en mi vida. Porque cuando yo soy débil, ¡él es fuerte!

Al enfrentar nuestras batallas,  problemas y miedos, es vital que cedamos todo completamente a Dios. Cuando lo hacemos, Dios puede usar nuestras cargas como un medio para su poder y su gracia.

Amado Señor, gracias porque tú eres todo lo que necesito. Hoy confieso mis debilidades y rindo mi situación ante ti. Lléname con tu poder y tu gracia. En el nombre de Jesús, amén.


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Rayos de Esperanza


¿Qué cargas estás enfrentando sola hoy? Considera cómo la fuerza de Dios te puede ayudar a lidiar con tus responsabilidades.

¿De qué maneras el poder de Dios te está cubriendo? ¿A quién puedes pedirle ayuda?

Versículos poderosos:
Proverbios 17:22, “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos.” (NVI)

Efesios 3:16, “Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser.” (NVI)


© 2013  de Micca Campbell. Todos los derechos están reservados.  








lunes, 5 de agosto de 2013

Nicki Koziarz

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.” Santiago 4:8 (NVI)
         
Lectura:

Son las 3:38 de la mañana. Clavo mis ojos en el reloj y algo dentro de mí susurra: “Deberías levantarte”. Doy vueltas y lidio con mis pensamientos tan faltos de sueño por unos minutos antes de levantarme de la cama finalmente.

Ya en el piso de abajo prendo la cafetera y me siento en la silla blanca. Abro mi diario y estas palabras salen de mi sedienta alma: “Dios, te extraño”.

La vida se ha estado moviendo a una velocidad vertiginosa últimamente. Mi esposo y yo estamos muy ocupados en el trabajo, las vidas de nuestras hijas están llenas de cosas por hacer, y alguien siempre necesita algo.

La verdad es que pagaría mucho dinero por tener 28 horas en un día.

Pero, sobre todo, en esta apretada temporada de mi vida, estoy experimentando cómo es que “eso” sucede… cómo la gente se aleja de Dios.

No siempre es intencional:

Los niños se enferman… así que no vamos a la iglesia.
Tenemos que salir mañana más temprano… así que no tenemos tiempo para nuestra oración en silencio.
Nuestros cuerpos necesitan ejercicio…  así que ponemos a un lado nuestra lectura de la Biblia.
Debemos preparar la comida… así que nuestra adoración al Señor se vuelve secundaria.
Tenemos que terminar reportes y proyectos… bueno, ya captaste la idea.

La lista de todo lo que nos aleja de Dios sigue y sigue.

Entiendo todo esto muy bien. Y descubro que hay un gran peligro en estos tiempos tan apretados en nuestras vidas.

Podemos extrañar el estar con Dios, pero también podemos perdernos el movimiento que Dios está haciendo en nuestras vidas. Extrañar a Dios o perdernos lo que él hace es trágico y es una gran amenaza para nuestras almas que anhelan prosperar con Dios.

Ya que he reconocido cuánto he extrañado a Dios, ahora estoy tomándome algo de tiempo para reflexionar sobre esta batalla. Estoy agobiada pero también encuentro esperanza en las palabras que él susurra durante estos momentos que presionan mi alma.

¿Quizá tú también sientes ese tirón en tu corazón que te lleva de regreso a él? Aquí comparto estas tres cosas que podemos hacer para acercarnos al corazón de Dios, porque quizá, como yo, tú también estás temerosa de alejarte tanto de Dios involuntariamente, de extrañarlo tanto como yo.

1. Encuentra tu espacio para Dios

Incluso si eso significa que sea a las 3:38 de la mañana. Cuando la vida se pone muy ocupada, apretada y caótica, puedo mantenerme abierta a la llamada del espíritu en mi corazón para crear un espacio para Dios.

Obviamente, no siempre me va a funcionar que sea a tan temprano por la mañana, así que necesito ser intencional para programar tiempo con Dios. Es muy importante encontrar los momentos de espacio donde podemos estar totalmente con Él.

Ojalá podamos encontrar nuestro espacio para Dios, donde sea, sabiendo que él siempre está cerca.

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.” (Santiago 4:8 NVI)

2. Siente lo asombroso de Dios

Los colores del cielo en el camino hacia la oficina… siéntelos. El sol calentando tu piel en un día frío… siéntelo. Las risas de los niños, la forma en que sonríe alguien que amamos, la alabanza del pueblo de Dios… siéntelo.

Que estos momentos nos recuerden lo que es estar totalmente vivas y conectadas a algo mucho más grande que nosotras mismas.

 “… muestra temor a Dios.” (Eclesiastés 5:7b NVI)

3. Ten oídos que escuchen siempre

La urgencia de tu corazón para ir más despacio, para respirar profundamente… escúchala. Un impulso en tu alma para decir no cuando realmente quieres decir sí… escúchalo (o viceversa).

Que no queramos solo soñar con las promesas que Dios tiene para nuestra vida, sino que también las queramos vivir escuchando su voz, siempre.

“Y después del fuego vino un suave murmullo.” (1 Reyes 19:12 NVI)

Siempre hay una oportunidad en medio de nuestras ocupadas vidas para estar conscientes de Dios. Al encontrarlo, sentirlo y escucharlo, nuestros pasos intencionados siempre nos acercarán más a su presencia.

Señor, por favor ayúdame en mis intenciones de acercarme a ti. No siempre puedo controlar lo que me rodea, pero sé que con tu guía puedo acercarme a ti aún cuando la vida se sienta tan apretada. Amén.

Recursos relacionados:
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Reflexionar y responder:
¿Qué te resulta más difícil: encontrar tu espacio dedicado a Dios, mostrar temor a Dios, o tener oídos que escuchen?

¿Qué cambiarías para poder pasar más tiempo con Dios?

Versículos poderosos:
Santiago 4:8, “Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.” (NVI)

Eclesiastés 5:7b, “… muestra temor a Dios.” (NVI)

1 Reyes 19:12, “Y después del fuego vino un suave murmullo.” (NVI)


© 2013  de Nicki Koziarz. Todos los derechos están reservados.

sábado, 3 de agosto de 2013
Karen Ehman

“El SEÑOR dice: Ellos abandonaron la ley que yo les entregué; no me obedecieron ni vivieron conforme a ella.” Jeremías 9:13, (NVI)

Lectura:

Mi carro estaba listo; el tanque lleno de gasolina, la hielera llena de sándwiches para el camino.  Mis tres hijos y yo estábamos emocionadísimos, listos para emprender nuestra aventura: unos días en el mar con unos amigos.

Además de lo que ya había empacado, necesitaba traer conmigo algo muy importante, un papel con las instrucciones para llegar a Ocean Isle en Carolina del Norte.  Imprimí las instrucciones que hallé en el Internet.  ¡Qué fácil parecía la ruta!

Justo antes de salir recibí la llamada de mi padre.  Él había hecho este viaje antes y deseaba darme instrucciones.  Por educación, lo escuché pacientemente y medio escribí lo que me dijo en un papel que luego metí apresuradamente en la guantera de mi carro.

A medio camino, me di cuenta de que las señales en la carretera no coincidían con las del Internet.  Traté de no alarmarme, pero no tomó mucho tiempo para darme cuenta de que estábamos totalmente perdidos.

Logré encontrar una estación de gasolina.  Allí me informaron que las direcciones contenidas en el Internet no estaban al día y que muchas personas perdidas llegaban allí a pedir ayuda.  Me acordé de las señales que mi papá me había dado.  Las saqué de la guantera y se las mostré al empleado en la gasolinera.  “Están perfectas”, me dijo amablemente, “siga las señales de su padre y no se perderá.”

Como todo en la vida, a veces deseamos tomar “atajos” o probar nuevas “rutas”.  Pero si en el camino nos damos cuenta de que estamos perdidas, siempre podemos regresar a las señales del Padre.  Él es el único camino y su senda nos guía a la verdad, y al final, a la vida eterna.

¡Un destino aún mejor que unos días en la playa!

Amado Señor: Ayúdame a mantenerme en el camino correcto.  Guíame con la luz de tu Palabra para que yo siempre siga tus caminos.  En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder: 
¿Qué rutas ofrece el mundo para hallar felicidad y vida eterna?

¿Cómo se comparan con lo que la Biblia enseña al respecto?

¿Qué pasos puedo dar para mantener mis pies firmes en la Verdad?

¿Cómo puede ayudarme una amiga a mantenerme firme?

Versículo poderoso:
Salmo 16:11, "Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha." (NVI)                                                                          


 © 2013 by Karen Ehman. Todos los derechos están reservados.

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